Un hito para la comarca del Besaya

Ha sido una carrera contra el tiempo y, cuando aún no ha transcurrido un año del acuerdo alcanzado con el Gobierno cántabro para asentar aquí una de sus plantas de montaje, ya está prácticamente concluida la fábrica. Muy pronto comenzarán a salir de Reocín carretillas elevadoras y máquinas para movimiento de tierras.
Si para cualquier Gobierno es un objetivo clave lograr el asentamiento en su territorio de una industria capaz de hacer surgir otras iniciativas a su alrededor, la llegada de Haulotte a Cantabria cumple holgadamente esas expectativas. La nueva fábrica no sólo supondrá algo tan inusual como la creación de 600 nuevos puestos de trabajo cuando esté plenamente operativa, sino que, a su sombra, crecerán proyectos de empresas proveedoras que podrían multiplicar por tres la cifra final del empleo que va a arrastrar.
En una época marcada por las deslocalizaciones, y cuando los países de Europa del Este se han convertido en el destino preferido para muchos fabricantes europeos que buscan reducir costes, el desembarco de Haulotte ha generado muchas expectativas en una zona que no sólo no esperaba nuevas fábricas sino que temía perder algunas de las que ya tenía.
Pero el camino no ha estado exento de dificultades. Para convertir ese proyecto en realidad, ha sido preciso superar la dura competencia ofrecida por otras comunidades, como Asturias. Pero, lo que realmente pudo hacer naufragar todo el proceso fueron las tensiones que generó la noticia de que se haría una planta en España entre los trabajadores de las tres fábricas que Haulotte posee en Francia. La reacción de los comités de empresa ante lo que se interpretó como un intento de deslocalización llevó a la propia firma a retractarse públicamente de la decisión ya tomada de ubicarse en Cantabria. Sólo cuando de nuevo estuvieron calmados los ánimos y fue asegurado el futuro de las factorías francesas, el proyecto pudo continuar.
En abril del pasado año, se firmaba en París el acuerdo con el Gobierno cántabro para asentarse en el Parque Empresarial Besaya, un polígono que se encontraba aún en construcción sobre una escombrera de AZSA en Reocín; una negociación llevada con mano firme por la vicepresidenta regional, Dolores Gorostiaga, que enderezó el proyecto tras algunos desencuentros que la multinacional francesa tuvo anteriormente con las autoridades locales.

Haulotte llama a la puerta

Cuando hace dos años Haulotte decidió embarcarse en un plan de expansión hacia otros mercados, el primer paso fue el de crear nuevas fábricas para incrementar su capacidad de producción. La multinacional francesa contaba con tres plantas en el país vecino –L´Horme, Le Creusot y Reims–, en las que trabajan 1.400 personas, y tenía contratado el derecho de uso de otra fábrica italiana para el ensamblaje de las plataformas elevadoras que comercializa con gran éxito por todo el mundo. Dos zonas de Europa se convertían en posibles destinos a la vista del potencial de sus mercados: la Península Ibérica y la Europa del Este.
El mercado español, donde la construcción y la obra pública tienen una frenética actividad, es uno de los que mejor acogida han dado a las máquinas de la multinacional francesa. Desde que creó en el año 2000 la filial Haulotte Ibérica, sus ventas en nuestro país se han disparado, hasta alcanzar un incontestable liderazgo, con una cuota de mercado cercana al 90%.
Respaldado por estas cifras, el director de la filial española, Segundo Fernández, que ha ido ganando peso dentro de la compañía hasta ser nombrado recientemente director general adjunto del Grupo, planteó la propuesta de ubicar en nuestro país una de las nuevas plantas de montaje. Eso les permitiría controlar directamente los procesos de fabricación que tenían subcontratados en Italia, así como llevar a la práctica otra de sus apuestas estratégicas: la innovación de su gama de productos, con el lanzamiento de elevadores de gran altura, maquinaria para el movimiento de tierras y plataformas sobre camión.
La zona elegida para ubicar la nueva fábrica debería cumplir varios requisitos logísticos, como no estar muy alejada de la frontera francesa, contar con buenas infraestructuras viarias y, pensando en la exportación de las máquinas que allí se fabricasen, disponer de una instalación portuaria con líneas bien comunicadas. Este último requisito llevó a descartar otro de los emplazamientos seleccionados, la comunidad aragonesa, una región cuyo dinamismo industrial había atraído, inicialmente, la atención de Haulotte.

