La Universidad quiere poner las pilas a la región

En pocas ocasiones la Universidad ha tenido la oportunidad de estar al frente de un proyecto completo de región. Ni siquiera en lugares pequeños, pero la de Cantabria se ha propuesto ese liderazgo y está en vías de conseguirlo. Lo paradójico es que esa presencia social haya crecido al tiempo que se reducía su alumnado en casi un 50%, un proceso que afortunadamente muestra un cierto cambio de tendencia en el último curso.
La secuencia de acontecimientos tecnológicos que Cantabria ha vivido en los últimos meses no podría entenderse sin el papel activo de la Universidad. A veces de una forma muy directa, como la puesta en marcha del Tanque de Ingeniería o el futuro Instituto de Biotecnología. En otros por vía indirecta, como el clúster de empresas de energías renovables marinas o el mismo Plan Eólico. Con esos mimbres y con otros con los que la región ya contaba, como la UIMP, o que está poniendo en marcha, como la Fundación Comillas, el rector Gutiérrez Solana tejió un plan para presentar al proyecto Campus de Excelencia muy distinto al de otras universidades, que se limitaban a activar sus propios ámbitos académicos.
Probablemente ha resultado más difícil trasladar la idea a todos los que participan del proyecto que avanzar en el concepto de región de excelencia, pero Gutiérrez Solana se muestra muy satisfecho de los resultados, cuando sólo han transcurrido dos años de un proyecto que va a durar un quinquenio. No obstante, reconoce que la sociedad no ha llegado a percibir la idea de que buena parte de los hitos de los últimos meses y de los que se avecinan, como los Colegios del Mundo, el Instituto de Biotecnología o el espectacular Centro Botín, formarán parte de un gran engranaje, junto a los importantes activos culturales con los que ya contaba la región, como la UIMP, el Museo de Altamira, la Fundación Albéniz o el Instituto de Oceanografía. Todos ellos al servicio de una estrategia destinada a crear una región del conocimiento.

Liderazgo de la Universidad

La Universidad de Cantabria ha asumido el liderazgo de ese proyecto, amparada en la proyección exterior que está logrando, muy superior a la que correspondería al PIB de la región. La propia visibilidad del rector, como presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ayuda en esa relevancia, lo mismo que la presencia de una segunda universidad, la UIMP, bien conocida dentro y fuera del país.
Cantabria intenta reflejarse en el espejo de otras regiones de tamaño mediano o pequeño que, en un mundo de grandes urbes, han conseguido significarse por sus universidades de prestigio o como centros tecnológicos. Lugares donde la materia prima es la inteligencia. No es fácil crear un nuevo refugio del saber, porque la competencia es muy alta, pero tanto la Administración estatal como la regional ha apostado fuerte: por sí solos, los Institutos de Biomedicina y Biotecnología y de Hidráulica van a juntar más de 500 investigadores. La región ya contaba previamente con otro organismo vinculado al Centro Superior de Investigaciones Científicas, el Instituto de Física, lo que da como resultado una concentración muy poco habitual.

El cambio en la Universidad

Para ponerse al frente de la nave, la Universidad misma ha de cambiar y, de hecho, lo está haciendo, orientándose a un mundo mucho más competitivo. Su plan se basa en seis líneas destinadas a aprovechar otras tantas fortalezas, algunas tan indiscutibles como el contar con el Master de Banca y Finanzas del Banco Santander, que ya se ha implantado en Brasil y México. En cada una de las líneas habrá un partner privado que, como el Banco, además de cofinanciar el proyecto permita multiplicar el efecto exterior.
Siempre que sea posible, la intención es crear un clúster de empresas locales para aprovechar las sinergias de esa línea de investigación con el entramado industrial cántabro, una complicidad que no suele darse en la universidad española. El primer ejemplo se ha dado con las energías renovables marinas. Si, además, se consigue un acicate como los 70 millones de euros que ha facilitado el Ministerio de Ciencia y Tecnología para la financiación de proyectos, se cierra el círculo virtuoso: Hay investigación de alto nivel, participan las empresas locales del sector que tienen interés y hay dinero.
Tanto la investigación en medicina y biología como la que busca el aprovechamiento de las energías marinas parecen tener unas vías comerciales aseguradas. Otra línea, la de los estudios del castellano también puede tener un amplio mercado en la formación de profesores y en la enseñanza del idioma a alumnos procedentes de otras lenguas. Lo que no parece resuelto, por el momento, es el eterno dilema de cómo evitar solapar los cursos para extranjeros que convocan la UC, la UIMP y la Fundación Comillas.
Otro factor de interés que empujará este campus de la lengua es el patrimonio prehistórico y arquitectónico que también se pondrá en valor para atraer a los interesados por la lengua, así como la próxima presencia de Colegios del Mundo, que cada curso traerá a Comillas 80 bachilleres de gran proyección y muy distinta procedencia.

