‘La CEOE no era la cueva de Alí Babá que algunos decían’

Pregunta: Ya llevamos cinco años de ajustes y somos perfectamente conscientes de los más de seis millones de parados, pero quizá algo menos de los efectos que ha tenido la crisis sobre los empresarios. ¿Quedan agujeros para seguir ajustando en el cinturón de los empresarios?
Gema Díaz Real.– Desde que he accedido a la presidencia he insistido y seguiré insistiendo en que estamos en una época de absoluta supervivencia y todavía nos queda sufrir. La cifra de seis millones de parados es tan desmesurada que tapa cualquier otra, y tampoco manejamos datos tan concretos de destrucción empresarial. Pero a nadie se le escapa que un número tan alto de parados lleva aparejado un debilitamiento absoluto del mundo empresarial, y las empresas que están más debilitadas son las pymes. España se sustenta en las pymes y organizaciones como la que represento deberíamos hacer un ejercicio de visualización y de sensibilización mayor del que estamos haciendo.

P.– Y qué balance hace de las políticas frente a la crisis. ¿Cree que han tenido resultado?
Gema Díaz Real.– A la vista está que no. En muchos casos, por políticas que no han sido acertadas y en otros porque la situación económica trasciende a nuestras fronteras, y también las trasposiciones legislativas que tanto afectan al mundo empresarial. Esta crisis no es local, lo que juega en contra de nuestras oportunidades como empresarios. Aún así, el empresario ha seguido manteniendo su empresa, con un gran coste personal y un debilitamiento de su entorno más cercano. Muchas veces las situaciones vienen de fuera y tenemos que aprender a gestionarlas.

P.– En las declaraciones de nuestros dirigentes aparece la palabra emprendedor muchas veces más que la de empresario. ¿Nos estamos olvidando de las empresas que ya existen?
GDR.– No, eso es un complejo. El empresario ha sido asociado siempre a una imagen negativa y, a consecuencia de ese complejo, se ha buscado un eufemismo, la palabra emprendedor, a la que se le asocian unos valores positivos, de una persona con iniciativa, incluso moderna, que se contrapone con la idea que hemos tenido del empresario, algo que no comparto en absoluto. El empresario es emprendedor y el emprendedor es empresario desde el momento en que decide asumir un riesgo y ventura en el desarrollo de sus capacidades profesionales y personales. A nivel de la Administración se está haciendo un uso y, permítame, un abuso de la palabra y de la semántica, pero reivindico la palabra empresario y reivindico el emprendimiento dentro de la empresa madura, que es donde mayor éxito puede deparar. Es una persona que ya tiene músculo y que tiene la posibilidad de seguir creando nuevas líneas de negocio, diversificando; viendo oportunidades donde un tiempo antes quizá no las había visto; viendo hacia dónde va su negocio; viendo que estamos inmersos en un cambio de modelo productivo, algo en lo que constantemente estoy insistiendo en mi Confederación. Estamos en un momento de cambio de ciclo. Mi negocio no se puede manejar como se manejaba hace diez años y tenemos que verlo cada uno en nuestro entorno. El emprendedor es empresario y el empresario, por fortuna, es emprendedor. Lo demás es semántica.

P.– ¿Y no le llega a usted la queja de que el empresario se siente más solo que la una, cuando ve cómo su empresa se le escapa de las manos sin solución alguna y que no se siente comprendido por el Gobierno, ni por la CEOE ni por nadie?
GDR.– Voy a empezar por lo último. Por la CEOE se tiene que sentir completamente comprendido porque la CEOE somos empresarios y comprendemos la situación que vivimos. Absolutamente todos lo entendemos y la CEOE, a la que yo represento, desde luego. Lo he entendido siempre y nunca se me ha olvidado como empecé, nunca. Y no se me olvidan los pasos que doy cada día como empresaria. A este respecto, no estamos más solos que la una. Estamos más solos que la una, las dos y las tres. Estamos solos, pero esa es una peculiaridad de ser empresarios. Yo, lo de estar solos lo visualizo más en no tener las oportunidades que tiene el de al lado, o que la Administración no sea sensible a una facilidades de desarrollo empresarial. Leía el otro día en unas estadísticas que Cantabria es un lugar muy poco atractivo para el inicio de una actividad económica. Nos cuesta mucho, tardamos muchos meses, es muy difícil arrancar una actividad… Eso es estar más solo que la una. No por ayudas económicas o subvenciones que podamos esperar de la Administración. Lo que podemos esperar es que nos faciliten las cosas.

