El foro verde

Ahora que, por desgracia, parece que no somos tan ricos como pensábamos, cabe plantearse si el ritmo de vida al que nos hemos subido es sostenible o si, por el contrario, no hay paisano que lo aguante ni economía que lo soporte.
El medioambiente puede ser un motor de diversificación y modernización, pero también puede ser una grave rémora si impone restricciones y limitaciones excesivas e innecesarias que merman nuestra capacidad de reacción y esquilman el patrimonio productivo.
En España, saltando una vez más de un extremo al contrario, imbuidos del típico furor que caracteriza a los neoconversos, hemos pasado del expolio del medio a la sacralización del mismo, iniciando una carrera absurda por el ‘y yo más’. Nos hemos lanzado a por lo mejor (y no a por lo bueno, suficiente o conveniente), a por lo más caro, sin pensar que esa factura la tendríamos que pagar entre todos y que muchos de los excesos ambientales iban a minar la ya de por sí poco competitiva economía española.
Con esa afición por controlar, intervenir y regular más allá de lo razonable y lo controlable, hemos liado una madeja de absurdos y de ineficiencias económicas que, sin duda, supondrá un lastre en el proceso de recuperación de la actual crisis.
No hay trasvases ni ‘depósitos de agua regulados’, pero sí están entrando en funcionamiento (¡y a qué precio!) las desaladoras, paradigma de consumo absurdo ahí donde no se trate de una isla o un enclave muy concreto.
Estamos pagando la energía mucho más cara que nuestros competidores, entre otras cosas, porque somos los que más porcentaje de potencia subvencionada (pagada por todos) tenemos instalada y, como si nos sobrasen megavatios, nos hemos autolimitado con una moratoria nuclear… pero cada año estamos más lejos de Kioto.
Expropiamos y nacionalizamos de facto, a toda costa, todo el litoral, sin discriminar la existencia de derechos adquiridos legítimamente, de muchos metros cuadrados que son oro molido, hiperproductivos, legales, sostenibles, e imprescindibles para nuestro desarrollo económico, donde se realizan actividades perfectamente compatibles y que podrían subsistir con total independencia de quien sea el propietario del suelo. Ahora vamos a cargarnos la EDAR de la Vuelta Ostrera, vamos a eliminar el Polígono de Raos, vamos a denegar más concesiones… Vamos a volver a la prehistoria, muy prístina, ella.
Metemos un cuarto del país dentro de la Red Natura 2000, declaramos LICs y ZEPAs con alegría, y luego nos damos cuenta de que hemos sacado de nuestro activo más de lo que hacía falta para conseguir los objetivos de conservación y que somos los que más nos hemos pringado de toda la UE.
Y lo que queda por venir, en forma de descontaminación de suelos que habrán de ser descontaminados por un descontaminador remunerado.
Pues sí, gracias a ciertos planteamientos maximalistas no sólo hemos hipotecado nuestro futuro, metiéndonos sin necesidad alguna en camisas de once varas, sino que además vamos haciendo el ridículo por ahí presumiendo y sacando pecho. Días de mucho, vísperas de ná (o de muy poco).

Martín J. Silván
Director de Industria, Innovación y M. Ambiente de la Cámara de
Comercio de
Cantabria

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