NATALIA FERNANDEZ LAVIADA, NUEVA SUBDIRECTORA GENERAL DE FRATERNIDAD MUPRESPA

Pregunta.– Usted es uno de los pocos ejemplos que demuestran que se puede alcanzar un puesto directivo nacional sin haber salido nunca de Cantabria…
R.- Sí, ha sido una enorme satisfacción, tanto para mí como para mi familia, compañeros y amigos, sobre todo por el hecho de haber partido desde abajo. Yo empecé en la puerta, en Admisión, y luego en Prestaciones. Había estudiado Derecho y durante cinco años estuve preparando oposiciones para judicatura. Cuando lo dejé, hice un master en Prevención de Riesgos Laborales y el primer sitio donde dejé un curriculum fue aquí. Me dijeron que no había ninguna plaza de técnico prevencionista, pero sí tenían que cubrir una sustitución maternal. Así que, como quería conocer el funcionamiento de una mutua y nunca se me han caído los anillos, empecé en ese puesto.

P.- Su nombramiento como subdirectora general de una de las mayores mutuas del país probablemente sea el sueño de cualquiera que empieza a trabajar en ella, pero ¿cómo se consigue pasar de un puesto administrativo a uno de los de mayor responsabilidad nacional?
R.- Han sido diez años en los que he pasado por muchos departamentos. Al principio fue duro porque, después de llevar cinco años metida en una habitación estudiando para juez, no tenía claro mi perfil comercial. Recuerdo que el antiguo director me dijo que si quería progresar dentro de la Mutua tenía que cuidar las dos facetas, la comercial y la gestora. Y debía tener aptitudes ocultas porque me fue bien y me fueron dando más contenidos.
P.- ¿Qué cree que han valorado en usted al ofrecerle este cargo?
R.- En los últimos tiempos, yo era la directoria provincial de Cantabria y, aunque habíamos logrado levantar la delegación y obtener buenos resultados, no me lo esperaba. Carlos Aranda, el gerente de Fraternidad Muprespa, me dijo que estaban buscando una persona que tuviese la suficiente empatía como para aunar las diferentes sensibilidades que hay en la mutua. Una persona capaz de hacer equipo, de sumar y que comunicara bien, porque al final se trata de trasladar los mensajes de la gerencia a toda la organización. Yo soy alegre, pasional y mi estilo de dirección no es jerárquico ni coercitivo, está basado en el convencimiento y la persuasión. No soy nada agresiva, ni creo en el ‘divide y vencerás’ sino todo lo contrario, hay que dar a cada uno su sitio. Será que es eso lo que buscaban.
P.– Es la primera vez que una mujer llega tan arriba en los 82 años de historia que tiene su mutua.
R.- Creo que tampoco las hay en el resto de las mutuas. Por debajo del gerente hay cuatro subdirectores generales: Gestión Sanitaria, Recursos Humanos, Sistemas de Información y Red y Organización. Yo me ocupo de esta última que incluye la búsqueda de certificados de calidad, la organización, la comunicación para aumentar la visibilidad social de la empresa y el servicio a la red de una mutua que tiene cerca de 2.000 trabajadores repartidos entre 53 provincias y más de 200 centros asistenciales.

P.- ¿Cree que su condición de mujer puede aportar algo distinto a la dirección de la mutua?
R.- Las mujeres somos más sensibles y sutiles a la hora de conseguir un objetivo. Si no se puede ir por la línea recta siempre hay otros caminos. En el mes que llevo en el cargo me he dado cuenta de que puedo aportar cintura para abordar los problemas con una visión más cercana al territorio. En Madrid estaban más acostumbrados a un rol de dirección masculino con lo que eso conlleva. Que llegue una persona tan distinta, “de provincias” como nos llaman allí, y sin haber pasado antes por un puesto en la capital es una novedad. En Santander mi relación con los compañeros era muy familiar y eso es lo que intento trasladar allí.

P.- Su cargo sigue siendo una excepción ¿Es la maternidad lo que aleja a las mujeres de las responsabilidades en las empresas?
R.- Sigue existiendo un techo de cristal, porque es verdad que somos mejores en la Universidad pero luego hay un momento en el que, desgraciadamente, tenemos que elegir entre la vida familiar y la profesional. Mi empresa está bastante orientada a la protección de la mujer y a la conciliación familiar. De hecho, el 56% de los empleados son mujeres (el 35% de ellas, en cargos directivos) y vamos a solicitar el distintivo de Igualdad. Pero, aunque la empresa te dé oportunidades, hay que ser valiente para dejarlo todo y embarcarse en esto porque, al final, siempre hay que elegir. Yo misma me estaba planteando ser madre cuando me ha llegado este nombramiento y, obviamente, creo que ahora no es el momento. Es cierto que somos más productivas porque tenemos que dividir el tiempo en 35 frentes distintos pero, a ciertos niveles, que te exigen viajar o estar fuera de casa casi todo el día, conciliar es muy difícil.

P.- ¿Cómo reaccionaron sus compañeros de la sede provincial cuando les dijo que se marchaba?
R.- La verdad es que casi todos se estristecieron en la cena de despedida y he recibido muchas felicitaciones, que creo que son sinceras, tanto de mis compañeros como de los de otras mutuas con las que tenemos muy buena relación.

P. ¿Le han dado algún consejo para su nueva andadura profesional?
R.- Me han dicho que sea yo misma y que Madrid no me cambie. En general, creo que la noticia ha caído bien en mi sector porque soy una persona que ha empezado desde abajo y que ha conseguido las cosas trabajando, muy poco a poco.

