Los nuevos emigrantes

La emigración tiene muchos rostros y acontecimientos muy recientes nos han familiarizado con el más común de todos ellos, asociado a personas que, en situaciones límite, buscan trabajo lejos de su tierra natal. Más insólita es la aparición, en sociedades desarrolladas, de un nuevo fenómeno migratorio que tiene que ver con la inexistencia de cauces para desarrollar nuevos proyectos empresariales.
Un grupo de empresarios cántabros ha vivido esa experiencia. Tras peregrinar durante año y medio por las instituciones financieras y administrativas de su propia región en busca de apoyo para poner en marcha una fábrica de videoporteros muy sofisticados, han encontrado en la vecina Vizcaya la atención y la ayuda efectiva que precisaban.
Gracias al respaldo financiero de Seed Capital (Capital Semilla) una sociedad pública de capital riesgo orientada hacia el fomento de la pequeña empresa, han comenzado a levantar en el polígono de Pinoa (Zamudio), los cimientos de lo que a partir del próximo mes de abril serán las instalaciones de Idatel (Investigación, Desarrollo y Aplicaciones de Telecomunicación, S.A).
La nueva empresa aspira a alcanzar una facturación de más de 3.000 millones de pesetas en el plazo de cinco años y a crear 30 puestos de trabajo directos, a los que habría que sumar los que, de manera indirecta, se generen en diferentes lugares de España para comercializar e instalar este sistema.
La puesta en marcha de este proyecto tiene un coste personal para este grupo de jóvenes emprendedores cántabros que se han visto obligados a trasladar su residencia a Bilbao, aunque uno de ellos ha optado por instalarse en Castro Urdiales. Pero supone también un coste social, tanto simbólico como real: el de la pérdida de la aportación que podrían haber hecho a la economía cántabra.

Una apuesta por las pymes

En el desenlace de esta historia ha sido determinante la existencia de un mecanismo de financiación –la sociedad de capital riesgo orientada hacia las pymes– que desde hace diez años opera en al menos tres ciudades españolas: Barcelona, Sevilla y Bilbao.
A comienzos de la década pasada, la UE destinó fondos para favorecer la constitución de sociedades públicas de capital riesgo con el objeto de impulsar proyectos empresariales que por su pequeño tamaño no podían acceder a las sociedades de capital riesgo tradicionales, cuya cifra mínima de inversión suele estar situada por encima de los 250 millones de pesetas.
La Diputación Foral de Vizcaya aprovechó la oportunidad para constituir una sociedad de capital riesgo para pymes con 300 millones de pesetas de capital y, posteriormente, junto con entidades financieras como el BSCH o la Caja de Ahorros vizcaína (BBK) y empresas de la envergadura de Iberdrola o El Corte Inglés, han ampliado la aportación inicial de fondos comunitarios hasta dotar a esta sociedad con unos recursos propios de 1.500 millones de pesetas, destinados a apoyar los proyectos empresariales que sean capaces de superar el riguroso examen al que le someten sus analistas.

Rapidez de respuesta

La primera sorpresa de los empresarios cántabros fue el observar la diligencia y el rigor empleados en el estudio de su propuesta. Ni la existencia de un prototipo que convertía el proyecto en algo mucho más tangible, ni la presentación de un minucioso plan de viabilidad, habían sido suficiente para que diversas entidades financieras e instituciones cántabras aceptasen financiar un proyecto que no venía avalado con garantías patrimoniales y al que tampoco se podía encajar en un marco de subvenciones pensadas para empresas ya creadas.
Sin embargo, lo que no habían logrado en 18 meses de gestiones en su propia región, lo lograron en tan sólo tres con esta sociedad vasca, de la que tuvieron conocimiento a través de Internet. Tras entrar en contacto, la empresa vasca se interesó rápidamente por el proyecto hasta el punto de acabar realizando en Idatel la mayor inversión que haya hecho hasta ahora. Su consejo de administración daba el pasado mes de octubre el visto bueno a su participación en esta nueva empresa, de la que aporta el 40% del capital fundacional y facilita los contactos financieros para recabar el resto del dinero.

Financiar con riesgo

Aunque la participación de esta sociedad pública no puede superar por ley el 45% de los 65 millones de capital fundacional que precisaban para poner en marcha el proyecto, la caja de ahorros vasca BBK facilitó a los promotores de la empresa créditos personales a través de la fundación Gaztelanbidean, equivalente a su Obra Social.
El dinero de la BBK les llegará a través de un crédito blando, a pagar en diez años con uno de carencia, al 1,7% de interés y con la mitad de los intereses subvencionados a fondo perdido. Se trata de una línea financiera destinada a impulsar los proyectos de jóvenes empresarios en el ámbito de las nuevas tecnologías.
Con esta aportación, el grupo de emprendedores cántabro, que partía con una buena idea pero sin ningún dinero, ha conseguido hacer realidad un sueño madurado durante años de trabajo en Cantabria, mientras instalaban sistemas de circuitos cerrados de televisión, alarmas y centralitas telefónicas.
Su empresa, Idatel, ha pasado a formar parte del grupo de 15 pequeñas compañías participadas por Seed Capital y radicadas en el entorno industrial de Bilbao. Este número podría incrementarse tras la reciente ampliación de capital de esta sociedad pública cuyo gerente es nombrado por la Diputación Foral de Vizcaya y en cuyo consejo de administración, se encuentran muchas de las empresas más importantes que operan en el País Vasco.
Esta compañía pública representa un instrumento financiero clave para el desarrollo de proyectos de pequeña empresa, que resultan determinantes en la creación de empleo pero llevan aparejado un notable componente de incertidumbre. A pesar del riesgo, sus gestores son conscientes de que, aunque haya que asumir la posibilidad de algunos fallos, el dinero invertido en los proyectos que prosperan, tarde o temprano, acaba por ofrecer una rentabilidad económica y social.

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