El foro verde
Es encomiable el esfuerzo realizado por diferentes instituciones, administraciones e incluso por parte de bienintencionados particulares y ONGs para concienciar a los ciudadanos, especialmente a los más jóvenes, sobre la importancia de una adecuada conservación del medio ambiente. Por desgracia, la sensibilización no ha ido siempre acompañada de una adecuada información, ni formación.
La diferencia entre alguien sensibilizado y alguien informado es la misma que existe entre una película de dibujos animados sobre animalitos y un documental de la National Geogra-phic Society. Mientras que los primeros se piensan que los osos polares son peluches amorosos, los otros saben que se trata de unos carnívoros enormes y, sencillamente, brutales. Sí, brutales. Todos los animales irracionales lo son por definición y muchos de los racionales, por vocación.
El problema trasciende, pues el individuo hipersensibilizado pero muy desinformado, además de patético, puede ser peligrosamente absurdo, aunque lleno de buenas intenciones, y un blanco fácil para cualquier manipulador.
La cosa se puede empezar a poner muy, pero que muy peligrosa si el sensibilizado y desinformado ostenta algún tipo de poder terrenal, ya sea por gracia de la voluntad popular, la sabiduría del dedo designador o por mérito de una oposición o proceso selectivo que se hizo (si se hizo) hace 20 años, por ejemplo.
En el terreno medioambiental vamos a encontrar siempre un campo abonado para sembrar inquietudes. Y si se junta lo ambiental con la salud y se trufa con unos retoques de tierna infancia, ya tenemos el tinglado montado, la noticia servida y al pueblo soberano acojonado. Y es aquí donde resulta especialmente delicada la actuación de ciertos gremios, profesionales, castas o como se quieran llamar.
Cojamos al azar a los periodistas, que por su importante función en esto de la sensibilización tienen más responsabilidad. Cualquiera que se haya asomado a la prensa diaria podría haber deducido que el Mar Cantábrico nos iba a engullir mientras yacíamos en una exigua playa. Eso es lo que podría haber pensado el sensibilizado lector hasta que los que sí saben del asunto salieron a desmentirlo.
Y, a nivel internacional, pueden pensar que los carpantas de la hamburguesa son también responsables del aceleramiento del cambio climático (ése que se va a cargar a los osos polares), por la vía más indirecta, colateral y escatológica posible: la del fomento de la cabaña bovina, con toda esa pila de vacas tirando metano de manera insostenible.
El tema medioambiental no es una moda pasajera. Está aquí para quedarse y es conveniente hacer un mayor esfuerzo en la formación de quienes más han de predicar en esta materia, como periodistas, profesores, funcionarios y autoridades. Y eso que queremos suponer que ese afán evangelizador se nutre con la mejor intención posible.
La etapa de la sensibilización ya pasó. Ya está todo el mundo sensibilizado y concienciado. Ahora es absolutamente necesario formar e informar. De la incómoda verdad, si se quiere, pero de TODA la verdad. Pues ya se sabe que una verdad a medias es la peor de las mentiras.
Martín J. Silván
Dtor. de Industria,
Innovación y
M. Ambiente de la Cámara de
Comercio de
Cantabria