Competencia con Asturias

La cornisa cantábrica se perfiló poco a poco como la mejor opción y, dentro de ella, Asturias y Cantabria, aparecían como las más adecuadas para su proyecto industrial.
Llegados a este punto, la respuesta de los Gobiernos autónomos a la hora de proporcionar suelo y ayudas públicas pasaba a ser el factor más relevante para la decisión final. Competir con Asturias no era fácil. Al contrario que Cantabria, la comunidad vecina continúa siendo región Objetivo Uno dentro de la Unión Europea, lo que le permite ofrecer un porcentaje de subvenciones muy superior. Además, dispone de subvenciones específicas destinadas a estimular la reconversión de antiguas zonas mineras que podrían emplearse para ganarse el favor de Haulotte. Frente a estas bazas, que el Gobierno asturiano empleó a fondo en su negociación con la multinacional francesa, Cantabria contaba con mejores indicadores laborales y un mayor dinamismo económico, así como con una cierta vinculación emocional del impulsor del proyecto, Segundo Fernández, con esta comunidad, donde ha pasado algunas vacaciones, y en la que cuenta con amigos empresarios, como el propietario de Grúas Fam, Lino Armengod, que le animaron a invertir en Cantabria.
El primer acercamiento a las autoridades regionales se produjo el octubre de 2005, cuando tuvieron noticia del propósito de Haulotte a través de una carta remitida por la compañía, pero la respuesta no fue la que esperaban los franceses. El nivel de la representación cántabra que les atendió, con el consejero de Industria de viaje en Marruecos para acudir a un evento organizado por Microsoft, tenía un perfil exclusivamente técnico, cuando ellos esperaban un contacto político que les permitiera evaluar la implicación que podía llegar a tener la comunidad en el proyecto. Esa primera aproximación sirvió, sin embargo, para que los técnicos de Sodercan mostrasen varios emplazamientos para poder ubicar la fábrica, despertando el interés del grupo galo por las posibilidades que ofrecía el Parque Empresarial del Besaya, que se construye en Reocín.
Esta opción fue afianzándose en sucesivos encuentros con Sodercan y una vez constatado el interés del Ejecutivo cántabro en el proyecto. En estas reuniones se abordó también la capacidad de las industrias metalúrgicas cántabras para vincularse como empresas proveedoras.
La existencia de este tejido industrial y la dinámica actividad del Puerto santanderino resultaron decisivos para acabar de decantar la balanza hacia la oferta cántabra, pero antes hubo que resolver la cuestión clave de cómo facilitar al Grupo la extensa superficie de suelo que necesitaba en el polígono de Reocín. Mientras los asturianos ofrecían el suelo muy barato, el Gobierno cántabro se resistía a rebajar el precio del Parque Empresarial Besaya, una de las más importantes apuestas en la creación de suelo industrial de calidad y para el que no faltará demanda.
Aunque oficialmente no se ha fijado cual será el precio de venta del suelo, que no será único para todo el polígono, las importantes obras de compactación del terreno y de urbanización de las parcelas harán muy difícil venderlo por debajo de los 75 euros por metros cuadrado. Habida cuenta de que Haulotte necesitaba 60.000 m2 para desarrollar adecuadamente su proyecto, esto suponía una inversión inicial tan elevada que podía desanimarles de su intención.
Para vencer este importante escollo, que ponía en peligro las negociaciones, hubo que recurrir a una fórmula imaginativa, acordando con SICAN (la empresa pública que gestiona el suelo industrial en Cantabria) un contrato de alquiler del terreno con opción a compra. Una solución que, si bien no reduce el precio del suelo, sí ofrece facilidades de financiación a la multinacional francesa, que tiene previsto invertir unos 18 millones de euros hasta 2011, momento en el que se espera alcanzar el pleno rendimiento de la planta de Reocín.

Sitio para los proveedores

Además de esos 60.000 metros cuadrados destinados a Haulotte, SICAN ha reservado las parcelas cercanas para los posibles proveedores que puedan instalarse junto a esta fábrica.
Uno de los mayores atractivos del proyecto es el empleo inducido que va a generar en otras empresas de Cantabria. La nueva planta será un centro de ensamblaje de los componentes –chasis, circuitos hidráulicos, motores, baterías, contrapesos, carcasas de plástico inyectado, etc.– adquiridos a otras firmas. Un volumen de suministros muy elevado hace aconsejable la proximidad de los proveedores.
Las dificultades para trasladar las piezas que conforman el chasis, de las que sólo pueden transportarse tres en cada camión trailer, justificarían sobradamente su fabricación junto a la planta en la que van a ser montados. Esta reducción de los gastos logísticos ayudaría a aproximar los costes de los componentes que se fabriquen en Cantabria a los producidos en los países del Este, donde Haulotte compra unos 5.000 chasis al año.
Una empresa cántabra, Mecánica Industrial Buelna, es la principal aspirante a convertirse en suministradora local de estos chasis, lo que podría dar lugar a la construcción una nueva fábrica de mecanosoldadura junto a la de Haulotte y generaría unos cien puestos de trabajo más. En favor de Mecánica Industrial Buelna juega el hecho de que ya mecaniza ejes para plantas francesas de esta multinacional.
Según las previsiones de la propia Haulotte, la suma de los 600 puestos de trabajo con que contará la fábrica de Reocín a medio plazo y del empleo que va a inducir, podría suponer para Cantabria la creación de unos 2.400 puestos de trabajo, lo que da una idea de la importancia que va a tener en el futuro la captación de este proyecto.

