Paradojas aéreas
Los pasillos del aeropuerto de Parayas, antaño solitarios y apenas recorridos por hombres de negocios con destino a Barcelona o Madrid, hoy bullen con un incesante trasiego de viajeros de toda clase, edad y condición.
Mes a mes, Parayas bate récords de viajeros y vuelos. Sólo en marzo, tras comenzar a funcionar las seis nuevas líneas nacionales, registró 53.878 viajeros, un 132% más que en el mismo mes del año anterior, el mayor crecimiento porcentual de viajeros de todos los aeropuertos españoles. Si alguien hubiese hablado de una cifra semejante hace sólo dos años, hubiese sido tomado por un iluminado.
¿Cómo imaginar que en 30 días podían despegar y aterrizar 1.345 vuelos? De estos, 854 fueron nacionales, y los 198 restantes internacionales pero, debido a la muy distinta capacidad de los aviones, los viajeros que transportaron unos y otros fueron prácticamente los mismos. De las cifras ofrecidas por AENA puede deducirse la extraordinaria aceptación que están teniendo las ofertas de Ryanair.
La compañía irlandesa de bajo coste asegura que se están cumpliendo “con holgura” las expectativas y estima que llegarán a los 100.000 viajeros por ruta y año en los vuelos con origen y destino Santander.
De momento reconocen que la línea Santander-Roma es la que está funcionando mejor y registra índices de reservas por encima de la media europea de esta compañía. Londres, un destino muy estable, se encuentra en el promedio, al igual que Francfurt, una ruta que parecía tener menos aceptación, ya que le costó despegar y cuenta con una competencia formidable de las líneas que operan desde Bilbao. No obstante, el vuelo a la ciudad alemana muestra una tendencia creciente y ya presenta índices de ocupación inesperados.
De esta forma, Parayas se ha convertido en el décimo aeropuerto nacional. Ahora es habitual que coincidan en pista cuatro o cinco aviones tanto de vuelos nacionales como internacionales y es frecuente encontrar entre los viajeros a muchos jóvenes y a familias enteras –algo que antes resultaba poco menos que inconcebible, por los precios de los vuelos– compuestas por abuelos, padres e hijos que aprovechan cualquier excusa para ir a Roma o darse una vuelta por los sugerentes mercadillos londinenses.
Una de las sorpresas que ha causado las líneas internacionales es la composición de la clientela. El presidente de Ryanair declaró en Santander que esperaban muchos más viajeros extranjeros que españoles. La realidad ha sido totalmente distinta: los asientos se llenan con españoles, y la respuesta de los cántabros es mucho mayor de la que cabía esperar. Sea por probar o por haberse despertado en la región un espíritu viajero hasta ahora desconocido, lo cierto es que ahora resulta relativamente habitual encontrarse con cántabros de visita por las calles de Roma o Londres.
De todas formas, la compañía sospecha que este tráfico local es pasajero y que, a medio y largo plazo, serán más los pasajeros foráneos. De hecho, aseguran que los efectos económicos en la región son ya visibles y algunos hoteleros han reconocido que durante el otoño y el invierno han registrado un tipo de turismo que antes no tenían.
La compañía también destaca que muchos viajeros de Parayas proceden de provincias limítrofes, en especial los que tienen como destino Roma ya que, hasta el desembarco de la compañía Vueling a Bilbao, era el único vuelo directo desde el Norte de España a a capital italiana.
La llegada de otras compañías de bajo coste como Vueling o EasyJet, que ha comenzado a operar entre Asturias y Londres, no parecen preocupar a Ryanair que sostiene que “no variará de manera sustancial nuestras ocupaciones”. No obstante, es difícil suponer que los pasajeros gallegos y asturianos que hasta ahora se desplazaban a Santander para tomar el avión de Londres, continúen haciéndolo.
Esta fiebre por viajar ha hecho que el aparcamiento del aeropuerto, recientemente ampliado, se haya quedado pequeño antes de su inauguración oficial, algo imposible de presumir cuando fue contratada la obra. El concesionario de la única cafetería del aeropuerto tampoco habría soñado con no dar abasto a servir bocadillos y refrescos, especialmente a mediodía, cuando se juntan las esperas de los embarques para Roma y Londres.
Rutas nacionales
La aparición de los vuelos internacionales puso aún más en evidencia la precariedad de las líneas nacionales. Por eso, el Gobierno se sintió en la necesidad de resolver un problema que otros intentaron arreglar con dinero, sin demasiado éxito. Air Nostrum recibía al año 696.000 euros a cambio de casi nada: pocos vuelos, aviones pequeños (“avionetas” en palabras de Miguel Angel Revilla) y precios por las nubes.
