La vitalidad de una institución centenaria
Es uno de los mejores complejos asistenciales del norte de España y durante los tres últimos años ha venido ampliando sus instalaciones, un proceso que dará lugar a nuevos proyectos. Sin embargo, la Fundación Asilo de Torrelavega es, paradójicamente, una gran desconocida para muchos cántabros. Quizá porque sus 128 años de historia la han convertido en algo tan íntimamente asociado a la capital del Besaya que los problemas fundamentales que resuelve son aceptados con la naturalidad de lo cotidiano.
No obstante, los servicios que presta la Fundación y el esfuerzo desplegado para continuar mejorando merecen toda la atención. En los centros de este complejo se atiende cada día a más de 1.200 personas, entre los mayores de la Residencia San José y sus siete centros de día, las personas con discapacidad del Centro Fernando Arce y los niños de la escuela Infantil Victoria Gómez de Arce.
Para poder prestar estos servicios, esta institución sin ánimo de lucro necesita más de 400 trabajadores, lo que la convierte en una de las principales empresas de toda Cantabria.
Una nueva residencia
El pasado mes de febrero, la Fundación veía cumplida una de sus metas, la inauguración de una residencia contigua a la San José, destinada a la atención de personas mayores de 18 años que han nacido con pluridiscapacidad (intelectual, física o sensorial) y personas con discapacidad sobrevenida como consecuencia de un accidente o de una enfermedad. Una necesidad que hasta ahora se venía atendiendo en la segunda planta de la residencia San José.
El nuevo centro es un funcional edificio que, al ser contiguo del que la Fundación levantó en los años setenta, permite consolidar un proyecto de reagrupamiento familiar en el que esta institución ha sido pionera. Los padres o tutores legales de residentes que, por edad, necesitan de atención y cuidados y se encuentran alojados en la Residencia San José pueden convivir así con sus hijos en el mismo centro.
La nueva residencia Teodosio Herrera, construida en un solar situado entre la Avenida Fernández Vallejo y la calle Pintor Modinos, dispone de 45 plazas distribuidas en 23 habitaciones individuales y 11 dobles, y ha sido pensada para permitir que sus usuarios lleven una vida lo más normal posible, dentro de sus limitaciones físicas o psíquicas. Supone un salto cualitativo tanto en las instalaciones de primera necesidad como en las destinadas a ocio o rehabilitación, que ya no tendrán que compartir con los mayores de la Residencia San José.
Estas áreas de rehabilitación son una pieza clave de la calidad de la atención que se presta a los usuarios. Una piscina terapéutica, una sala de estimulación sensorial y una sala de rehabilitación con máquinas de última generación (cuyo precio en algún caso rondan los cinco mil euros), ayudan a la recuperación física y psíquica de los residentes; pero también hay un espacio pensado para el ocio, una sala de cine, que se puede utilizar, además, para charlas y actividades que precisan del apoyo de medios audiovisuales.
La comunicación entre ambos inmuebles permite que la nueva residencia comparta con la de San José servicios comunes, como las comidas, la lavandería o la atención médica, un apartado en el que la Fundación realiza un considerable esfuerzo económico al mantener en plantilla a tres médicos y trece enfermeras. Sin la contribución que hace esta institución al cuidado de la salud de sus residentes todo ese esfuerzo acabaría recayendo en el sistema hospitalario público.
Recursos propios
La compleja obra de ampliación en que se embarcó la Fundación hace tres años se ha aprovechado para incorporar mejoras en el edificio principal que aumentan la calidad de vida de los usuarios de la residencia de mayores. Se ha habilitado una nueva biblioteca y archivo y se ha construido una sala de calderas, con energía geotérmica, que da servicio a todo el complejo. También se ha creado un centro de transformación eléctrica, con un grupo electrógeno de apoyo, y una acometida de agua, con depósitos y cloración propios, que evita los problemas de presión que se manifestaban en las últimas plantas.
Las mejoras de equipamiento se completan con un sistema autónomo contra incendios, la urbanización de los alrededores de la lavandería y la capilla y un parking de 36 plazas.
Si la parte más llamativa de la obra es la torre de 14 plantas construida junto al edificio principal y su ascensor panorámico para 16 personas –el más alto de Cantabria–, la parte más discreta son las cuatro salas para velatorios con las que el Asilo da continuidad a un servicio que ha prestado tradicionalmente tanto a sus residentes como a la ciudad, y cuya gestión a lo largo del tiempo ha generado los recursos con los que la Fundación ha podido ejecutar las obras, en las que ha invertido siete millones de euros.
Tres estilos arquitectónicos
Quizá lo más llamativo del proyecto firmado por el arquitecto Luis Castillo sea la integración de estilos arquitectónicos de diferentes épocas en un mismo recinto. En el complejo de la Fundación conviven armónicamente la estética decimonónica de la vieja capilla con la más funcional del edificio principal, levantado en los años 70, o la nueva torre de 48 metros anexa al inmueble de la residencia de mayores. Sus miradores acristalados permiten disfrutar de una de las mejores vistas de Torrelavega.
La nueva estructura de cristal y alucobón (unos paneles de aluminio y polietileno), destaca por las noches por su singular iluminación y es visible desde la entrada a la ciudad por la autovía de Santander, de forma que ha pasado a ser un nuevo referente arquitectónico.
90 apartamentos tutelados
El esfuerzo de mejora puesto en marcha por la Fundación tendrá continuidad con una iniciativa de mayor relieve aún, la construcción de una residencia permanente para discapacitados en la conocida como Finca del Asilo. Un proyecto con un coste de ejecución de 14 millones de euros, el doble de lo invertido en los tres últimos años, que ya está en marcha y puede quedar finalizado para el verano de 2016.
El proyecto consta de dos partes, la construcción de noventa apartamentos tutelados, distribuidos en tres edificios residenciales de cinco alturas, más dos plantas de sótano para aparcamientos. Y otro inmueble para servicios diurnos repartido en dos plantas y un sótano, que acogerá un centro ocupacional y un centro de día, con capacidad para 160 usuarios. Las dos parcelas sobre las que se levantarán estos inmuebles suman casi seis mil metros cuadrados y están situadas frente a las instalaciones de la Fundación, con las que se comunica a través de un paso subterráneo.
Con este nuevo proyecto se asegura la atención de los chicos que acuden al Centro de Educación Especial Doctor Fernando Arce, cuando sus padres, por razones de edad, no puedan atenderles. La construcción de este nuevo centro generará la creación de 50 puestos de trabajo directo.
Son las señales de dinamismo y vitalidad de una institución más que centenaria –nació en 1885–, creada entonces con las aportaciones de los ciudadanos de Torrelavega para acoger, inicialmente, a personas mayores que por carecer de medios económicos, estaban abocadas a la indigencia. Hoy, con otra filosofía y otros medios, la Fundación Asilo se ha convertido en uno de los mejores centros sociales de todo el norte de España y su funcionamiento constituye también un ejemplo de cómo atender a necesidades ineludibles, como el cuidado de nuestros mayores o la atención a las personas discapacitadas.