AGUA DE IDA Y VUELTA

El agua del Pantano del Ebro ya desciende a Cantabria con la misma naturalidad con que lo hace a su propia cuenca para regar Aragón o Cataluña, aunque su salida hacia la vertiente Norte sea a través de unas enormes tuberías. Lo que no resulta tan natural es que, por la misma vía, el agua excedente de las cuencas cántabras ascienda al Pantano para reponer los consumos. La obra, ya concluida, es la llave para asegurar el suministro de agua a la región, incluso en épocas de gran sequía, algo que no se había podido garantizar hasta ahora, a pesar de tratarse de una de las zonas más lluviosas de España. Con el bitrasvase también se pone fin a las polémicas sobre la necesidad de construir un pantano en el valle del Pas, que ha hecho correr ríos de tinta y no de agua.
Gran parte de las obras más significativas de la última legislatura se han desarrollado bajo tierra y, quizá por eso, ni han tenido ni van a tener rendimiento electoral. Pero sí tendrán consecuencias significativas sobre la calidad de vida de la población, especialmente el Bitrasvase del Ebro, que permite aprovechar, por primera vez, el agua de un pantano al que Cantabria no podía acceder, a pesar de ocupar parte de su territorio y llenarse con aguas de sus montes.

Un sistema doble

Para garantizar el abastecimiento a Cantabria en las épocas de estiaje ha sido necesaria una conducción de 55 kilómetros de longitud desde el Pantano hasta las cabeceras de los abastecimientos municipales. Dada la fuerte diferencia de cotas, el agua baja por gravedad, a excepción de un pequeño bombero para superar la Sierra de El Escudo, pero el compromiso de Cantabria con el Ministerio de Medio Ambiente es que el balance resulte nulo, es decir, que la comunidad aporte al Pantano lo mismo que recibe (un máximo de 26 hectómetros cúbicos por ejercicio), dado que durante gran parte del año sus ríos llevan mucho más agua de la que puede aprovecharse. Para lograrlo se han realizado azudes de captación en el río Irvienza (Aguayo), en el Erecia (Silió) y un par de arroyos de Lantueno, con estaciones de bombeo que remontarán el agua desde estas cabeceras del Irvienza y del Besaya hasta el Pantano.
El tendido de tuberías que se ha inaugurado se divide en cinco tramos: desde el Embalse del Ebro al azud de Aguayo, desde el azud de Aguayo hasta el túnel de Alsa, y desde el embalse de Alsa hasta la bifurcación de los trazados que van hacia los abastecimientos de las comarcas de Torrelavega y Santander.
Las tuberías son de acero o de poliéster, en función de la presión que deban soportar en cada lugar y el diámetro oscila entre los 50 centímetros y los 110. Lo suficiente para que en invierno, cuando los ríos cántabros llevan mucha más agua del que requieren los consumos humanos e industriales, aporten al pantano el agua que se demande en épocas veraniegas de fuerte estiaje.
En realidad, los 26 hectómetros cúbicos que podrá tomar Cantabria a partir de ahora son una pequeña parte del agua que puede almacenar el pantano del Ebro, apenas un 5%, pero es lo suficiente para la región y está en condiciones de reponerlo en invierno sin sacrificios. Así que, tanto el Ministerio de Medio Ambiente como el Gobierno cántabro aceptaron valerse de esta circunstancia para no perjudicar a otros usuarios tradicionales del Pantano, a lo largo del curso del Ebro.

Fondos de cohesión

La obra no acaba aquí, dado que hay una segunda fase, con 29 kilómetros de tuberías, que distribuirá el agua que se toma del pantano a través de todas las comarcas costeras, lo que por primera vez propicia un abastecimiento unificado en la región.
El coste del proyecto completo es de 101 millones de euros. Ambas obras forman parte del Plan Hidrológico Nacional que, como se ve, también ha sido útil para Cantabria, aunque las polémicas políticas relacionadas con el trasvase del Ebro a Levante hayan podido hacer pensar que era éste el único objetivo del Plan.

Repercusión en las tarifas

Al estar incluidas en el PHN, gran parte del coste de la obra será financiado con Fondos de Cohesión de la UE. En concreto, han sufragado el 65% de la fase recién inaugurada, mientras que otro 10% ha sido aportado por la sociedad estatal Aguas de la Cuenca Norte. El 25% restante tendrá que ser pagado por el Gobierno de Cantabria, que va a recurrir a la ingeniería financiera para ello. La sociedad estatal anticipará el dinero, suscribiendo un crédito con un banco, y el Gobierno de Cantabria se subrogará la obligación de abonar la amortización e intereses, lo que se materializará con cada pago que haga a la empresa Aguas de la Cuenca Norte por los costes operativos del movimiento de aguas.
En la segunda fase (la distribución del agua que va a llegar del Ebro por el borde costero, que es la zona de mayor consumo) es posible que el Gobierno cántabro también recurra a un procedimiento financiero semejante. Esa fase tiene un coste de 36 millones de euros y ahí la aportación de la autonomía subirá al 49%. Como con el bitrasvase propiamente dicho, la empresa estatal Acunor se ha mostrado dispuesta a adelantar la financiación y la UE obliga a trasladar los costes al consumidor, la tarifa que deberá abonar el usuario en el futuro por el agua deberá recoger, además de los costes de explotación, los de amortización del préstamo que suscribiese la sociedad estatal y su correspondiente carga financiera. La amortización de la obra se realizará en un plazo máximo de 45 años.

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