Demasiados satélites para la TDT cántabra

Las tecnologías evolucionan muy rápido en el sector de las telecomunicaciones pero las estrategias cambian aún más rápido y Cantabria se ha encontrado en una situación compleja. Su decisión de utilizar el satélite de Astra para superar las dificultades técnicas que está planteando la extensión de la TDT en las zonas rurales a través de los repetidores terrestres se ha visto secundada por el Ministerio de Industria, que ha decidido emplear este método complementario en las zonas de difícil acceso de todo el país. De esta forma se asegurará que ningún hogar deje de ver la televisión el día que se produzca el apagón analógico, algo que cada vez parece más difícil de conseguir con repetidores terrestres.
Lo que debe resultar un motivo de satisfacción para el Gobierno cántabro, que al final ha marcado la pauta a seguir en todo el país y se ahorrará el gasto del satélite, se ha convertido en un problema por un pequeño detalle: el Ministerio parece que va a elegir para ello otra compañía distinta, Abertis (la antigua Retevisión), el mismo operador al que ha encargado la difusión de la señal de TDT por tierra.
En consecuencia, Cantabria iba a pagar caro el tener razón ya que se encontraría con una señal de satélite sufragada con recursos propios (la que difundiría Astra) y la que llegaría a través de los satélites de Abertis (Hispasat o Eutelsat), facilitada por el Gobierno de la nación.

Cancelación

A la vista de esta innecesaria duplicidad, la Consejería de Industria ha decidido cancelar su contrato con SES Astra, aunque tenga que resarcir por el lucro cesante a la empresa, y ha optado por ser la primera región en subirse al carro que acaba de poner en marcha el Ministerio de Industria.
La opción de Abertis no sólo resultará más barata que la compensación, sino que tiene otra ventaja, ya que cuenta con un sistema propio de distribución de la TDT por satélite, el que utiliza para enlazar su red de repetidores. Por tanto, no necesitaría la cabecera de satélite o telepuerto que iba a construirse en el Parque Empresarial Besaya, de Reocín, culminado por una antena parabólica de 4,8 metros de diámetro que enviaría la señal de TDT al satélite de Astra. De esta forma, además de los 2,5 millones de euros que debía pagar cada año por la difusión por satélite de la señal, Cantabria se ahorrará otra cantidad semejante que le iba a costar el telepuerto.

Astra no quiere perder su oportunidad

Como cabía esperar, la decisión de rescindir su contrato no ha sentado bien en Astra, que pretende pelear por sus derechos, aunque el fondo del conflicto no está en Cantabria, sino en el Ministerio de Industria, con su decisión de ofrecer gratuitamente a las comunidades autónomas la señal por satélite.
La compañía luxemburguesa no parece proclive a llegar a un acuerdo económico, sino que quiere conservar a toda costa el contrato, ya que el desarrollo del sistema de TDT por satélite en Cantabria era la puerta para entrar en un nuevo mercado que, hasta la irrupción del Ministerio, tenía visos de resultar muy importante: antes o después, las demás autonomías tendrían que rendirse a la evidencia de que con los repetidores terrestres no es posible alcanzar los objetivos comprometidos en el plan de despliegue de la TDT y se verían obligadas a contratar el satélite para difundir una señal complementaria.
Las primeras experiencias de ‘apagón analógico’ han demostrado que los repetidores de la nueva tecnología dejan fuera de cobertura más hogares de los que cabía esperar, aunque ya se sabía que serían necesarios más que para difundir la señal analógica convencional, que puede ser visualizada en los televisores aunque llegue debilitada. La solución técnica más obvia, poner tantos repetidores como sea necesario, resulta económicamente inasumible, ya que en muchos casos sería necesario un repetidor por vivienda, lo que llevó a Cantabria, primero, y al Ministerio de Industria, después, a pensar en otra solución para las zonas rurales más inaccesibles. Una solución que en ambos casos pasa por la misma tecnología, la difusión de la señal desde un satélite, aunque no iba a pasar por el mismo satélite, hasta que el Gobierno cántabro ha cancelado el contrato con Astra.
La decisión del Ministerio de hacer suya la idea de Cantabria puede levantar más polvareda, puesto que, indirectamente, perjudica a Canal Satélite Digital. Muchas de las localidades a las que ahora no llega la televisión analógica ni el TDT se sirven de las emisiones por satélite de esta televisión de pago, que no tienen barreras orográficas. En el momento en que se generalice la recepción de la TDT, con alrededor de cuarenta canales gratuitos para entonces, es fácil imaginar que un buen número de estos clientes rurales se darán de baja de la televisión de pago, por lo que Astra no sólo teme perder el nuevo negocio de la TDT por satélite, sino también parte del que ya tenía en la difusión de la señal de Canal Satélite Digital, una empresa que tampoco puede sentirse demasiado satisfecha con la decisión que presumiblemente va a adoptar el Gobierno.

Abertis gana también los cielos
El gran ganador será Abertis, que además de la comunicación terrestre pasará también a dominar los cielos, allí donde Astra, con 1.700.000 hogares servidos, era hegemónica hasta ahora. Será una posición de monopolio fáctico que se contradice con la teórica liberalización de las telecomunicaciones y que, a buen seguro, Astra tratará de impedir en Bruselas. La compañía luxemburguesa se juega uno de los principales mercados del continente y es demasiado potente como para aceptar la derrota sin plantear batalla. En Europa, cerca de 57 millones de hogares disponen de la recepción digital por satélite y, de ellos, el 80% tienen orientadas sus antenas hacia alguno de los 38 satélites de Astra, que dan cobertura a 35 países. Una poderosa flota orbital preparada para no hacer sombras y para no dejárselas hacer.

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