La Artesana, una afición convertida en negocio
No es el primer caso en que una afición personal acaba siendo el germen de una experiencia empresarial exitosa, pero en Cantabria no es un caso habitual. La evolución de La Artesana, una pequeña sociedad de Ramales nacida para envasar algunos dulces caseros que elaboraban sus promotores, ilustra sobre las posibilidades que encierran aquellos proyectos que acierten a conjugar calidad, valores ecológicos y tradiciones locales.
Cinco años después de comenzar su andadura, la expansión de su mercado, el crecimiento de las ventas dentro y fuera del país obliga a La Artesana a plantearse el abandono de sus instalaciones para levantar una fábrica que le permita alcanzar los cerca de dos millones de euros de facturación en los próximos tres años.
Una aventura empresarial
Cuando en 1997 Javier Quintela y Borja Fernández acudieron a la Feria Biocultura, que se celebra en Madrid, la acogida que obtuvieron sus mermeladas naturales les animó a emprender una aventura empresarial en la que estaban lejos de pensar cuando realizaban sus trabajos de pintor industrial y cocinero, respectivamente. La inclusión de la esposa de Javier, Amaya Ruiz, como tercer socio les permitió poner en marcha una sociedad de transformación agraria (SAT) dedicada a la elaboración de mermeladas con componentes exclusivamente naturales y orientadas hacia un hueco de mercado muy específico: el destinado a los gourmets, tanto en mantequerías y tiendas especializadas como en grandes superficies.
Para iniciar su actividad alquilaron un pequeño local de poco más de 200 metros cuadrados, cercano al núcleo urbano de Ramales, en el que comenzaron a elaborar varias líneas de mermeladas –naturales, dietéticas, ecológicas y las elaboradas con mosto de uva como edulcorante–. Poco después, la gama de productos se ampliaba con peras (en almíbar, moscatel, vino tinto y chacolí), frutos secos en miel y chocolates.
La respuesta del mercado no se hizo esperar y la marca La Artesana comenzó a distribuirse por Cataluña, Valencia, Madrid y el País Vasco, además de Cantabria. Su inclusión en la gama de productos que se exponen en los Clubs del Gourmet de El Corte Inglés, le facilitó su difusión entre las tiendas especializadas en delicatessen.
La pulpa de fruta que utilizan como materia prima es traída desde Navarra por Iberfruta, un holding propiedad de la marca Helios, que surte a la gran mayoría de los fabricantes de mermelada de España. La fruta llega ya troceada y preparada para su transformación en mermelada. El azúcar o el mosto de uva y la pectina, un espesante natural que se obtiene de la corteza de limón liofilizada, completan los ingredientes utilizados para la elaboración de mermeladas. El pasado año, La Artesana transformó de este modo cerca de 35 toneladas de fruta.
Parte de los frutos silvestres que se utilizan como materia prima, como los arándanos y la frambuesa, se obtienen de las pequeñas plantaciones que han comenzado a surgir en Cantabria, apoyadas por el Centro de Investigaciones Agrarias que la Consejería de Agricultura tiene en Muriedas.
Una vía hacia la exportación
Aunque La Artesana venía realizando desde hace tiempo pequeñas exportaciones hacia países como Japón o Alemania, su integración en el consorcio exportador Cadex ha supuesto el definitivo despegue hacia nuevos mercados. La empresa ramaliega ha comenzado a exportar a distribuidores de Nueva York, Miami y Chicago, ha aumentado su presencia en el mercado alemán, y las ventas en el exterior suponen ya el 20% de su facturación. “Yo tenía claro que en España el hueco que me iba a poder hacer con mis productos era muy pequeño –explica el gerente de La Artesana, Javier Quintela–. No podía competir con las marcas industriales asentadas, por eso nuestra gran obsesión era vender fuera y ahí ha sido clave el papel jugado por el consorcio y el apoyo que nos han dado las instituciones”.
El próximo mes de junio, La Artesana participará, junto a los otros integrantes del consorcio –Agua de Solares, Conservas Blanco Abascal, Congelados Froxá, Tinamenor y Panusa– en la feria de alimentación de Nueva York. El retroceso experimentado por los productos franceses ante los consumidores norteamericano, a raíz de la guerra de Irak, ha generado para otros países una expectativa de mayores ventas en ese importante mercado.
Una fábrica en la zona oriental
Para la ubicación de la nueva fábrica, los responsables de La Artesana continúan inclinándose por la propia localidad ramaliega, aunque la ausencia de suelo industrial y la tardanza en poner en marcha el anunciado polígono, son importantes obstáculos para continuar asentados en esta localidad. De no ser allí, La Artesana buscaría un nuevo emplazamiento en la zona oriental de Cantabria. La superficie útil que requeriría la nueva fábrica no superaría los 1.500 m2, y la inversión prevista se aproxima a los seiscientos mil euros.
Una plantilla de nueve personas –ahora son cinco–, bastaría para atender las necesidades de producción de la fábrica, incluidas las marcas blancas que también elabora y una nueva línea de mermelada semiindustrial destinada a las grandes superficies. Entre los proyectos de La Artesana se encuentra también la ampliación de su gama de productos con dulce de membrillo, frutos silvestres en almíbar y licores de frutas por maceración.
La buena marcha de esta empresa cántabra, que ha duplicado su facturación en el último año, no ha pasado inadvertida a las grandes marcas que dominan el mercado de mermeladas y que valoran la posición alcanzada por La Artesana en el sector de las delicatessen. Helios ha realizado ya una oferta de compra, pero los propietarios de esta pequeña empresa artesanal desean asentar su proyecto y alcanzar unas metas de expansión que parecían inimaginables cuando iniciaron su aventura.