Cerveza cántabra con sabor inglés

No es una cerveza extranjera, aunque se denomine Dougall’s, ni procede de una fábrica convencional. Sale de las proximidades de Liérganes y responde a una nueva cultura cervecera que ofrecen sabores más auténticos para satisfacer a consumidores que, gracias a las cervezas importadas, empiezan a ser conscientes de la amplia gama que existe. Andrew Dougall empezó a fabricar cerveza artesana hace seis años en Liérganes y Enrique Cacicedo, que ha conocido la eclosión de estas pequeñas industrias en Cataluña, comparte con él la convicción de que es posible hacerse un hueco en un mercado donde cuatro grandes multinacionales han impuesto un sabor casi único.
Las fábricas de cervezas emplean poco lúpulo, porque eso tiene la doble ventaja de conseguir un producto más barato y, al mismo tiempo, más fácil de admitir por el consumidor español, cuya cultura cervecera es reciente. Andrew Dougall emplea cuatro veces más y sus cervezas son más oscuras y amargas. Sabe que el mercado nacional no va a pasarse en masa a estas cervezas de carácter, pero a él le basta con una pequeña fracción del mercado.
Por el momento, su producto buscará el mercado que se ha abierto en Cataluña, donde la cerveza artesana ya tiene una clientela significativa, además de los pubs locales. Ahora que ha empezado a embotellar, también será posible adquirir la cerveza Dougall’s en los establecimientos de alimentación, aunque el público doméstico tardará en asimilar una cerveza más amarga de la que acostumbra a beber. Las grandes multinacionales que operan en España han conservado muchas de las marcas que adquirieron pero han optado por aproximar todos los sabores a un estándar muy accesible para todos los paladares.
Andrew Dougall, que al llegar a España desde su Londres natal se asombró de que la cerveza se sirviera en nuestro país fría y casi como un refresco, compara las cervezas de gran consumo con el vino en tetrabrik, un producto barato y sin pretensiones, destinado a complacer a públicos mayoritarios. Y se muestra seguro de la evolución de una parte de los consumidores hacia cervezas de más calidad, como ha ocurrido con el vino.
Cacicedo y él pretenden tener algo que decir en esta maduración del mercado y la fábrica que acaban de inaugurar en las cercanías de Rubalcaba representa un salto cualitativo con respecto a la que Dougall montó hace seis años en Liérganes, ya que podrá producir 90.000 litros al año en unas condiciones técnicas muy superiores, aunque se mantengan la utilización de productos naturales y el carácter artesanal.
En la planta, el agua caliente que se almacena en unos depósitos de acero inoxidable es mezclada con la malta. De esta combinación resulta un líquido dulce, un mosto, al que añaden otros ingredientes naturales, como el lúpulo –que, como la malta, procede del Reino Unido– para que adquiera unas características determinadas y poder producir distintos tipos de cerveza: rubia, tostada o negra.
Tras ser enfriada gracias a un intercambiador de calor, empieza un proceso de fermentación alta, durante cinco días, mientras la levadura que se añade forma una capa encima del líquido.
Tras varias semanas de maduración y sin otros componentes que los naturales, la cerveza ya está lista para ser distribuida y consumida.
Si la inciativa alcanza el éxito que esperan, la planta se podrá ampliar con facilidad. Depende de que el consumidor nacional asuma que el mundo de la cerveza es infinitamente más amplio de lo que suponía.

Más microcerveceras

La aparición simultánea en la región de un competidor, la cerveza La Mozuca, lanzada por un laboratorio de Torrelavega, no le preocupa a Dougall, quien recuerda que en Cataluña hay unas 40 microcerveceras, y se muestra convencido de que cuantas más surjan antes se acostumbrará el consumidor español a estos sabores.
Tras la eclosión de las bodegas de vinos en una comunidad donde no había tradición en producción y embotellado, la oleada de cerveceras parece más comprensible, puesto que hasta los años 70 hubo una gran fábrica de cervezas en Santander, La Cruz Blanca. Eran los tiempos en los que cada fabricante controlaba un territorio casi en exclusividad, porque el transporte no resultaba fácil ni barato. Y cada cerveza ofrecía un sabor característico, aunque la gama nunca fuese equiparable a la que tiene a su disposición cualquier consumidor alemán o británico. España se especializó en los vinos y en la destilación de licores, mientras otros países mostraron más interés por la cerveza. Quizá haya llegado el momento de adquirir esa cultura cervecera.

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