EL FIN DE LAS GRANDES OBRAS
Cuando concluyan las obras de la Autovía de la Meseta a su paso por Cantabria, la región habrá superado una época, la de las grandes obras. Un largo periodo que comenzó a mediados de los años 80 con los muelles de Raos, continuó con la Autovía del Cantábrico y se cierra ahora con la que conecta con la Meseta. Es cierto que en el horizonte aparecen otras grandes actuaciones, la Autovía Dos Mares o el tren de Alta Velocidad, pero alejadas en el tiempo y con no pocas incertidumbres. A pesar del ambicioso Plan de Infraestructuras aprobado por el Parlamento regional para mantener el ritmo de inversiones del Estado, parece inevitable que se produzca un descenso en el momento cada vez más próximo en que se cierre la red básica de autovías y los saneamientos de interés general.
Los grandes viaductos y túneles que salpican tanto el tramo en ejecución de la Autovía de la Meseta como el último puesto en servicio entre Los Corrales y Molledo difícilmente tendrán parangón. Son los que han mantenido la inversión estatal en carreteras por encima de los 350 millones de euros por ejercicio. Es políticamente comprensible que los tramos más difíciles y costosos fueran dejados para el final, pero esa circunstancia ha coincidido con las inversiones más voluminosas en saneamientos, con las obras del bitrasvase del Ebro para asegurar el suministro de agua a la región y con el nuevo Hospital Valdecilla, en el que se llevan invertidos más de 180 millones de euros.
Con estas actuaciones concluyen las infraestructuras básicas de la región, a excepción de las que afectan al ferrocarril, y las empresas del sector son conscientes de que el volumen de inversión pública, al menos la estatal, va a decender en un futuro ya muy inmediato. Una eventualidad que no podría ser compensada con un aumento de las actuaciones en la Consejería de Obras Públicas, muy inferiores en volumen. Sólo la explosión de la fórmula de financiación estructurada (las actuaciones públicas ofrecidas al sector privado para que sean realizadas a cambio de un canon de explotación) tiene potencial suficiente para hacer frente al descenso de la obra pública.
Por el momento, la empresa creada por el Gobierno de Cantabria para este cometido se ha limitado a adjudicar algunas actuaciones menores en centros de enseñanza, pero maneja un abanico de proyectos en área muy diversas, desde la construcción de las futuras sedes gubernamentales a las plantas de obtención de energía.
La inversión pública se ha acelerado extraordinariamente en el último quinquenio, hasta acercarse a los 100.000 millones de las antiguas pesetas por ejercicio, pero en esta evolución ha tenido mucha más responsabilidad el Estado, que prácticamente ha duplicado su ritmo de gasto, que la autonomía, cuya evolución está siendo mucho más moderada o, incluso, a la baja. Tampoco colaboran mucho los ayuntamientos, cuya descapitalización es proverbial.
En estas condiciones, lo que ocurra con la planificación de las grandes obras del Estado es decisivo y en la planificación inmediata no hay actuaciones que den continuidad al ritmo de inversiones que se mantenía hasta ahora, una vez finalice la Autovía de la Meseta, el año próximo, y el Hospital Valdecilla, inmediatamente después. Así pues, el horizonte se oscurece para todo el sector de la construcción, si se tiene en cuenta que la obra privada tampoco puede alcanzar cotas muy superiores.