Llega el inspector de viviendas
Sobre el mercado de alquiler de vivienda ha pesado siempre una doble losa, la del temor del propietario a los desperfectos que el inquilino pueda provocar en el inmueble –y de los que generalmente solo se percata cuando el contrato ha concluido– y el que tienen los inquilinos a que la vivienda no se les entregue en las condiciones de habitabilidad pactadas. El mayor obstáculo para evitar esas incertidumbres suele ser la inexistencia de una estimación objetiva para saber en qué estado se encuentra realmente la vivienda cuando se inicia el contrato de arrendamiento y cuando concluye.
Para solventar ese problema ha surgido una nueva figura profesional, la del inspector de viviendas, todavía no muy conocida en España pero que cuenta con una fuerte arraigo en Estados Unidos, en donde fue creada en los años 60, a iniciativa de la banca y ligada al mercado hipotecario.
Este modelo de negocio comenzó a aplicarse en nuestro país hace apenas siete años, impulsado por una Asociación de Inspectores de Viviendas que cuenta ya con unos 120 profesionales repartidos por todo el territorio nacional, incluida Cantabria. Y aunque el mercado inmobiliario no ha sido muy receptivo a los servicios que ofrecen estos profesionales, el creciente auge del alquiler les ha abierto una oportunidad que quieren aprovechar con el lanzamiento de una oferta que simplifica y abarata las inspecciones.
Un chequeo a la vivienda
El punto de partida es el valor que puede aportar, para ahorrar costes en fianzas y reparaciones y dirimir posibles conflictos, la existencia de una acta elaborada por un profesional cualificado en la que conste el estado físico en que se encuentra la vivienda en el momento de ser arrendada.
Para ello, el inspector levanta un acta, que es firmada por todas las partes y validada por la Asociación, en el que se reflejan los resultados de un exhaustivo análisis de aspectos como la existencia de humedades, funcionamiento de radiadores y calderas, emisiones de CO, estado de las ventanas y persianas, insonorización, contadores, presión de agua, y así hasta 400 apartados que dan un retrato fiel del estado del inmueble. A esta primera inspección le pueden seguir, si así se acuerda, otras a lo largo del periodo del contrato de alquiler y a su finalización.
Para agilizar el proceso y abaratar los costes, la Asociación ha diseñado una oferta low cost (a partir de 100 euros) que reduce a un centenar las opiniones emitidas por el inspector en el primer informe y a 50 las de los informes sucesivos para el seguimiento y control del alquiler. Un mercado, el de los arrendamientos, en el que España, con un 16% del parrque de viviendas, está todavía muy lejos de los niveles europeos (una media del 40%), y en el que tiene especial encaje esta figura del inspector de inmuebles, cuya aportación, para el presidente de la Asociación, Angel Isern, “es como tener un acta notarial de tu vivienda, pero de bajo coste”.