P.– En dos años, el Gobierno de Ignacio Diego ha reformado cinco veces la Ley del Suelo. ¿Tan convencidos seguimos estando de que está ahí la solución de nuestros problemas?
GDR.– Los problemas no se solucionan solo con una medida. Yo creo que necesitan una solución transversal. Para los empresarios no solo es la Ley del Suelo. Es la falta de financiación y las dificultades para acceder al crédito, es que no tengamos tan rígidas las estructuras administrativas, es no tener libertad empresarial… Que haya cinco reformas de la Ley del Suelo afecta a esta transversalidad que comento. No podemos estar haciendo una reforma sobre otra, sino que deberíamos ser mucho más ágiles y efectivos. Cinco reformas son muchas reformas.

P.– Hasta ahora, Sodercan establecía las estrategias de comercio internacional y organizaba las misiones de empresarios locales a otros países. Usted ha insistido ante el Gobierno hasta conseguir que sea CEOE la que marque esas estrategias y dentro de su organización se ha creado una Comisión Internacional formada por media docena de empresarios que exportan o importan, para orientar este proceso. ¿Confía en poder impulsar las exportaciones de la región?
GDR.– Los primero que me parece positivo es que este Gobierno confíe en que los empresarios somos los que tenemos conocimiento de lo que sucede fuera de nuestras fronteras, cuando salimos o cuando entramos. Y digo cuando entramos porque no se puede hablar solo de exportación. La importación también tiene muchos aspectos positivos para nuestra economía. Insisto también en el cambio de modelo de comercio exterior que tenemos que transmitir a nuestros socios, que se pueden crear delegaciones, que se pueden hacer visitas inversas, que nosotros tenemos mucho que ofrecer a inversores de fuera. En ese sentido, es bueno que el Gobierno piense que los empresarios tenemos mucho que decir, porque somos nosotros los que nos lo jugamos. Y de nada me sirve que el Gobierno establezca que hay que ir a China si nosotros creemos que China no es un destino –pongo este ejemplo, que puede que no sea el caso–. O ¿por qué Méjico? ¿porque lo dice una Administración?
No son Sodercan o el Gobierno los que tienen éxito cuando un empresario sale. El mérito es de ese empresario que rompe su confort, porque no nos olvidemos que salir fuera supone también un camino de emprendimiento muy difícil para el que ha estado realizando su negocio en un entorno muy local. En ese sentido, creo muy positivo que nos hayan dado esta oportunidad, y muy positivo también que vaya aparejada a un trabajo muy cercano con Sodercan. Comenzamos con un diagnóstico muy de tú a tú con el empresario. Las empresas que no saben que pueden exportar. Se está dando el caso de inmobiliarias de Cantabria que están vendiendo en otros entornos.

P.– ¿Pueden llegar a participar en ese proceso exportador a las pequeñas empresas, que son la inmensa mayoría de las que hay en Cantabria, o eso es un espejismo?
GDR.– Sí. Y es que no todo es sacar muchísimos productos o muchas toneladas. También es buscar canales de ventas, salir a las ferias para traer ideas, porque no todo es vender o comprar. Muchas veces es absorber conocimiento que luego desarrollas en tu negocio. Yo creo que hasta la más pequeñita de las empresas tiene que saber que existe una posibilidad de salir. También a través de las tecnologías. En CEOE estamos haciendo un esfuerzo muy importante por acercarlas a los socios, también con ese fin exportador. Tenemos socios que están vendiendo a través de las redes sociales a otros países y no lo hubieran pensado hace dos años. Pero existe la posibilidad de que un comerciante o una persona que desarrolla un producto de forma artesanal venda en un país de nuestro entorno, rompiendo esa imagen de que la internacionalización es para grandes compañías, y se puede hacer a través de las tecnologías. Estos son dos de los grandes esfuerzos que está haciendo la CEOE.

