Un mar de combustible que desaparece
En un mercado de 9.000 gasolineras, con 45.000 tanques de combustible, como tiene España, y decenas de miles de tanques más en hoteles, colegios, industrias y comunidades de vecinos, el control de las filtraciones siempre ha sido un importante campo de negocio y de preocupación. Hay que tener en cuenta que todos los años han de pasar una revisión para controlar las pérdidas y que éstas tienen unos efectos económicos tan relevantes como los ambientales.
El trabajo se ha sofisticado extraordinariamente, tanto para mejorar la calidad de las mediciones, como para evitar la paralización de la actividad en la gasolinera. Todo ello ha conducido a la utilización de sistemas óptico–sonoros, que permiten mediciones tan exactas del nivel como para detectar las variaciones milimétricas producto de pérdidas.
La primera empresa del país en utilizar procedimientos de medida capaces de detectar fugas en los tanques de combustible conforme a la nueva normativa del Ministerio de Industria (menos de 100 ml/hora) es la cántabra Treisa, lo que le ha abierto un amplio mercado. A pesar de la enorme precisión necesaria para alcanzar estas mediciones se realizan sin necesidad de introducirse en el tanque ni de detener la actividad de la estación de servicio, excepto en el breve plazo en que se efectúa la medición de la evolución de altura del tanque a través de este mecanismo robotizado.
Las estadísticas de EE UU indican que el 17% de los almacenamientos pierden combustible. Treisa indica que, aun en el hipótesis de que en España únicamente fuesen el 10%, y su pérdida se limitase al estricto máximo legal, se estarían vertiendo cada día 480.000 litros de combustible imperceptiblemente. Al margen del quebranto económico (63 millones de euros al año perdidos) estas filtraciones de hidrocarburos crean un problema de contaminación de suelos, aguas y alimentos que nadie puede valorar.
Consciente de ello, la empresa cántabra ha ampliado su campo de negocio hacia la regeneración de tanques enterrados. Frente al procedimiento convencional, que exige detectar todos y cada uno de los poros del depósito y reforzar la chapa para sanearlos, el procedimiento de Treisa se basa en la instalación de una doble pared interior que garantiza la estanqueidad total con carácter indefinido. Después de vaciado el tanque y saneado de gases, los operarios aplican unas resinas que, una vez solidificadas, crean otro depósito interior. De esta forma, aún en el caso de que el tanque metálico original llegase a desaparecer por completo como producto de la progresiva corrosión, permanecería intacto el de polímero.
Esta solución técnica evita la extracción de los tanques viejos para su sustitución. Un proceso que, en ocasiones resulta tan problemático que los propietarios optan por dejarlos enterrados, anularlos,e instalar otro.
La empresa cántabra piensa ahora en los mercados exteriores, y gestiona la creación de una sociedad mixta en Rumanía, desde donde trata de abrirse camino en los países que ahora entrarán en la UE. También tiene avanzado un acuerdo para la creación de otra empresa mixta en Andorra.