CANTAREY: Los generadores que mueven Campoo

Es una de las empresas más veteranas de Cantabria y ha sido testigo de las vicisitudes que ha atravesado la comarca de Campoo en los últimos 80 años. En su historia no faltan momentos críticos que hicieron temer por su continuidad pero si algo ha demostrado en todo este tiempo es su extraordinaria capacidad de adaptación a los cambios que se han producido en los sectores industriales a los que sirve. Y han sido muchos en 82 años. Es esa capacidad de adaptación lo que permite que, en momentos de extraordinaria dificultad para muchas empresas, Cantarey atraviese una de sus mejores épocas, de la mano del grupo Gamesa, uno de los líderes mundiales del sector eólico, que le ha abierto de par en par las puertas de este amplísimo mercado. En la planta de Reinosa no sólo se fabrican los generadores de muchos parques eólicos repartidos por todo el mundo, sino que también se desarrollan los nuevos modelos, cada vez más potentes.

Un pilar de la economía campurriana

De la empresa campurriana se pueden contar tantas historias como etapas ha conocido bajo diferentes propietarios y con diversos nombres pero desde la creación de la antigua Cenemesa hasta hoy ha contribuido a sostener la economía de la comarca. Ya no cuenta con 600 trabajadores, como llegó a tener Cenemesa en su mejores tiempos, pero los 260 empleos directos de la actual Cantarey siguen siendo determinantes para la zona, como los 200 empleos indirectos que induce en toda la región.
La fábrica reinosana adquiere productos o servicios a otras 147 empresas cántabras y, aunque su volumen de compras ha caído desde 2009, su mejor ejercicio, Cantarey gastó el pasado año más de doce millones de euros en proveedores de la comunidad autónoma, de los que entre nueve y diez estaban concentrados en la comarca campurriana, que recoge un porcentaje significativo de los 37 millones de euros que la fábrica emplea en suministros al año.

De Cenemesa a Cantarey

La fundación de la factoría está ligada a una decisión estratégica tomada por el Gobierno español en los albores del pasado siglo. Para recomponer la flota, destruida en la Guerra de Cuba, se decidió montar una fundición en una zona no expuesta a ataques costeros y que contase con buenas condiciones para la fabricación de acero (abundancia de agua, arena para moldes y un clima frío).
El lugar elegido fue Reinosa, donde se creó la Naval (la actual Sidenor). Los avances técnicos aplicados a la construcción naval empezaron a requerir motores eléctricos y en un terreno próximo a la fundición se levantó en 1930 la Constructora Nacional de Maquinaria Eléctrica (Cenemesa). En su creación participaron la propia Naval, de la que iba a ser su principal suministrador, el Banco de Bilbao y el Sepla.
Lo que empezó siendo una planta vinculada a la industria armamentística se convirtió, años después, en una empresa especializada en motores eléctricos para el ferrocarril y el metro, con tecnología procedente de las principales firmas internacionales del sector, como Mitsubishi o General Electric. En 1970 llegó la época de la energía nuclear y la fábrica reinosana pasó a depender de Westinghouse, para la que construyó los equipamientos eléctricos de sus plantas nucleares hasta 1983.
La moratoria que España y otros muchos países impusieron para la construcción de centrales abrió un periodo de incertidumbre para la firma reinosana que no se resolvió hasta la entrada en el capital de la suiza ABB con una tecnología puntera en una época en que los motores eléctricos empezaban a regularse por convertidores. Aquella etapa de estabilidad y crecimiento duró una década.
La planta reinosana culminaba así una época de acumulación de conocimientos tecnológicos enriquecida por las sucesivas aportaciones de las multinacionales a las que había estado ligada. Ya en la última etapa de ABB fabricó algún generador para la entonces incipiente industria eólica, por lo que, al marcharse en el 2000 la firma suiza y hacerse cargo de la planta un grupo holandés, Buce Industries, la fabricación continuó orientada hacia el mercado de los aerogeneradores que entonces parecía prometedor pero no tanto como llegaría a ser.
La reorganización del trabajo hacia esa línea de producto hizo que máquinas de seis metros y medio de diámetro, para las que antes se necesitaban seis semanas, se llegasen a producir a un ritmo de dos al día, con la ayuda de componentes semielaborados que, en el caso de las partes mecanosoldadas, provenían de la vecina Sidenor o de Duro Felguera.
Buce abrió mercado en Asia, a través de Largeway, y fabricó el primer prototipo de generador de 850 kilovatios para la firma española Gamesa, que acabaría jugando un papel decisivo para el despegue de la planta reinosana. El interés de Gamesa por el mercado eólico hizo que en 2003, al salir Buce del accionariado, la fábrica pasase a formar parte de su grupo de empresas, donde se ha convertido en su principal centro de I+D en generadores para molinos de viento.