P.– Si nos atenemos a lo ocurrido en la última asamblea de la CEOE, ha desaparecido el sector crítico, ya que apoyaron abrumadoramente su gestión y estuvo presente o representado el 53% del censo, una cifra que nunca se había alcanzado fuera de los procesos electorales o de sus inmediaciones. El hecho es más significativo porque hace un año y medio usted ganó por sólo 16 votos de diferencia y por entonces muchos suponían que Gema Díaz era una mujer frágil e influenciable, casi un testaferro del anterior presidente, Miguel Mirones. Yo creo que, a día de hoy, ya no piensa nadie que sea usted una mujer frágil e influenciable, pero ¿cree usted que si celebrasen elecciones ahora Gema Díaz obtendría un respaldo tan mayoritario como el que ha tenido en la asamblea?
GDR.– Sin duda. Sin duda que sí y no solo por mi persona, que sería pretencioso, sino porque tengo un Comité Ejecutivo como no ha habido nunca en la historia de la Confederación, un comité que elegí y creo que he acertado. A este Comité es al que también han respaldado los socios.
Después de haber pasado unas elecciones y una restructuración interna, con un 48% de descenso de personal, esta Confederación está dando muchísimo de sí ante sus socios y los socios lo están visualizando, porque estoy visitando constantemente empresas. He tenido la satisfacción de compartir muchos momentos con socios de todo tipo y estoy muy orgullosa de la Confederación que represento.
Y en cuanto a esas personas que transmitían una imagen frágil de mí, no me conocían. Eran personas que tenían un interés muy fuerte en llegar a la presidencia de la Confederación y se valieron de un empleado desleal. Y como pude constatar en la negociación de la salida de ese empleado, esos valores de ética, de los que tanto hizo gala en los medios de comunicación, no existían. Una persona que para poder tener una indemnización vendió a la organización que representaba y de la que otras personas se valieron. Personas que tampoco tenían unos valores. Y me alegro muchísimo de que no representen a nuestra organización.
Estas personas no pertenecen ya a la organización, perdieron las elecciones y se vio claramente el interés que tenían. A día de hoy tenemos una organización democrática y participativa. Desde diciembre, más de mil socios han participado en los proyectos que estamos poniendo en marcha.

P.– ¿Cuando dice que estas personas ya no están, es porque se han dado de baja de la organización?
GDR.– Sí, se han dado de baja. No tenían tampoco mucho peso en la organización. Todos sabemos que los candidatos que concurrían a las elecciones no tenían ningún peso, siendo industriales muy importantes. [Gema Díaz se refiere al hecho de que previamente habían dado de baja sus empresas más importantes].

P.– Veo que, efectivamente, no es usted una mujer fácil de manejar.
GDR.– No puedo ser frágil en estos momentos, que son duros y en los que hay que demostrar que esta es una Confederación con convicciones. Cuando me presenté a las elecciones quería una Confederación moderna, ágil, discreta, y que transmitiese los valores empresariales. Yo no voy a decir que se ha conseguido, pero eso es en lo que estamos trabajando.

P.– Pero no todo es idílico en la CEOE. Hay empresarios que la han acusado de ser demasiado blanda con el Gobierno en una situación tan cruda como la que estamos viviendo y, curiosamente, algunos de ellos son cercanos al PP.
GDR.– Mi cercanía al Gobierno hubiese sido igual con cualquier otra sigla. En estos momentos, lo que tenemos que hacer es sumar, estar trabajando con todos los agentes sociales para que esto vaya mejor. No va de siglas, va de ser efectivo, de sentarnos y de tener puntos comunes. Pero también –y eso no lo sabe la opinión pública– he tenido debates importantes con el Gobierno. Quizás por mi forma de ser no se ha conocido, pero mantenemos conversaciones y debates fuertes. Y, además, son una persona muy tenaz.
Esto no va de sumisión, va de que tenemos que salir adelante unos y otros. En ese sentido no tengo ningún complejo y tengo la absoluta certeza de que, con otras siglas en el Gobierno, hubiese actuado igual.

P.– ¿Qué razones encuentra para qué los estados de opinión del empresariado en Cantabria sean los peores del país, si no somos la provincia con más paro ni con la situación interna más dramática?
GDR.– Puede ser por el mal tiempo que tenemos (se ríe). Bueno, es que somos una comunidad pequeña y quizá, al ser más endogámica, podemos transmitirnos entre nosotros esa sensación, que muchas veces es psicológica. Pero también es que la realidad es dura, muy dura, y también por el peso de la economía en el sector servicios y en la construcción, que están muy castigados. La contracción del consumo es muy fuerte… Todo eso va sumando, como las dificultades de acceso al crédito. Es muy desmotivador que empresarios solventes, con proyectos solventes, gente muy seria, se encuentren con las ventanillas cerradas. Todo eso hace que los empresarios estemos un poco cansados de la situación.
P.– Si el Ministerio de Economía le da a Cantabria más margen de déficit, ¿en qué emplearía usted ese dinero? ¿En incentivos a las empresas, en más gasto social, en acabar Valdecilla sin tener que recurrir a privatizar…?
GDR.– Yo creo que en potenciar la iniciativa empresarial. Si hay iniciativa empresarial, hay consumo. Si hay consumo se produce más empleabilidad. Si hay más empleabilidad se tributa más y se crea un tejido de bienestar social amplio, hay más capacidad para atender las necesidades sociosanitarias o de educación. Todo empieza porque haya dinamismo empresarial. Por supuesto que, como ciudadana, el que se termine Valdecilla y, a su vez, haya una estimulación de la construcción también es positivo. Pero creo a pies juntillas que la reactivación económica y la del crédito es lo que a medio plazo podrá sacarnos de esta situación tan grave.

