Un colegio muy singular

Kurt Hann, un pedagogo alemán de origen judío convenció a un grupo de colegas en los años 50 para hacer colegios donde se juntasen jóvenes de distintas nacionalidades. La educación en común podía ser la forma de superar las divisiones que habían producido dos guerras devastadoras en Europa y con esa filosofía nacieron el Salem alemán, el Gordonstound escocés y el Outward Bound Trust galés, los tres centros de enseñanza que sirvieron de semilla a los actuales Colegios del Mundo Unidos (UWC), que pronto cumplirán medio siglo. Hasta el momento se han creado trece y el decimocuarto va a estar en Comillas, algo que el propio presidente del Banco Santander, Emilio Botín, ha considerado “de enorme trascendencia”.
Cuando abrió el primer colegio del Mundo en Gales (1962), el periódico The Times lo consideró como “el experimento más emocionante en educación desde la Segunda Guerra Mundial”. Es cierto que no habían pasado tantos años desde el final de la guerra pero, varias décadas después, su idea globalizadora parece mucho más clarividente ahora que el mundo se ha llenado de Erasmus y de escolares viajeros.
Juntar jóvenes de muchos países en los centros no fue su única innovación. A la formación académica de excelencia se le ha unido un programa muy completo de actividades lúdicas, deportivas y de creatividad artística, así como los programas de voluntariado que se realizan fuera de las aulas. Aunque los comités nacionales de la organización buscan jóvenes brillantes, a los que sufraga sus estancias mediantes becas –nadie puede acceder pagando–, su trayectoria académica puede llegar a pesar menos en la elección que otras aptitudes, como coordinar una publicación en su comunidad educativa, tener talento musical, dominar una disciplina deportiva o su implicación en una ONG. Eso hace que los alumnos sean realmente dispares y no sólo por sus orígenes nacionales, idiomas o razas.
Una vez en el Colegio del Mundo elegido, además de cursar el Bachillerato Internacional, tendrán que practicar una disciplina deportiva, potenciar su creatividad artística o hacer un servicio a la comunidad, desde atender a niños y enfermos a trabajos de rescate marítimo, como en Gales, o a integrarse en brigadas medioambientales, como hacen los alumnos de Hong Kong, aunque también en este terreno se potencia la iniciativa del estudiante.
Los Colegios del Mundo alcanzaron un rápido prestigio, a lo que contribuyó también la personalidad de sus presidentes. El primero fue Lord Mountbatten; su sucesor fue el Príncipe Carlos de Inglaterra y, en los últimos años, la responsabilidad está siendo compartida por la Reina Noor de Jordania y Nelson Mandela, cuyos hijos han pasado por estos centros.
El número de colegios ha crecido en los últimos años pero sigue siendo un club con muy pocos miembros. La última incorporación ha sido la del colegio de Maastrich (Holanda, 2009), una localidad bien conocida por otros motivos, y el siguiente será el de Comillas, que abrirá en el 2013. Todos ellos están situados en pequeñas ciudades y casi siempre en edificios singulares. Los alumnos de cada país se dispersan entre los centros de todo el mundo y eso explica que, como media, en cada colegio haya unas 80 nacionalidades, una pequeña ONU donde el idioma común suele ser el inglés, aunque también se propicia el aprendizaje y uso del idioma local.

Integrar el Mediterráneo y Latinoamérica

En Comillas, Colegios del Mundo volverá a dar vida a dos de los inmuebles de la Universidad Pontificia, al Seminario Menor y al Edificio Máximo (uno de los residenciales), donde en el pasado se formaron cientos de seminaristas y que durante décadas han permanecido prácticamente en desuso.
Cada uno de los centros tiene su propia filosofía, y el cántabro tendrá como misión el estrechamiento de los lazos históricos y geopolíticos de España con Europa, Latinoamérica y el norte de África. Los alumnos vendrán, sobre todo, de estas zonas y estarán becados por las fundaciones de sus países de origen, que se encargan de buscar financiación para pagar los 45.000 euros que cuestan los dos años de permanencia en los colegios.
En los patronatos de las fundaciones nacionales casi siempre hay personas de reconocido prestigio y antiguos alumnos, que se encargan de mantener viva la idea y de encontrar los recursos necesarios.
Los solicitantes de las plazas han de ser alumnos de 4º de la ESO o de 1º de Bachillerato, tener un buen expediente académico y algunos conocimientos de inglés. La selección para entrar en uno de los trece colegios dependerá, después, de varias pruebas destinadas a evaluar su mérito personal desde el punto de vista humano, académico y social.
En Comillas harán el Bachillerato Internacional 240 muchachos, de los cuales se incorporarán la mitad en 2013. No va a resultar barato. Rehabilitar los dos edificios usados por Colegios del Mundo le va a costar al Gobierno cántabro un mínimo de 36 millones de euros. Esos edificios serán cedidos a la UWC por 99 años a través de la Fundación Comillas. La tercera pata del proyecto es la Fundación Marcelino Botín, que integrará a los muchachos en algunos de sus programas de Educación Responsable que realiza con otros colegios de Cantabria y sufragará el 16% de las becas durante la primera década, además de una parte de los gastos de instalación.
Un profesorado multicultural tratará de inculcar a los alumnos un pensamiento crítico que les permita aproximarse a problemas complejos y tomar decisiones razonables. Así, durante su estancia en el UWC España –como se va a llamar el colegio– los estudiantes van a fomentar un espíritu investigador y emprendedor, mejorarán sus habilidades comunicativas y desarrollarán un espíritu solidario implicándose en los problemas de su entorno. De cómo potencien su espíritu creativo dependerá también su capacidad para encontrar soluciones ante las dificultades.

Un aire nuevo a Comillas

Los 240 jóvenes que vivirán en Comillas van a dar un aire fresco y vital a la villa, que será aún más evidente al añadirse el otro gran proyecto con el que compartirá el complejo de la Universidad Pontificia, el Centro Internacional de Estudios Superiores del Español promovido por la Fundación Comillas.
Juntos reverdecerán los tiempos más brillantes de este conjunto histórico fundado en 1890 por el papa León XIII a instancias del Marqués de Comillas. Desde que el Seminario cerró sus puertas en 1968, como consecuencia del descenso de vocaciones religiosas, su uso ha sido muy escaso y el patrimonio arquitectónico había llegado a un grado de preocupante deterioro. Tras la primera fase de la rehabilitación del edificio principal y la completa renovación del Seminario Menor y del Edificio Máximo, que serán ocupados por Colegios del Mundo, el lugar volverá a recobrar un puesto en la historia, como punto de irradiación de formadores en la lengua castellana y de futuros dirigentes del área mediterránea y latinoamericana. Además, UWC tiene la intención de propiciar un efecto multiplicador de su actividad con actividades dirigidas a profesionales y jóvenes ajenos al Colegio de todo el área mediterránea.
Para financiar estas actividades y las becas de los alumnos, la sección española de Colegios del Mundo va a buscar financiación entre empresas y particulares que tengan un especial interés en la promoción de la paz a través de la educación, en la cuenca mediterránea o en el desarrollo de las tecnologías vinculadas a la educación. También tratará de conseguir el apoyo de quienes están más interesados en el posicionamiento internacional de Comillas y de Cantabria. Hasta ahora ha conseguido el respaldo de grandes corporaciones, como el Banco Santander, pero su objetivo es conseguir la implicación de todo el entramado económico de Cantabria en la defensa de este proyecto.

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