Cuatro empresas se alían para abrir una macrocantera invisible desde el exterior

El grupo de empresas que se ha lanzado a este proyecto, agrupado en la sociedad Eurocalizas, es propietario de nueve de las 18 canteras que operan en la región. Cuando culminen la larga tramitación administrativa que requiere la apertura de una explotación minera semejante habrán pasado al menos dos años y, en ese momento, varias de las explotaciones que ahora tienen abiertas serán cerradas. Algunas de ellas ya han comenzado a ser sometidas al proceso previo de restauración paisajística que exige la Ley de Minas.
La cantera de Llusa, que espera recibir el visto bueno de la Consejería de Medio Ambiente, marcará una nueva época para el sector, ya que será invisible desde cualquier punto exterior, dado que las extracciones se realizarán en la parte central del monte. De las novecientas hectáreas de este enorme peñasco calizo que se encuentra junto a la Autovía Santander-Bilbao, la explotación se centraría exclusivamente en 65 hectáreas del interior y las laderas no sufrirían más alteración que la boca del túnel por la que saldrían los camiones con la piedra que se extrae en el interior.
Para las cuatro empresas promotoras, la iniciativa supone entrar en una fase mucho más evolucionada de su actividad. Son conscientes de que la explotación de las canteras convencionales se encuentra cada vez con mayores problemas, por las molestias que originan, y que las autorizaciones para nuevas aperturas cada vez serán más escasas. Llusa es uno de los pocos lugares del entorno costero –donde se concentra la demanda de caliza– que no tiene viviendas alrededor (Villanueva de Anero, el pueblo más próximo, está a dos kilómetros) dado que se trata de un monte extenso y abrupto. Además tiene la potencia y calidad de caliza suficiente como para rentabilizar la gran inversión que requiere un sistema de explotación semejante. La posibilidad de extraer alrededor de dos millones de toneladas al año permitirá amortizar los 25 millones de euros de inversión necesarios, ya que necesita disponer de un largo túnel para la evacuación de la piedra y realizar un vaciado previo para situar la planta de tratamiento en una cota bastante inferior a los 330 metros de altura que alcanza la montaña en el centro.
La extracción seguirá la estructura de cono invertido tradicional, pero también en ese aspecto tendrá poco más que ver con el resto de las canteras, dado que el frente de la mina se limitará a dos bancadas, la que se encuentra en explotación y el nivel inmediatamente superior, que pasará a estar en restauración. Eso evitará el tradicional escalonamiento de piedra desnuda que caracteriza las canteras. En este caso, esa circunstancia sería mucho menos relevante, dado que no se verá desde el exterior, pero los redactores del proyecto han tenido un especial cuidado en todos los aspectos medioambientales para obtener el visto bueno administrativo. Con esa reforestación progresiva, en el momento en que se exploten los últimos niveles (en la cota 220, casi cien metros por debajo del punto de máxima altura del monte) ya estará restaurado todo el conjunto.
Una vez concluido el proceso quedará una gran explanada central en el interior de un circo de montañas a la que se accederá por un túnel, el que previamente se utilizará para sacar la piedra. Ese gran hueco central que quedará tras extraer los 50 millones de toneladas de caliza calculados, podrá ser utilizado con fines de ocio por los ayuntamientos de la zona y ya dispondrá de un parque forestal de especies autóctonas, el que habrá originado el vivero que se va a crear desde un principio para cubrir las necesidades de restauración paisajística de la mina a medida que avance la explotación.

Un lugar estratégico

Los promotores del proyecto van a tratar de convencer a la Administración de que la puesta en funcionamiento de la cantera de Llusa hace posible el mantenimiento de uno de los sectores estratégicos de la minería de Cantabria y no incrementará los costes ecológicos sino que los reducirá, ya que casi la mitad de la piedra de la región se obtendría en un solo lugar y sin impactos visuales, polvos o ruidos, amortizando otras explotaciones que sí los causan.
Antes se habían buscado otros emplazamientos, pero es difícil encontrar alguno comparable, tanto por la calidad y densidad de sus calizas de colores claros y buenas características de dureza, fragmentación y desgaste, como por la accesibilidad a la autovía. Su situación, además, es idónea para abastecer a la mitad oriental de la región, incluido el área metropolitana de Santander, la zona que más demanda concentra.

La evolución de las canteras

Eurocalizas realizó las primeras prospecciones en Llusa en el año 2000 y, desde entonces buscó la forma de presentar un plan de explotación avanzado para una actividad que tiene que resultar aceptable socialmente y competitiva durante los treinta años que se calculan para su aprovechamiento.
En realidad, las extracciones en las canteras han evolucionado en las últimas décadas. De la explotación tradicional a cielo abierto desde abajo hacia la cúspide, cortando secciones completas del monte como si hubiese sido afectado por un inmenso mordisco, se pasó a una extracción en bancos escalonados, pero manteniendo todo el frente abierto, lo que impedía restaurarlo hasta acabar la explotación, con el consiguiente efecto visual durante décadas.
La siguiente evolución fue la explotación de las bancadas de arriba hacia abajo, lo que ya permite la restauración casi simultánea de las zonas escalonadas.
De los tres formatos hay ejemplos sobrados en Cantabria. La tercera evolución de estos procesos de explotación sería el que ahora se propone, sin cortas a la vista, ni carreteras o pistas de acceso, dado que todo ocurre más allá del túnel que lo separa del exterior. Puede ser la forma de reconciliar las canteras con la ciudadanía.

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