P.– ¿Qué reformas cree que seguimos necesitando?
GDR.– La transversalidad que mencionaba. Se han hecho cosas pero esta situación de crisis tiene que servir para algo más que para sufrirla. Es el momento en que nos replanteemos que tenemos 17 comunidades autónomas con diferentes legislaciones que nos hacen no ser competitivos, que nos hacen perder mucho tiempo para ver qué legislación tengo que aplicar…
El que tengamos una libertad empresarial con mayúsculas, como la de los países de nuestro entorno. Que cuando una empresa necesita tomar decisiones sea apoyada por la Administración, que cuando necesitamos una cierta agilidad no nos encontremos con que para abrir un centro que no tiene mayor peligrosidad tengan que pasar siete años hasta conseguir los permisos. Como dice alguien que conozco, aquí nunca podría hacerse un Silicon Valley, porque no se podrían poner esos negocios en unos garajes.
P.– Tal como están las cosas en las cámaras de comercio, que se han quedado temporalmente sin ingresos y se han visto obligadas a desprenderse de muchas personas y a dejar de prestar algunos servicios, ¿es el momento de la CEOE para demostrar que se basta y se sobra por sí sola?
GDR.– Sin entrar a valorar a la Cámara de Comercio, por la que siento un gran respeto, hay grandes diferencias. La Cámara de Comercio es una institución de ámbito público, que ahora mismo no tiene ingresos y que es de adscripción obligatoria. La CEOE es de adscripción voluntaria. Aquí está el que quiere estar y eso engrandece mucho.

P.– Pero las cámaras ahora mismo son voluntarias…
GDR.– El anteproyecto de ley cameral no va a hacer obligatoria la contribución económica pero sí la adscripción. Volvemos pues a una institución de hace cien años. Yo puedo hablar de lo mío. Yo creo que es el momento de la CEOE, todos sabemos que la representatividad de la empresa está en la CEOE, que es una organización muy dinámica. Estamos demostrando al socio que estamos trabajando y el socio está trabajando mucho dentro de la CEOE. Empresarios que nunca habían salido de su empresa, ahora mismo están dando muchísimo de sí mismos, de forma altruista, para el colectivo.

P.– Diego se enfadó con los sindicatos cuando interpusieron recursos contra el concurso para adjudicar la conclusión de Valdecilla y 40 contratos de servicios y les amenazó con dejarles sin concertación. Da la impresión de que los pactos sociales solo se hacen para que los firmantes –ustedes también– se financien mejor si son buenos.
GDR.– Pues a mí esa situación no me ha afectado en absoluto. Cuando ha habido que hacer los recortes, hemos tenido los mismos recortes que los sindicatos, y no me asusto. Llegué un 2 de febrero, la primera tacada de recortes del Gobierno se produjo ese mismo mes y no me asusté, porque no soy una mujer débil (se ríe con ironía), y porque la CEOE tiene que tener su fuente de financiación en sus socios, para ser cada vez más independiente. Y porque cuando, falsamente, se ha trasladado a la opinión pública que nos financiábamos con la formación, tengo que decir que CEOE ha ofrecido una formación de una altísima calidad y muchísimas empresas repiten su formación en CEOE.
Este año han pasado por aquí más de 3.000 alumnos. Somos serios; estamos yendo a la concurrencia competitiva y la estamos ganando porque tenemos proyectos serios.
Yo siempre pensé que la CEOE estaba formada por personas que trabajan bien el día a día, pero otra de las satisfacciones que he tenido ha sido el descubrir que con la mitad de personal estamos haciendo lo mismo y mejor.
Así es como nos vamos a financiar, en igualdad de condiciones con los demás. Y ahí no hay miedo, hay efectividad, trabajo serio. Esta CEOE quiere ser útil al empleado y al empleador. No tengo ningún miedo y cuando no tienes miedo eres libre.

