Los hitos de la historia económica de España (10)
Una vez pasada la guerra carlista, en 1839 se inicia la regencia de Espartero. Su llegada significó un cambio de orientación política con respecto a la situación anterior, pero como el general era un hombre acostumbrado a mandar enseguida entró en conflicto con los mismos liberales progresistas en cuyo nombre estaba en el poder, aunque no hay que pensar que la única oposición que tuvo fue en la política. Tampoco la economía estuvo de su parte.
En España había entonces una división sustancial entre dos grupos: los partidarios de un sistema de librecambio y los que preferían el proteccionismo. Los primeros decían que había que rebajar o suprimir las barreras arancelarias y que las mercancías circularan libremente a través de las fronteras, o sea lo que ahora se está haciendo en el mundo, porque así todos podrían comprar más productos de manera abundante y barata. Los del segundo grupo querían mantener las tasas fronterizas, porque creían que si se abrían los mercados se hundiría la industria nacional, argumentación que iba a resultar profética.
Espartero, partidario de los primeros, rebajó los aranceles. Las tasas aduaneras se liberaron para la mitad de los productos de importación y se quedaron en solo un 15%, lo que suponía una rebaja que en muchos casos llegaba al 50% sobre la situación anterior. El resultado práctico inmediato fue que las pañerías catalanas se fueron a la ruina, lo mismo que la industria metalúrgica que acababa de nacer en Málaga.
Las protestas no se hicieron esperar y en Cataluña se produjo una rebelión que el general solucionó de una forma muy directa, bombardeando Barcelona desde Montjuich, lo que resultó efectivo para acabar con el asunto temporalmente. No obstante, hubo más levantamientos en Reus, Valencia, Alicante y Sevilla, en vista de lo cual Espartero pensó que lo mejor era irse con viento fresco. La coalición de moderados y progresistas que le sucedió en el poder tampoco empezó de una forma muy ortodoxa, porque declaró a Isabel II mayor de edad con solo trece años, algo que era completamente ilegal.
La Hacienda
A pesar de todo, España empezó a mejorar y entre 1830 y 1840 la población aumentó en más de un millón de habitantes, hasta acercarse a los quince; se estabilizó la Hacienda y se atendieron por fin las obras públicas. Eso se logró, pero creando a la vez un estado enormemente centralizado y burocrático, lo que significó que todo aquel que tuviera aspiraciones de hacer fortuna personal se planteara el medro dentro de aquel frondoso árbol donde, entre tanta rama, crecían esa flores del mal llamadas también corrupciones y venalidades.
En general, los moderados fueron buenos administradores del dinero público y su principal logro fue resolver el endeudamiento en que padecía el Estado desde los tiempos de Carlos IV. En 1845 Alejandro Mons y Ramón de Santillán elaboraron un nuevo sistema de impuestos que iba a durar cien años. Hasta entonces, la atención de los recaudadores públicos se centraban en las compraventas, mientras que éstos reformadores decidieron gravar también la propiedad. El sistema, que se completó con otros pocos impuestos, resultó sencillo y funcionó. El Estado incrementó de forma muy notable sus ingresos.
De la deuda pública se ocupó sobre todo Bravo Murillo, que en 1851 culminó una amplia operación de aplazamiento: los acreedores tendrían que esperar más, pero a cambio de cobrar con más seguridad. El resultado fue que el Estado se liberaba de un enorme peso y podía hacer las obras públicas. Dos años después, la reforma monetaria equivalió a una devaluación de la moneda que dejó de salir al extranjero y empezó circular por España de forma abundante.
La puesta en orden de las cuentas del Estado coincidió con una coyuntura favorable para empezar con los negocios privados. Empezaron a circular los capitales y eso, unido al proceso de desamortización, hizo que en 1845 las transacciones sobre propiedad desvinculada ascendieran a 190 millones de reales y que diez años después llegaran nada menos que a 1.000 millones de reales.
