Talleres Robledo busca el mercado santanderino

Fue el primer taller cántabro de automóviles en introducir la idea de prestar un coche al cliente mientras le reparaban el suyo. Un servicio sin el que hoy ya no se entiende esa actividad. Con iniciativas como esa, ha convertido su pequeño taller de chapa y pintura en el que más factura a las compañías aseguradoras de todo el norte de España. Y todo eso lo ha hecho desde un polígono industrial de Los Corrales, superando las desventajas de no estar ubicado en un gran centro de población.
Ahora, Talleres Robledo se enfrenta a un nuevo reto, el de conquistar el mercado de Santander y lo hace con una fórmula novedosa, la apertura de un centro de recepción de vehículos, del que el cliente sale montado en un coche de sustitución mientras el suyo es trasladado a las instalaciones que Robledo tiene en Barros para su reparación.
La idea de aproximarse a Santander no es nueva para esta firma de Los Corrales. Desde hace años sus dos propietarios, los hermanos Fernando y César Robledo, planeaban abrir una delegación en la capital cántabra, un taller como el que tienen en el polígono del Valle de Buelna. Pero eran tiempos de bonanza y la idea se fue posponiendo ante la carga de trabajo que afrontaban en sus instalaciones de Barros. Paradójicamente, es ahora, cuando la crisis también golpea al sector de la reparación de automóviles, cuando los Robledo retoman el proyecto, aunque con un importante cambio en su planteamiento inicial. Ya no se trata de abrir un taller, sino un centro de recepción que permita captar nuevos clientes para optimizar el aprovechamiento de las instalaciones de Barros, donde tiene 5.000 m2 en los que puede afrontar cualquier tipo de reparación de chapa, mecánica o eléctrica del automóvil.
En 2008, antesala de la crisis, Robledo cerró el ejercicio con 4.700 vehículos reparados y una facturación de cuatro millones de euros. Cuatro años después, las reparaciones han descendido a 3.700 y la facturación hasta los tres millones de euros. La capacidad del taller no se ha reducido por lo que puede absorber sin problemas las reparaciones que provengan de Santander.
El centro de recepción para captar el mercado de la capital lo han situado en una nave del polígono de Candina donde dos técnicos presupuestan el coche averiado y coordinan su traslado hasta la sede central. Cuando se trata de reparaciones que van a durar varios días, al cliente se le facilita inmediatamente un coche de sustitución, sin coste añadido y sin límite de kilometraje. Para esta flota de vehículos en préstamo los Robledo han adquirido diez Volkswagen Golf, que se añaden a los otros sesenta vehículos de gama media-alta con que ya contaba.
El horario es otro de los atractivos del nuevo centro, ya que está abierto ininterrumpidamente de nueve de la mañana a nueve de la noche y de lunes a sábado.
El servicio que se presta desde Candina no está pensado para averías menores o para tareas de mantenimiento del automóvil pero no descartan abrir en el futuro un taller mecánico en la misma nave, aprovechando los 1.000 m2 de que disponen.

Depender menos de las aseguradoras

La apuesta es algo más que una estrategia de atención al cliente o para preservar los 27 puestos de trabajo de la plantilla. Tiene que ver también con la reorientación del negocio hacia un futuro menos dependiente de las aseguradoras.
El trabajo de los talleres de automóviles está estrechamente ligado a las compañías de seguros, hasta el punto que la facturación de algunos de ellos depende en un 90% de estos poderosos clientes. En Robledo esta dependencia es de aproximadamente el 70%. Mientras la actividad económica se mantuvo en auge, esas relaciones han sido beneficiosas para ambas partes pero la crisis también se está haciendo notar en la cuenta de resultados de la aseguradoras, sometidas, además, a una competencia feroz entre ellas. El resultado es que, para mejorar sus cifras, presionan duramente a los talleres, obligándoles a rebajar sus precios si quieren seguir siendo concertados. “Antes teníamos muy claro que las compañías aseguradoras nos iban a proporcionar mucho trabajo y ha sido así –explica Fernando Robledo–, pero las reglas de juego han cambiado”, lamenta.
A esto se une que las previsiones para el sector de las reparaciones no son nada halagüeñas. Ya sea por una mayor concienciación de los conductores, por el éxito del carnet por puntos o por las restricciones que se van imponiendo sobre el tráfico, el índice de siniestralidad está bajando deprisa, una noticia muy buena desde la óptica de la seguridad pero no tanto para los talleres de chapa.
Las previsiones de las consultoras apuntan a que en España desaparecerán 15.000 talleres de los 40.000 que existen en la actualidad. Una previsión que, proyectada sobre Cantabria, supondría el cierre de más de un centenar de los 440 que tiene la región.
Esa reducción del mercado, unida al poder excesivo de las aseguradoras, aconseja un cambio de estrategia y que el cliente particular pase a primer plano. Fernando Robledo resume de este modo la suya: “Nosotros lo que potenciamos con este centro es que el cliente sea nuestro y no de la compañía”. Para ello se basa en la libertad que tiene el asegurado para elegir el taller al que quiere llevar su coche dentro de los concertados con la aseguradora. Con la puesta en marcha del centro de recepción de Santander confía en que el cliente tome la iniciativa a la hora de indicar a la grúa donde quiere llevar su coche. Para ello ha arriesgado 350.000 euros, una inversión más que razonable si consigue introducirse en el importante mercado de Santander.
La experiencia le servirá de test para un plan mucho más ambicioso, el de exportar este modelo de atención al cliente a las comunidades vecinas mediante la apertura de otros centros de recepción en sus capitales. Será la prueba definitiva de que ha sabido interpretar correctamente las señales que envía el mercado.

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