Air Nostrum sabía que tenía que ceder y era consciente de que, en caso contrario, aparecería otra compañía, dado que el movimiento de pasajeros que había adquirido Parayas empezaba a ser atractivo para las líneas regionales. Tras el preceptivo acuerdo subvencionado, la filial de Iberia aceptó abrir seis nuevas rutas nacionales, que permiten conectar, sin escalas, Santander con Sevilla, Valencia, Málaga, Palma de Mallorca, Alicante y Las Palmas de Gran Canaria, pero no ha logrado convencerles de que baje los precios tanto como cabía esperar. En algunos casos, viajar hasta Bilbao para coger allí el avión sigue siendo más barato, especialmente en trayectos donde Iberia se ha visto azuzada por la llegada de la compañía de bajo coste Vueling, que realiza rutas tanto nacionales como internacionales.
En las líneas donde operan ambas compañías y, por tanto, existe competencia, es posible encontrar viajes en Iberia a 15 euros el trayecto, tasas e impuestos aparte, un precio que la compañía no oferta nunca desde Santander. Las diferencias pueden ser abismales a la hora de viajar a Valencia o a Málaga, donde también opera Vueling desde Bilbao.
Diferencias de precio
Aunque parezca mentira, a primeros de abril se podían encontrar billetes para viajar un fin de semana de Bilbao a Valencia con Iberia por 53 euros, ida y vuelta, gastos incluidos y por 69 euros con Vueling. Desde Santander, Air Nostrum –filial de Iberia– cobraba 174. Hay que tener en cuenta que los precios pueden sufrir variaciones dependiendo del día o de la demanda. Los vuelos a Valencia desde Santander pueden oscilar entre algo más de 120 euros –los más baratos y poco frecuentes– hasta más de 500 euros.
Viajar a Málaga ofrece sorpresas igual de llamativas. Si se saca el billete con algunas semanas de adelanto, volar un fin de semana del mes de mayo desde Santander cuesta 553 euros, ida y vuelta. Sin embargo, desde Bilbao el viaje puede salir por 32 euros en Vueling o por 53 en Iberia.
Estas enormes diferencias entre tomar los aviones en Bilbao o hacerlo en Santander desaparecen cuando la comparación se hace entre vuelos a ciudades donde Iberia no tiene competencia. Viajar un fin de semana a Sevilla para disfrutar de la Feria de Abril costaba 559 euros –ida y vuelta– desde Parayas y 14 euros más si el aeropuerto de origen era Bilbao. Claro que, a quien no le importe emplear algo más de tiempo en el viaje, puede encontrar un billete por 194 euros desde Santander, vía Madrid (cuatro horas, frente a la hora y veinte minutos del vuelo directo).
Los vuelos a Madrid y Barcelona continúan siendo más baratos desde Bilbao que desde Santander, a pesar de que los precios de Air Nostrum se han moderado algo, y es posible encontrar algún billete de ida y vuelta a Madrid por algo más de 134 euros o a Barcelona por 170 euros (en Bilbao se puede hacer por 105). La diferencia, en estos casos, no merece el trastorno de desplazarse hasta Bilbao.
Viaje a Bilbao
Hay que tener en cuenta que coger el avión en Bilbao supone unas dos horas más de viaje. El autocar de línea regular de Alsa que parte de Santander, por 5,73 euros le dejará en la estación de autobuses de la capital vizcaína donde, cada media hora, salen autobuses con destino al aeropuerto y cuestan 1,10 euros. Si coge un taxi, además de lo que marque el taxímetro, le cobrará un suplemento de 1,8 euros por cada maleta. También puede optar por desplazarse en su propio vehículo y dejarlo estacionado en el aparcamiento del aeropuerto, con capacidad para 3.000 plazas. En ese caso, habrá de pagar 10,45 euros por cada 24 horas de uso.
Esta situación cambiará con toda seguridad cuando Ryanair inicie sus vuelos regionales. La compañía, que tiene su base española en Gerona, prevé conectar entre sí “en cualquier momento” –aunque no de forma inminente– las ciudades españolas desde las que opera con Europa. Una experiencia que ahora inicia en Italia con la puesta en funcionamiento de tres líneas regionales que unirán Roma con Venecia, Verona y Cerdeña. Sin duda tres nuevos destinos muy atractivos para los pasajeros cántabros, que podrán hacer un viaje Santander-Venecia, con escala en Roma también con tarifas de bajo precio.
En cuanto a la puesta en marcha de nuevas rutas internacionales que unirían Santander con París, Milán y Bruselas, Ryanair se muestra muy cauta a la hora de adelantar cualquier novedad. Alfons Claver, responsable de la compañía en España, se escuda en motivos estratégicos y comerciales para evitar confirmar plazos y destinos: “Jugamos con la prudencia”, justifica, “ya que creamos siempre muchas expectativas. Si te adelantas y luego no sale, podemos generar cierto desencanto”. La prudencia es tal que ni siquiera confirma si a partir del próximo otoño podremos incluir en nuestras rutas aquellas que ya ha anunciado el Gobierno de Cantabria.