Más profesores que en cualquier otro país

La Universidad de Cantabria está convencida de que puede ejercer ese liderazgo y que su proyecto de Campus de Excelencia es uno de los más ambiciosos y motivadores. Gutiérrez Solana sostiene que el tamaño de la UC no tiene por qué dejar a la región fuera de la carrera del conocimiento (“Princenton tiene menos alumnos que nosotros”, recuerda). No obstante, la Universidad ha bajado de 15.000 a 10.000 matriculados en poco más de una década y, aunque en la última matriculación ha comenzado a percibirse un tímido cambio de tendencia, resultaba imprescindible una reestructuración interna para mejorar la eficacia de sus recursos docentes.
La Universidad cántabra ha aprovechado Bolonia para desprenderse de titulaciones que se habían quedado huérfanas de alumnos y para reagrupar otras, como Físicas y Matemáticas, que ahora tienen dos años comunes, o los diferentes títulos de Náutica. No obstante, en la administración pública no hay despidos y eso ha dado lugar a una plantilla de profesores sobredimensionada. Mientras que la media de las universidades de la UE tienen un profesor por cada 16 alumnos, en las españolas (aquejadas todas del mismo mal) hay un profesor por cada doce y en la de Cantabria uno por cada nueve. Lo que para algunos es un despilfarro de recursos, para el responsable de la UC representa una oportunidad para aumentar la dedicación del profesorado a la investigación (un catedrático sólo tiene la obligación de dar ocho horas de clase a la semana pero parte de ellas las puede sustituir por otras actividades, como la dirección de una tesis).

“Si no investigas, no haces carrera”

El rector justifica la escasa carga docente de los profesores españoles y que dediquen más tiempo a la investigación que a las clases “porque si no investigas no haces carrera profesional y no hay que olvidar que enseñas mucho mejor lo que has creado tú que lo que has leído”. Reconoce, no obstante, que este sistema de valoración acaba por resultar muy poco generoso con quienes se aplican con más empeño en la docencia y siguen prefiriendo el contacto diario con los alumnos.
La Universidad cántabra aparece bien posicionada en los rankings científicos pero, a pesar de contar con este excedente de recursos humanos, ninguna universidad española aparece entre las cien mejores de Europa, un asunto que debiera ser preocupante para un país cuyo peso económico y poblacional en el continente es muy relevante.
El punto de vista de la Universidad es más positivo: “Con el sistema de baremación que se utiliza para hacer los rankings, nunca estaremos en los primeros puestos”, lamenta el rector, quien asegura que los profesores hacen el 66% de la ciencia del país (en otros lugares, las empresas son las que llevan el mayor peso) y gracias a ellos “somos la novena potencia mundial en investigación invirtiendo el 1,38% del PIB, la mitad que el resto”.

Menos titulaciones y más especialización

Un problema evidente es la atomización que ha provocado el sistema autonómico. Ya concluyó la disparatada carrera de las regiones por implantar nuevas titulaciones, sin tener en cuenta que nunca podrían tener suficiente demanda, sobre todo si esas titulaciones eran impartidas en muchas otras universidades. Pero tampoco los títulos propios, que parecían abrir el camino hacia una especialización más racional, han conseguido consolidarse como se suponía. La Universidad de Cantabria ha tenido que renunciar a alguno de ellos, reconvirtiéndolos en titulaciones de segundo ciclo, como ha ocurrido con el máster en Ingeniería Ambiental. Es precisamente en este terreno donde más parece acercarse la Universidad al mercado, al ofrecer másters muy profesionalizados y de prestigio, como el MBA; el de Banca –en alianza con el Santander– o los relacionados con el agua.
El rector está convencido de que es el campo donde la Universidad tiene que centrar sus estrategias para atraer alumnos: “Nosotros, que somos una de las mejores universidades, teníamos que tender a crecer en el posgrado, porque el ámbito regional es insuficiente para rentabilizar el grado. Con el posgrado podemos atraer a mucha gente y mucho conocimiento a Cantabria”, sostiene.
Gutiérrez Solana reconoce que la vigencia del sistema de clases magistrales que se aplica en la Universidad desde hace más de diez siglos lleva camino de pasar definitivamente a la historia, “para ir a una vinculación mucho mayor entre el profesor y el alumno, una enseñanza mucho más tutorizada. Ya hemos socializado la Universidad, y para eso pasamos por una fase de muchísimos alumnos por clase. Ahora podemos hacer escuelas de conocimiento en las que el profesor puede crear una atmósfera de compartir cosas, como ocurre en las tesis”.
El cambio de metodología docente no será fácil, admite el rector, y recuerda las críticas internas que han recibido algunos profesores más vinculados al ámbito empresarial, por alejarse de esa disciplina clásica. Otros profesores se han volcado en la investigación “porque es el ámbito donde pueden encontrar reconocimiento, porque ahí saben que se les puede medir de una forma objetiva”, explica.
Gutiérrez Solana reconoce que la predisposición al cambio será más probable “en los profesores de 40 años que en los de 55”. Uno de los objetivos es “que todos puedan exponer lo que saben en inglés”, lo que propiciará los intercambios y el reconocimiento internacional del profesorado español. Otra de las palancas de este cambio son los planes de formación del profesorado, aunque esta exigencia se ha centrado en los más jóvenes.
Esta transformación interna, con la vista puesta en el mercado académico (captar más alumnos) y en generar más valor añadido para la región, será parte del legado de Gutiérrez Solana, que el próximo otoño dejará la presidencia de la CRUE y a finales de año el rectorado de la Universidad de Cantabria, después de un largo mandato. La UC consiguió transmitir este mensaje al anterior Gobierno y obtener la importante financiación que demandaba para ello. Ahora tendrá que convencer al nuevo.

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