Industrialización
Se recuperó la industria textil en Cataluña, la metalúrgica en Málaga y la naval en el Norte. También se construyeron las primeras líneas de ferrocarril Barcelona-Mataró y Madrid-Aranjuez. Esta industrialización permitió que los empresarios empezaran a obtener beneficios, si bien hay que señalar que esa prosperidad se limitó a ellos mismos y no se extendió hacia los obreros, parte fundamental también en el negocio. Totalmente desprotegidos quedaron a merced del capitalista que imponía sus condiciones sin ningún control. El problema social quedó planteado pero sin solución. La factura vino después.
En 1858 se hizo cargo del gobierno otro general, en este caso O’Donnell, y quizá por casualidad fue una etapa de prosperidad económica, porque de la labor de los gobiernos de entonces se podría decir cualquier cosa menos que tuvieran alguna idea previa de lo que había que hacer.
El capital extranjero llegó en tromba para la construcción de ferrocarriles, un nuevo negocio que aventuraba grandes beneficios. En cinco años se construyeron nada menos que 3.000 kilómetros de nuevas vías. La industria metalúrgica del Norte se alzaba victoriosa frente a la andaluza, gracias a que disponía de carbón y la Bolsa alcanzaba uno de sus momentos de esplendor.
Todo aquello se manifestó en las costumbres alegres y divertidas de la época. Resurgió la zarzuela; se iba a los cafés o a las terrazas al aire libre a discutir y los toros alcanzaron una gran popularidad gracias a Cúchares; a la vez que se ponía de moda un nuevo baile, el chotis. La cosa duró hasta que empezaron los problemas y en 1863 O’Donnell dimitió.
Agitación
Al poco tiempo de esta prosperidad se produjo uno de los periodos más turbulentos de los que se tenga conocimiento en la historia de España. En seis años, de 1868 a 1874, sucedieron una serie de acontecimientos que en circunstancias normales llevarían décadas: un destronamiento, un régimen provisional, una regencia, una monarquía, una abdicación, dos repúblicas, tres guerras civiles simultáneas, otro régimen provisional, un nuevo intento de regencia y, por último, la restauración de la misma dinastía a la que se había echado. Increíble pero cierto.
Intentar explicar que es lo que pasó resulta una tarea casi imposible. No obstante, el problema social que había quedado sin resolver y la crisis económica son factores que pueden contribuir a entenderlo. El sueldo de un trabajador en Barcelona en 1867 solo llegaba para mantener a dos personas, o sea él y su mujer, de manera que si éstos tenían un hijo, el otro cónyuge tenía que poner a trabajar, si es que encontraba en qué. A eso hay que añadirle la crisis que se produjo en toda Europa, dos malas cosechas seguidas y la quiebra de las compañías de ferrocarriles, lo que produjo el cierre de fabricas y el despido de miles de obreros en un momento en que la escasez produjo una gran inflación.
Para tratar de arreglar aquello llegó la República, que se tuvo que estrenar en semejantes condiciones sociales y económicas. En realidad, cabe dudar que hubiese muchos republicanos. Basta señalar que cuatro ministros de Amadeo I de Saboya pasaron sin solución de continuidad a formar parte del nuevo gobierno antimonárquico presidido por Figueras.
A las primeras de cambio empezaron las escisiones, se desataron motines federales por todos lados y el presidente de la República no sólo se marchó del Gobierno, sino que se fue de España, convencido que en este país no había quien pudiera hacer nada. Le sucedió Pi y Margall, pero bastó la llegada de un federalista convencido para que empezasen a proclamarse repúblicas por todas partes: Cataluña, Málaga, Sevilla, Granada, Valencia, Cartagena y un montón de ciudades más, y hasta de pueblos. Concretamente, Utrera se declaró independiente de Sevilla y estalló una guerra entre las dos repúblicas, del mismo modo que entraron en guerra la república de Granada con la de Jaén, aunque lo peor fue que Cartagena, donde estaba gran parte de la flota y una buena guarnición, declaró la guerra a Madrid, en un conflicto sangriento que duró varios meses. ¿Qué paso para que hubiera tal desbarajuste? Realmente no se sabe, pero el caso es que aquello duró once meses.