P.– El clima social es razonablemente bueno para la que está cayendo. No sé si lo comparte.
GDR.– Sí. Yo entiendo la preocupación por el desempleo por parte de los sindicatos. Entiendo que las movilizaciones en la calle es una forma histórica de manejar los descontentos con situaciones concretas. Pero mi forma de pensar es otra y desde el día que he llegado he ofrecido colaboración, trabajo, trabajo, trabajo y respeto a todas las siglas políticas y sindicales. Mantenemos una buena relación con los sindicatos y también con el Gobierno, desde el punto de vista que antes comentamos. Todo los miembros del Comité Ejecutivo tenemos la convicción de que es el momento de sumar, sumar, sumar y hacer, hacer, hacer. Nos podemos estar poniendo palos en las ruedas porque es que la rueda está muy deshinchada y tiene muy pocos radios. Si ponemos un palo se va a romper otro radio y yo, que ando en bicicleta, sé que, además, se sale la cadena y te ensucias las manos. Tenemos que manejar esa paz social entre todos y todos tenemos responsabilidad en ella.

P.– ¿Y es usted partidaria de que los dos grandes partidos alcancen un pacto nacional sobre los principales problemas del país?
GDR.– Yo creo que sí, pero para para eso, por ambas partes es fundamente la lealtad, el compromiso, compartir un objetivo. Es necesario ser muy generosos y, aunque es muy difícil perder de vista los plazos electorales, son tiempos de sumar, no de grandes estrategas políticos o de imágenes naif o utópicas, sino realistas.

P.– Usted no tiene una larga trayectoria en las organizaciones empresariales. ¿Qué es lo que más le ha sorprendido de la CEOE?
GDR.– Yo llevaba antes siete años en la Junta Directiva de Mujeres Empresarias, con Carmen Carrión, una mujer que ha trabajado de una forma muy positiva para nuestra organización, pero es verdad que ha sido todo muy rápido. El 31 de mayo de 2011 fui elegida presidenta de la Asociación de Empresarias de Cantabria; el 26 de septiembre salió Mirones de presidente de CEOE y lo primero que hizo ese día fue dar la bienvenida a la presidenta de la Asociación de Mujeres Empresarias y lo último que hizo ese día fue despedirse él. Al mes siguiente entré en el Comité Ejecutivo del presidente Salcines y en enero ya era presidenta de la CEOE. No me había dado tiempo a visualizar la organización con una visión histórica, ni para lo bueno ni para lo malo. Luego, lo que más me ha sorprendido es que se transmitía a la opinión pública que esto era la cueva de Alí Babá y yo puedo decir que para nada es la cueva de Alí Babá. Es una organización de personas muy responsables; los empresarios que participan son personas que tienen sus negocios pero que altruistamente vienen a trabajar por los demás. Yo aquí no vengo a hacer negocios ni chanchullos. No lo he visto en el año que llevo de presidenta. Veo que la gente no son los tiburones de los que me advertían y si he visto un tiburón lo he metido en otra pecera, y no porque los nuestros sean peces de colores, sino porque hoy en día aquí un tiburón no sirve para nada.
Eso es lo que más me ha sorprendido –y para bien–, que la opinión que se había transmitido no es para nada cercana a la realidad.

P.– ¿Es decir, que en la CEOE no se hacen tan buenos negocios como algunos piensan?
GDR.– (Se ríe). Yo puedo decir que para nada. Al revés, exige mucho de ti, mucho tiempo. A nivel personal he aprendido mucho de la organización y de las personas y no tiene nada que ver con lo que mediáticamente se ha intentado transmitir. A la vista está. Las personas que trasmitieron esa imagen, todos sabemos dónde están y a qué están: Entorpeciendo siempre que pueden cualquier elección. Pierden elecciones en todos los sitios, porque las pierden; hacen uso de personas poco éticas para llegar a un fin, y no lo consiguen.
La pena que tengo es que, por discreción, no hago a menudo este ejercicio que estoy haciendo hoy, y los medios de comunicación no lo transmiten, mientras que durante mucho tiempo transmitieron de una situación absolutamente desvirtuada. Y el tiempo ha dado la razón a esta casa.
El tiempo pondrá en su sitio lo que sucedió en el año 2010 y lo que está claro es que esta CEOE no es eso que se trasladaba. Ojalá se cumplan las expectativas de estar muy cerca del socio y, modestamente, podamos ayudar a que la sociedad cántabra sea mejor.

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