La aventura marroquí de Lasarte
Carreteras cortadas por riadas; dificultades para encontrar dónde comer o recriminaciones por fumar en Ramadán; una burocracia en la que las propinas actúan como único movilizador de voluntades; un tráfico caótico pero también gentes acogedoras. Circunstancias como estas son las que han vivido los conductores de Transportes Lasarte encargados de trasladar a Tánger y Tetuán, en el norte de Marruecos, los componentes de dos parques eólicos. Un trabajo complejo, incluso para una compañía especializada en el movimiento de piezas tan pesadas, voluminosas y valiosas como las que componen un aerogenerador.
Lasarte daba así un paso más en una consolidación como especialista internacional en este tipo de portes que antes le había llevado hasta Portugal y Francia y que ahora le ofrece un prometedor mercado en los países norteafricanos.
Un trabajo inesperado
La presencia de la compañía de Polanco en Marruecos fue solicitada por Bergé y Gamesa, los promotores de un parque eólico que se iba levantar en Tetuán. La necesidad de avivar el ritmo de trabajo les llevó a reclamar el presencia urgente de Lasarte, que lleva cerca de quince años haciendo este tipo de portes, para los que se precisan equipos especializados que no se pueden improvisar.
El desembarco en Marruecos no fue fácil, ya que las leyes del país obligan a buscar la cobertura de una empresa transitaria local para hacer cualquier transporte interno. Tampoco servían las tarjetas profesionales para la compra de gasóleo, por lo que fue preciso negociar con entidades financieras de la zona el suministro de carburante.
La empresa de Polanco desplazó en un primer momento cinco camiones, a los que más tarde añadió cuatro más. Su tarea consistía en recoger las secciones de las torres, los generadores y las palas de los molinos en el puerto de Casablanca y recorrer con ellas los cuatrocientos kilómetros que separan la principal ciudad industrial marroquí de Tetuán, situada en el norte del país. Allí se ha levantado un gran parque eólico formado por unas 150 torres de setenta metros de altura, un tamaño que ya no resulta exagerado si se compara con el de los aerogeneradores más potentes, pero que planteaba retos muy difíciles para los fabricantes y para quienes debían realizar el transporte por las deficientes carreteras marroquíes y conseguir que llegaran a tiempo a su punto de destino.
Las lluvias
Esta situación se complicó aún más el pasado mes de noviembre, cuando unas lluvias torrenciales se llevaron el firme de algunas carreteras del norte del país que los camiones debían transitar. Entre los muchos problemas que la empresa cántabra había valorado al preparar la logística de las torres no estaba precisamente el de lluvia, insólito en unos parajes semidesérticos. Sin embargo, se convirtió en uno de los principales.
Ya contaban, en cambio, con la dificultad para adecuar el ritmo de trabajo local a las costumbres laborales europeas o las barreras idiomáticas, pero la experiencia global fue positiva. Aunque en un principio los camiones de Lasarte habían sido contratados para dos meses, enlazaron este trabajo con otro semejante, esta vez en Tánger, donde había que transportar máquinas de mayor tamaño que las instaladas en Tetuán. Dado que el equipo que tenían en el puerto de Casablanca no era el más adecuado para manejar sin riesgos el generador, la pieza más delicada del molino, Lasarte decidió enviar un equipo autocargante que también aportó más libertad de movimientos.
Nuevos encargos
La estancia en Marruecos se prolongó finalmente a diez meses, algo que ha sido bien llevado por las quince personas que integraban el equipo, para el que se buscó a conductores sin demasiadas cargas familiares y con algún conocimiento del francés. No obstante, moverse por el norte de Marruecos, la antigua zona del protectorado español, donde mucha gente entiende el castellano, redujo los problemas de comunicación.
A pesar de las dificultades que ha habido que vencer, la experiencia ha sido positiva, hasta el punto de que el responsable de Transportes Lasarte, Andrés Tárano, se plantea volver: “Se nos ha abierto en Marruecos una posibilidad de futuro y puede haber allí proyectos importantes. Pero esta vez estamos en condiciones de operar por nuestra cuenta en aquel país, de manera que podamos trabajar con nuestra impronta”.
Esos proyectos apuntan a la disputada zona de El Aaiún, un lugar sin apenas infraestructuras y con condiciones climatológicas más duras aún que las soportadas en esta primera incursión marroquí. Pero mientras la implantación de parques eólicos empieza a ser un mercado maduro dentro de la Península Ibérica, los países del norte de Africa ofrecen oportunidades de trabajo que no se pueden desaprovechar.