La ciencia al día
El aire del interior de los coches
La contaminación no solo se produce en el aire de la calle, también en el del interior de los vehículos y no tenemos más remedio que respirarlo, por lo que debería estar tan limpio como fuera posible.
Tanto en el automóvil privado como en el transporte público se han ensayado muchas técnicas para mejorar la calidad de este aire, tratando de eliminar las partículas contaminantes gaseosas con el uso de filtros y precipitadores.
Tras varias pruebas recientes con filtros de fibra eléctricos se comprobó que funcionaban bien con el aire seco pero, en cambio, su rendimiento decrecía considerablemente cuando había humedad. Así se pasó a los filtros eléctricos con carga permanente, que podían recoger a la vez tanto las partículas cargadas de electricidad como las que no lo están y que, combinados con una corona cargadora, alcanzan un alto rendimiento. Pero sigue teniendo un defecto: no pueden combatir el humo del tabaco.
Un tercer sistema de precipitadores electroestáticos ha resultado ser el mejor hasta ahora porque consigue tasas muy altas de eliminación de partículas sin pérdidas importantes en la presión.
Robots y humanos
La coordinación entre los robots y los seres humanos tiene una gran relevancia en determinadas situaciones de crisis como las operaciones de rescate, donde se necesitan muy diferentes habilidades. Ahora acaba de desarrollarse un sistema de navegación personal que sirve para identificar de forma precisa todo lo que se mueve en un entorno, con independencia de que se trate de objetos artificiales o de humanos.
La principal novedad es su capacidad para valerse por sí mismo con un sistema de reconocimiento general sin necesidad de una infraestructura de localización. Podrá saber donde está la persona en una situación predeterminada a través de un mapa.
El agujero devorador
Un equipo internacional con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha observado qué ocurre en el entorno de SgrA* (Sagittarius A*), el agujero negro supermasivo que, con una masa cuatro millones de veces mayor que la del Sol, sigue devorando materia en el centro de la galaxia. Con la ayuda de los telescopios VLT y APEX, han detectado intensas fulguraciones producto del desgarramiento de las nubes de gas que giran a gran velocidad en torno al agujero antes de caer en él.
Los agujeros negros son difíciles de observar, pero SgrA* constituye un objetivo especialmente complicado ya que en el centro de la Vía Láctea hay enormes cantidades de gas y polvo que provocan que la radiación que emiten los objetos en la longitud de onda visible –el tipo de luz que ven nuestros ojos– se extinga por el camino. Por tanto, el estudio de esta región tiene que realizarse en frecuencias del espectro electromagnético capaces de atravesar este velo y cuantas más mejor, dado que es el único medio para obtener una imagen completa del fenómeno.
Combustible bajo el agua
En el fondo del mar no sólo están las llaves, como dice la canción infantil, también hay fuentes de energía sin explotar como los depósitos de gas metano. El problema es cómo encontrarlas, por lo que se están desarrollando técnicas para ver exactamente qué hay bajo el fondo y si merece la pena o no tirarse al agua para ir a buscarlo, a veces a kilómetros de profundidad.
Para evitar los problemas de descompresión que plantea esa búsqueda se están desarrollando herramientas autoclave de muestreo, capaces de recoger fragmentos del fondo sin remover los depósitos submarinos que puedan contener el gas.
Los pistones van equipados con una cámara de presión y pueden descender hasta los 2.000 metros y arrancar trozos de 2,5 metros a presión normal, lo que permite determinar in situ las concentraciones de metano.
Además, es capaz de asegurar cuatro tomas de un metro de espesor para análisis posteriores, que pueden almacenarse en barcos de casco de acero o en botellas a presión llenas de agua de mar, donde el gas va disuelto.