Formación continua

P.- ¿Alguna vez se ha planteado si hubiera sido mejor seguir luchando por convertirse en juez?
R.- La vida te va abriendo unas puertas y cerrando otras. Admito que, en un primer momento, me sentí frustrada por no aprobar la oposición pero soy una persona pragmática y creo bastante en el destino. Aunque me empecino mucho y soy persistente y tenaz con mis objetivos, cuando compruebo que no es el camino tuerzo y vuelvo a empezar. Entonces me planteaba entrar en algún bufete de abogados o marcharme a Madrid pero soy muy de aquí. Mi padre me animaba a marchame o a trabajar como abogada laboral en asuntos de prevención y peritajes pero, en mi escala de valores, quedarme en Cantabria estaba por delante de ganar mucho dinero. Y, al final, ya ves. Entrar en la Mutua fue fundamental porque me dio la posibilidad de conocer a muchos profesionales de Cantabria y de trabajar de muy diferentes maneras.

P.- Su curriculum prueba que la formación continua juega un papel importante en su vida ¿Hasta qué punto ha pesado su perfil académico en su ascenso profesional?
R.- Es cierto que siempre me ha gustado estudiar y que no hay año en el que no haya seguido formándome con algún curso o master. La empresa sí ha valorado mi formación porque buscaba un perfil bastante completo pero es una organización que da oportunidades a toda su gente. Tener una carrera es un plus que puede ayudar pero cuenta más la profesionalidad, el ímpetu y las ganas de trabajar.

P.– Usted se especializó en Prevención de Riesgos Laborales. ¿Continúa siendo una salida laboral como lo era entonces o el mercado ya está saturado de prevencionistas?
R.– Hubo un boom cuando salió la Ley, en 1995, y apareció esa figura que no existía en España y de la que había necesidad. Pero, con el tiempo, el título de prevencionista se ha ido devaluando por culpa de algunas academias que lo impartían como si fueran cursos de corte y confección. Hemos pasado a tener un overbooking de profesionales y, desde que los servicios de prevención se liberalizaron de las mutuas, el mercado se está depurando.

Un momento de cambios

P.- ¿Cuál es el principal reto que debe asumir en su nuevo cargo?
R.- La inseguridad jurídica en la que se mueve el sector mutual, que está siempre en constante cambio. Lo que hoy vale, mañana no. No sabemos si somos una empresa privada o pública. Debemos ser conscientes de que gestionamos dinero público pero también deben dejarnos tener lo bueno de una empresa privada, que es la flexibilidad, la rapidez y la gestión de la calidad, para prestar un servicio eficaz a los mutualistas. Que el sector no se burocratice tanto que perdamos nuestra misión de servicio.

P.- En enero de 2012 acaba la moratoria impuesta por el Gobierno en la captación de nueva clientela y el mercado mutual volverá a abrirse ¿Ha servido para algo este periodo de no beligerancia?
R.- La moratoria ha venido bien porque ha dado equilibrio al sector y ha evitado las malas prácticas que se derivan de la excesiva competencia y comercialización anterior. No podemos olvidar que las mutuas no tenemos ánimo de lucro ni repartimos dividendos, aunque seamos entidades híbridas, por un lado asociaciones de empresarios y por otro organismos colaboradores de la Seguridad Social, lo que a veces hace que nos sintamos en tierra de nadie.

P.- Parece que los trabajadores, a los que dan cobertura, también son más responsables. ¿Se han reducido las bajas laborales tanto como dicen?
R.– Es verdad que hay menos bajas por accidente laboral pero, sobre todo, por contingencia común, porque ahora el trabajador se lo piensa un par de veces antes de cogerla. Antes, el absentismo laboral era más sociológico. Ahora hay temor a ser despedido.

P.- Si la moratoria ha impedido a las empresas cambiar de mutua y los ingresos por las cuotas de los trabajadores cada vez son menores por el aumento del paro. ¿Cómo sobreviven a la crisis?
R.- Para crecer sólo nos quedan las empresas de nueva creación y no aparecen tantas todos los meses. Como esa parte también está muy limitada, solo podemos centrarnos en el control del gasto, que no significa que hayamos limitado la calidad del servicio que damos a los mutualistas pero sí que hemos evitado cierto despilfarro y ahora somos más exigentes.

P.– También han empezado a compartir centros asistenciales con otras mutuas…
R.– Es que tampoco tiene sentido que estemos pagando operaciones o tratamientos de fisioterapia en clínicas privados cuando podemos colaborar con otras mutuas y reducir el gasto. Con este tipo de acuerdos, los mutualistas disponen de una mayor red de centros asistenciales. En Fraternidad Muprespa, por ejemplo, compartimos centros con Asepeyo, Universal y Cesma.

P. Su nuevo cargo le ha supuesto trasladarse a vivir a Madrid. ¿Cómo le ha sentado el cambio?
R.- Con el trabajo estoy encantada. Si dijera lo contrario mentiría. Mi padre, que fue el primero en saberlo, me pregunto cuándo hacía la maleta. Mi marido, sin embargo, se quedó pálido en un principio, aunque luego lo entendió. No tenemos hijos pero su negocio, ‘Yates & Cosas Boatique’, está en Santander y, al igual que yo, nunca ha querido moverse de aquí. Aunque me haya tenido que ir y dejar a mi familia, a mi marido y hasta a mi perro, era un tren que no podía dejar escapar.

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