A por la obra pública

Aunque el equipamiento que se ha instalado en Reocín permitiría fabricar cualquiera de las máquinas que figuran en los catálogos de Haulotte, la intención de la compañía es que la planta se concentre en la producción de dos modelos concretos: una carretilla telescópica y una novedosa excavadora multiusos, la Multijob MJX, capaz de hacer las funciones de pala, cargadora y elevador. Con ella, Haulotte aspira a repetir en España el liderazgo en maquinaria de obra pública que ya ostenta en plataformas elevadoras.
La MJX mezcla una pala de rotación de 360 grados con un cargador telescópico, lo que la convierte en una máquina única en su género, al poder combinar las tareas de desmonte con la elevación de cargas.
Para este año, la firma francesa se había puesto como objetivo producir 600 carretillas telescópicas y 80 multijob, aunque la pequeña demora que ha sufrido la fábrica podría alterar esa previsión. En 2008 la intención es duplicar esta cifra y de aquí a dos años, con la planta a pleno rendimiento, saldrán de las instalaciones de Reocín 3.000 elevadoras y 300 excavadoras multijob cada ejercicio.
A pesar de la importancia que tienen estas cifras, sólo permitirían atender la cuarta parte de la cuota mundial de plataformas telescópicas que Haulotte trata de conseguir, por lo que la firma francesa va a abrir otra fábrica más en Rumania destinada a captar los nuevos mercados de Europa del Este.

Otra planta en Rumanía

Si la factoría de Cantabria está orientada hacia la diversificación de productos, la de Rumanía responde a otra visión estratégica: la del acompañamiento industrial a las zonas emergentes. La misión de Haulotte Arges, ubicada cerca de Pitesti (al oeste de Bucarest) es fabricar para todos los países de Europa del Este. La planta tendrá 4.000 metros cuadrados y se dedicará inicialmente a la producción de tijeras diésel y eléctricas, aunque sus productos evolucionarán en función de las demandas que surjan.
Otro de los objetivos estratégicos de la firma francesa es dar respuesta a las necesidades cada vez más amplias de las empresas de alquiler de maquinaria, que buscan proveedores generalistas con una gama de productos muy diversificada.
La apertura de dos nuevas nuevas fábricas en Europa no debe entenderse como un paso hacia la deslocalización de alguno de los tres centros de trabajo que Haulotte tiene en Francia. De hecho, hay un compromiso de la firma para fortalecer y ampliar esas plantas, aumentando los puestos de trabajo. Las 1.400 personas que prestaban servicio en estas factorías en 2006 deberán convertirse en unas 2.100 a final de este año. Una promesa que ha contribuido a desactivar la suspicacia con que inicialmente fue acogida en el país vecino la apertura de la planta cántabra.
Los proyectos de Haulotte también contemplan una incursión industrial en el mercado norteamericano, donde buscan fábricas en las que producir carretillas telescópicas.
Desde el punto de vista comercial, la multinacional ha emprendido una política de ampliación de las filiales propias, que pasarán de 15 a 18. Haulotte ya cuenta con filiales para estas tareas en Asia (Singapur y Shangai), Latinoamérica (Brasil) y se van a implantar en Africa del Norte, Sudáfrica e India. En la Península Ibérica dispone de delegaciones en Madrid, Barcelona, Sevilla, Gijón y Lisboa.
Desde la fábrica de Reocín, Haulotte espera abastecer no solamente el mercado europeo, sino que cerca del 60% de la producción podría ir destinada a América del Sur y Asia. De ahí la importancia de contar con el Puerto santanderino, un argumento de peso en la decisión de apostar por Cantabria como punta de lanza en unos planes de crecimiento tan ambiciosos que pretenden doblar el tamaño del grupo en sólo dos años.

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