Una tienda diferente

Hay quien dice que la moda es una de las industrias más rentables. Se calcula que mueve en el mundo más de 270.000 millones de dólares anuales, apoyada, en gran medida, por grandes campañas de marketing y por la creciente afición de los consumidores al shopping (ir de compras).
Muchos recordarán a Julia Roberts, en Pretty Woman, entrando en una tienda de alta costura y cómo su partenaire, Richard Geere espoleaba a los dependientes diciéndoles que cuanto más amables fueran con ella, más dinero se gastaría. Y es que ese tipo de atenciones tan personalizadas se reduce sólo a las películas y a la vida de los grandes herederos. Para el resto de los mortales, ir de compras es, con la excepción de algunas pequeñas tiendas familiares y boutiques, poco más que un simple trueque en el que por una cantidad de dinero obtienen una prenda de ropa, sin muchas más contemplaciones.
Pero, hay quien está dispuesto a hacer mucho más personal la relación entre el vendedor y el cliente. Y lo ha puesto en práctica. Miguel Tineo abrió en Santander hace algunos meses, junto a Raquel Ruiz, la tienda de ropa Vivendi Street Wear, que no se parece a ninguna otra y no sólo por la intención de diferenciarse con las colecciones de marcas internacionales que cuelgan de sus percheros.
La intención de estos dos empresarios es que su tienda pudiese ofrecer a la clientela lo que ellos mismos han buscado cuando han ido a comprar ropa.
El resultado es curioso. La primera sorpresa es el diálogo que se crea entre el consumidor y el dependiente cuando éste le ofrece algo de beber. Y es que la tienda tiene una zona de descanso con barra. Pero no es la única peculiaridad. Los viernes y sábados, un DJ pincha música para dar vida propia al local.
No todos los clientes reaccionan de igual manera a este tipo de ofertas. Algunos, los más reacios, suelen declinar este tipo de atenciones por miedo a que les suponga un coste añadido. Una vez que se les informa que poder tomar una consumición es un servicio gratuito, cambian su opinión. Otros, los más receptivos, se muestran muy satisfechos porque, asegura Miguel, “con este tipo de acciones, se sienten más cómodos”.
“Todo en Vivendi Street Wear está pensado para que el estilo y el diseño estén siempre presentes”, dice Miguel al presentar un espacio envolvente donde tanto la atención directa como la ambientación forman parte de un concepto de la moda que va más allá de las marcas de ropa que están a la venta.
La decoración, llena de mensajes comprometidos y poco habituales contribuye aún más a esa personalización de la tienda. Nada más cruzar la puerta se muestra una denuncia contra el racismo y no es la única fotografía que refleja las causas sociales.
Todos los probadores están diseñados de manera provocadora. Dos puños manchados de sangre denuncian la violencia de género en la puerta de uno de ellos, bajo cuyo suelo de cristal hay cascos de botellas rotos que dramatizan la sensación de vértigo.

Una idea propia

Para Miguel ésta es su primera experiencia en la industria textil pero no para Raquel que, antes de crear Vivendi Street Wear, trabajó para otros establecimientos. Aseguran que nunca han visto una tienda semejante en otro lugar por lo que se consideran pioneros en este concepto de la moda que pretenden extender abriendo dos tiendas, en Madrid y Barcelona.
Para muchos ir de compras es un modo de vida y quien más, quien menos, todos hacemos shopping de vez en cuando. Quizá por eso ha llegado el tiempo de un nuevo concepto comercial: la tienda-ocio.

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