Glezco, un despacho local que abre en China

David González Pescador podría hablar el día entero sobre lo que ha encontrado en China. Sin embargo, como todos los empresarios cántabros que han ido allí, pudo resumir la primera impresión en muy pocas palabras: “No es como me esperaba”. Nadie se lo esperaba así.
La China a la que han llegado las industrias occidentales tiene muy poco que ver con la China rural, y es comparable a nuestras ciudades más avanzadas. Alguna, como Sanghai, incluso pueden dar lecciones de cómo serán nuestras ciudades en el futuro próximo.
Las redes de autovías y rascacielos avanzan a una velocidad tan sorprendente que transforman la realidad de un día para otro, algo que probablemente no podría producirse sin un sistema de planificación tan estricto y sorprendentemente coordinado como el que tiene China. Pero el sistema no lo resuelve todo. Ha creado las infraestructuras allí donde ha considerado que debía captar las inversiones occidentales y ha liberalizado algunos sectores industriales, con los que ya atemoriza a los competidores de todo el mundo, pero su red de servicios para empresas aún es muy incipiente, una carencia que pronto se notará en los gigantescos polígonos industriales que están en construcción.

Moverse en una cultura distinta

Glezco ya asesoró a la fábrica cántabra de productos dentales Fushima en su desembarco en China. A partir de esa experiencia decidió establecer una plataforma estable para seguir prestando servicios en aquel país, habida cuenta de los muchos problemas que plantea un cambio geográfico y cultural semejante para cualquier empresa española.
Las compañías extranjeras hasta ahora sólo podían entrar en el país en alianza con socios locales (joint-venture). Eso evitaba parte de los problemas, porque al menos había un socio que conocía los usos y el idioma pero, a medida que se han liberalizado los sectores, se han autorizado inversiones al 100% y la vocación de cualquier empresa internacional es tener el mayor margen de maniobra posible. A pesar de las ventajas iniciales, las alianzas afloraban un brutal choque de culturas, dado que las mayores empresas liberalizadas proceden del sector público y sus valores tienen poco que ver con los occidentales: “La misión no es expansionarse o el ánimo de lucro”, explica González-Pescador, “sino que en muchos casos conservan la cultura de dar trabajo al mayor número de personas posible” y esto difícilmente casa con los objetivos de su aliado occidental.

Apoyo a los inversores

El gerente de Glezco cree que es la oportunidad para que despachos como el suyo asuman el papel de tutelaje que antes hacía el socio local, para que las empresas extranjeras que llegan en tropel a China sean capaces de moverse en aquel país y tengan cubiertas muchas necesidades que allí no pueden atender por sus propios medios ni con sus proveedores habituales.
En China son muy importantes las relaciones institucionales, pero no sólo con los poderes políticos, de los que el inversor depende para la obtención de permisos o localizaciones, sino también con todo el entramado empresarial de proveedores y logística, del cual va a depender luego la vida de la empresa. Un campo muy sinuoso donde no es fácil saber moverse para un occidental.

Varias empresas estudian su implantación

Glezco ha establecido un acuerdo con un despacho local y ha abierto una oficina a la que desplazará a sus consultores, que se irán rotando. El primero será Manuel Lafuente, que inaugurará el despacho, situado en Tianjin, un puerto próximo a Pekín donde se han reunido muchos de los inversores occidentales, entre ellos todos los que ya han acudido de Cantabria, como Fushima o Textil Santanderina, que también está en proceso de abrir una fábrica. Dos empresas cuya estela van a seguir varias más, si se tiene en cuenta que Glezco maneja en estos momentos cinco proyectos de inversión en la zona.
Tianjin, situada a 120 kilómetros de Pekín y con unas magníficas autopistas que unen las dos ciudades, cuenta con un puerto que mueve 200 millones de toneladas al año (para comprender su dimensión basta indicar que el de Santander mueve 6). En la conurbación metropolitana que forman ambas ciudades se concentran 300 millones de personas. Tianjin es el corazón industrial de China, aunque tiene varios sectores sometidos a una dura reconversión, y sólo en sus alrededores se han asentado ya 9.000 empresas extranjeras, la mayoría de ellas norteamericanas, bastantes alemanas y, en menor número, francesas y españolas.
González-Pescador sostiene que la estrategia institucional de España en la zona es muy buena (la oficina Comercial en Sanghai la lleva un reinosano, Jorge Dajani, de quien hace grandes elogios). No obstante, advierte el problema que está planteando el que las diferentes comunidades autónomas españolas mantengan estrategias diferenciadas “por si no fuera suficientemente difícil crear en un sitio semejante la marca España”, dice.

Oportunidades para automoción, ingenierías y alimentación

La filosofía del despacho es apoyar a las industrias que han ido allí en las primeras oleadas y desarrollar un servicio de consultoría para empresas extranjeras que en muchos casos han de reorientar sus estrategias sobre la marcha cuando se encuentran con las oportunidades del país: “El mercado chino es tan absorbente, que la mayoría de las empresas que van allí acaban optando por fabricar para ese mercado”, explica.
Crear una fábrica en China no parece, a primera vista, al alcance de las medianas y pequeñas empresas cántabras, pero González-Pescador tiene otra idea al respecto: “Es un lugar de enorme interés para cualquier empresa auxiliar de automoción, porque las marcas ya están allí y China se ha convertido en uno de los mayores fabricantes de coches del mundo, con un mercado potencial inmenso”, dice.
En su opinión, los productores cántabros de piezas y componentes de automoción saben muy bien cómo trabajar con las multinacionales y las marcas confían en ellos como proveedores cualificados, algo que allí les cuesta mucho encontrar”. Por tanto, en bastantes casos pueden ir con el cliente ya en el bolsillo, como le ocurrió a Bravo con su nueva planta de México o con la que ahora pretende crear en Sanghai. Hay otros sectores que no tendrán tantas facilidades, pero que pueden tener tanto o más éxito, como el agroalimentario: “A medida que China se va occidentalizando”, explica González-Pescador, “demanda más productos de corte occidental, como los precocinados”. Un campo en el que podrían entrar muchas empresas locales y, especialmente, aquellas que ya conocen bien el país, como Froxá, que tiene allí parte de sus proveedores.
En una nación donde el crecimiento oficial medio de los últimos años es del 9% (hay quien dice que el real puede ser del 14%) y donde la población supera los 1.200 millones de personas, hay espacio para casi todo. Y otros campos con gran capacidad de absorción son la ingeniería y la gestión medioambiental. No obstante, González-Pescador evita crear expectativas desmesuradas: “El mercado chino no es más fácil que otros mercados, pero es inmenso. Que nadie piense que va a triunfar mañana, pero quien planifique a medio y largo plazo y tenga un actitud adecuada va a triunfar. China es ahora algo parecido a lo que era EE UU a comienzos del pasado siglo, un país de oportunidades”, sentencia.

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