Un mayorista riojano crea una planta de pescado congelado en Castro
Cuando se posee una potente red comercial, con una situación de primacía en un sector tan competido como el de la distribución de pescados frescos y congelados, quizá sea inevitable sentirse tentado por la idea de contar con una planta propia de congelados. Al fin y al cabo, lo realmente difícil de conseguir son los canales de venta que garanticen la salida del producto. El resto, la materia prima y la transformación, son factores con menor incertidumbre. Por mucho que varíen las costeras, casi siempre hay sistemas alternativos de aprovisionamiento.
Así puede entenderse la apuesta realizada por Enrique Martínez de Quel, un empresario riojano que ha elegido el polígono de Vallegón, en Castro Urdiales para levantar una fábrica de pescado congelado en la que ha invertido cinco millones de euros y que será complementaria a la red de distribución comercial con la que abastece a los restaurantes, empresas de catering, tiendas de congelados y vendedores minoristas de pescado de la mitad norte de la Península.
Una empresa familiar
La firma Martínez de Quel fue fundada por el padre del actual director de la empresa al trasladarse desde la localidad de Arnedo, en la que regentaba una pescadería, hasta Logroño, para abrir un puesto de mayorista de pescado fresco. Las posibilidades comerciales que encerraba el sector de los congelados fueron rápidamente advertidas por el empresario, que se convirtió en uno de los pioneros de la comercialización de pescado congelado en España y, con el tiempo, en el primer distribuidor de Pescanova para todo el norte del país. En la actualidad, la firma riojana distribuye cerca de mil referencias de pescado congelado, el 80% procedente de diversos fabricantes nacionales, y el 20% importado.
La vinculación de Enrique Martínez de Quel al negocio familiar comenzó casi desde niño, pero fue una súbita enfermedad de su padre la que le impulsó con 17 años a tomar parte activa en la dirección de la empresa. Hasta finales de los años setenta, la venta de pescado fresco y de congelados la hacía exclusivamente en Mercarioja. A partir de aquellas fechas, la empresa comenzó una progresiva expansión, dotándose de camiones frigoríficos y creando una red de comercialización que le ha llevado a abrir cinco delegaciones.
Martínez de Quel cuenta con centros de distribución en Logroño, Pamplona, Burgos, Bilbao y Valladolid, y una flota de vehículos próxima a los cien camiones frigoríficos e isotermos. La plantilla total de sus centros de trabajo alcanza las 150 personas, de las que 65 se encuentran en la sede central de Logroño, y su facturación anual se cifra en casi 36 millones de euros (seis mil millones de pesetas).
La fábrica de Castro Urdiales es el último de los proyectos puestos en pie por esta empresa riojana, pero en los planes futuros de la firma se contempla ya la construcción de una nueva planta de congelados en Navarra, a ejecutar dentro de año y medio.
La elección de Castro Urdiales
Varios han sido los factores que han llevado a la empresa a decantarse por Castro Urdiales, en detrimento de la otra opción que barajaba, en Vizcaya. Entre ellas se encuentra el precio del suelo en el polígono de Vallegón, notablemente más barato que en el País Vasco, la situación cercana a muchas de las lonjas en las que Martínez de Quel suele abastecerse, y las generosas ayudas que se ofrecen en nuestra comunidad para la industria de transformación de pescado, a través del fondo europeo IFOP que ampara a la región mientra sea Objetivo 1. Martínez de Quel ha recibido una subvención de dos millones de euros, casi la mitad de la inversión realizada.
La fábrica de congelados ocupa una parcela de seis mil metros cuadrados, sobre la que se levanta una nave de 3.220 m2 que alberga la zona de elaboración, cámaras y oficinas. La planta cuenta con dos túneles de congelación de diez y veinte toneladas de capacidad respectivamente. Con los compresores que se utilizan en este tipo de plantas, de 250 caballos de potencia, ambos túneles podrían completar el proceso de congelación en unas diez horas; sin embargo, ha optado por compresores de 430 caballos, que reducen el proceso a la mitad de tiempo y así ha elevado las posibilidades de producción en la fábrica hasta las noventa toneladas diarias.
El pescado fresco se congela en los túneles hasta alcanzar los 18 o 19 grados bajo cero. Después, es trasladado a una cámara cuya temperatura oscila entre los -30ºC y los -27ºC, donde se almacena hasta el momento de su distribución en camiones frigoríficos preparados para mantener en todo momento la cadena de frío. La planta cuenta con seis muelles de carga, tres para la descarga de materia prima y otros tres para los vehículos de reparto.
Una cámara gigante
La cámara frigorífica de la fábrica castreña es una de las más grandes de Cantabria. Con un volumen de 50.000 metros cúbicos, puede almacenar 3.700 palets, lo que equivale a 3,7 millones de kilos de productos congelados, y sus dimensiones permiten estibar mercancías hasta los 15 metros de altura.
Un sistema informatizado controla en todo momento la temperatura a la que se almacena el pescado. La planta cuenta también con sistemas automáticos de pesaje y etiquetado, aunque al ser productos que van dirigidos fundamentalmente a la hostelería, no suelen precisar estuchado.
Los congelados que se elaboren en Castro, irán destinados a los canales de comercialización de Martínez de Quel, aunque la capacidad de producción de la planta podría abastecer también holgadamente a otros distribuidores.
Martínez de Quel dispone, además, de una reserva de suelo de 5.000 m2 en la parcela vecina. Si la marcha de la planta de congelados responde tal y como espera, ampliará esta nueva vertiente de su negocio con la construcción de otra nave de 2.500 m2, que añadiría una veintena de puestos de trabajo a los cincuenta que va a crear la actual planta cuando esté plenamente operativa.
Aprovechamiento de las costeras
El asentamiento en Cantabria de esta nueva industria de transformación de pescado contribuirá a un mejor aprovechamiento de costeras como la del verdel o sarda, una especie que ha pasado de ser una captura marginal a convertirse en la más importante en volumen (no en precio) de cuantas se subastan en las lonjas de Cantabria. En opinión del empresario, el verdel puede dar mucho juego en el mercado de los congelados.
La planta está terminada desde agosto del pasado año, pero no ha podido iniciar los trabajos por motivos burocráticos. Comenzará a funcionar coincidiendo precisamente con el inicio de esta costera, a finales de febrero. A partir de entonces, la evolución de las pesquerías irá marcando su actividad, aunque se prestará especial atención a las especies que más demanda el mercado nacional como la merluza, el lenguado o los cefalópodos.
Contar con una planta de congelados propia permitirá a Martínez de Quel hacer pruebas con especies procedentes de los caladeros extracomunitarios, y tratar de introducir productos que superen la renuencia de los consumidores a las novedades. “El mercado de los congelados es muy dinámico –subraya el empresario riojano–, porque constantemente están saliendo pescados nuevos, pero cuesta muchísimo cambiar los hábitos de la gente”, reconoce. La introducción del consumo de nuevas especies, ayudaría también a superar la amenaza de agotamiento que a medio plazo planea sobre las pesquerías tradicionales.