De aprendiz a director

De muchos de estos cambios ha sido un testigo privilegiado el actual director, Luis Pindado. 44 años han transcurrido desde que empezó como aprendiz en la antigua Cenemesa y en ese periodo ha recorrido todos los peldaños de la escalera profesional sin dejar ninguno, asumiendo responsabilidades crecientes hasta alcanzar la dirección de la planta. Un ejemplo de éxito que parece más propio de los manuales de autoayuda que de la realidad.
Pindado echa de menos las escuelas de las propias factorías en las que el aprendiz podía aprovechar la experiencia de los trabajadores más veteranos de la plantilla. Aunque este modelo se ha intentado recuperar tibiamente con los contratos de relevo, en su opinión, sigue desperdiciándose el conocimiento de quienes se jubilan. “En la transferencia del conocimiento de unas personas a otras –subraya Pindado– ha radicado el éxito de las empresas que tenían ese bagaje histórico. Ahora –lamenta– hay un vacío importante”.

Un mercado internacional

Aunque el mercado eólico ha entrado en España en un compás de espera, la utilización de esta energía renovable continúa desarrollándose con fuerza en otras partes del globo en las que Gamesa también está presente con plantas de fabricación o a través de contratos para la instalación de parques eólicos.
El grupo español cuenta con una treintena de centros productivos en Europa, Estados Unidos, China, India y Brasil y una plantilla internacional de 8.000 personas. En el diseño y supervisión de la fábrica china de generadores colaboró muy activamente la planta reinosana, que le ha transferido su tecnología.
El 80% de la producción de Cantarey va al mercado internacional, especialmente a Estados Unidos y Europa, además de países como Turquía, Albania o Brasil, donde la energía eólica está en pleno proceso de expansión.
La investigación es una de las puntas de lanza de la factoría, que ha desarrollado un supergenerador de 4,5 MW de potencia (diez veces más de la que tenían los que se fabricaban hace una década) basado en imanes permanentes. Una tecnología que consigue más potencia con un menor tamaño de máquina y que permitiría cubrir todo el programa eólico de Cantabria con menos de 300 molinos.
Donde las expectativas son menos favorables para la fábrica es en su mercado tradicional de tracción (los motores para trenes), muy dependiente de la construcción de nuevos tendidos y es notorio que las inversiones públicas no atraviesan por su mejor época. Aún así, la planta campurriana tiene cartera de pedidos y fabrica en estos momentos motores para el Metro de Bilbao.

La potencia del Plan Eólico en cuatro meses

El Plan Eólico cántabro es una espina clavada para Gamesa, que no consiguió ninguna demarcación por no presentar un proyecto industrial anexo, convencida de que le bastaba con haber 21 invertido millones de euros en la planta de Reinosa. El que se desestimase su oferta en las adjudicaciones de las zonas a concurso no ha sido entendido por la dirección del grupo, que en su día hizo público su enfado y recordó el arraigo que tiene en la región. Pero Cantarey-Gamesa aún puede jugar unas bazas muy importantes en el concurso, al suministrar los equipos a quienes sí resultaron adjudicatarios y varios de ellos parecen dispuestos a adquirir sus máquinas.
Sería unos pedidos importantes, pero no iban a cambiar el ritmo de producción. A la planta de Reinosa le bastarían cuatro meses de trabajo para producir los 1.500 MW de potencia de generación que contempla el Plan, ya que es capaz de fabricar 4.000 MW al año, gracias a la racionalización de los procesos y a la extraordinaria potencia de los nuevos generadores que diseña y produce.
El negocio del viento es la última versión de una fábrica que ha recuperado el protagonismo que ya tuvo con otras tecnologías anteriores y que representa, a la vez, el pasado y el futuro industrial de Cantabria.

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