Los precios de los seguros se disparan tras el atentado de Nueva York
La onda de choque de los acontecimientos ocurridos en Estados Unidos en septiembre del pasado año golpeó con especial dureza al sector asegurador y sus consecuencias no se han hecho esperar. La anunciada elevación de primas no ha afectado sólo a los grandes riesgos industriales, sino que, en mayor o menor medida, se ha extendido a todos los ramos, que incrementarán sus precios para el presente ejercicio entre un 10% y un 20%.
Aunque han sido pocas las compañías europeas de seguros directamente afectadas por la destrucción de las Torres Gemelas, los daños causados por aquel atentado –que las últimas estimaciones sitúan en una cantidad cercana a los nueve billones de pesetas– van a recaer indirectamente en todos nosotros. Las primeras afectadas han sido las grandes reaseguradoras internacionales y su reacción, elevando los precios del reaseguro que contratan a estas compañías la mayoría de las aseguradoras mundiales, ha tenido su correlato en la subida que estas compañías están aplicando ya a las pólizas que se contratan para el presente año.
El sector ha tenido que defenderse en un momento en que las aseguradoras empezaban a levantar la cabeza, después de varios años difíciles, sobre todo en el ramo del automóvil. El pasado año, el volumen de primas creció en España un 2,4% y en Cantabria los seguros mueven cerca de 30.000 millones de pesetas en los ramos más tradicionales; una cifra que se duplica si se incluyen las pólizas de ahorro y planes de pensiones.
Sin embargo, el crecimiento en el volumen de primas que se registra en el sector se debe más a las subidas de precio que a la contratación de nuevas pólizas. España es uno de los países de Europa donde la cultura del seguro se encuentra menos extendida y la contratación en nuestro país es tres veces inferior a la media europea. Así, mientras que las aseguradoras facturan en la Unión Europea 3.000 euros (medio millón de pesetas) por habitante y año, en España no se superan los 1.000 euros (166.386 pesetas).
El potencial de crecimiento que se deduce de estas cifras convierte al mercado nacional en uno de los más apetecibles para las compañías europeas, cuyo masivo desembarco ha provocado una fuerte reestructuración del atomizado mercado español, reduciendo las más de cuatrocientas aseguradoras que existían hace cinco años, a menos de la mitad.
El auge de la responsabilidad civil
El reconocimiento legal de los derechos de los consumidores –que obliga en muchos casos a suscribir un seguro para la realización de determinadas actividades profesionales– y la mayor información de los afectados por un siniestro, ha estimulado el crecimiento de una “cultura de la reclamación” que comienza a hacer mella en las propias aseguradoras. “La gente ya ha aprendido a reclamar –señala el presidente del Colegio de Corredores de Seguros de Cantabria, Luis Vélez–; es un concepto que está muy asumido hasta el punto de que la responsabilidad civil empieza a ser un ramo peligroso para las aseguradoras”.
La reticencia de las compañías a contratar determinadas pólizas hace que, en ocasiones, el aseguramiento de ciertos riesgos en el ámbito de la responsabilidad civil resulte más sencillo en aseguradoras que no tienen implantación en España pero que están autorizadas a trabajar en régimen de libre prestación de servicios: “Aquí hay compañías muy tradicionales y hay ciertos riegos que no quieren asegurar –explica el corredor de seguros Javier Flor– por lo que nos vemos obligados a buscar esos productos en compañías extranjeras con libre prestación de servicios”. En este apartado entrarían los riesgos medioambientales, el transporte de mercancías peligrosas, el aseguramiento de festejos populares o la propia responsabilidad civil de los ayuntamientos.
La aplicación de la responsabilidad civil ha impulsado la creación de nuevas modalidades de seguros obligatorios en ámbitos tan dispares como la edificación, el uso de motos náuticas y embarcaciones de recreo o la posesión de animales domésticos potencialmente peligrosos. Una obligación esta última recientemente endurecida con la exigencia a los propietarios de perros considerados como peligrosos de un seguro de responsabilidad civil por daños a terceros con una cobertura no inferior a 20 millones de pesetas.
Precios al alza para el automóvil
Aunque con menor intensidad que en los dos últimos años, el seguro del automóvil continuará incrementando sus tarifas. La lucha por conseguir cuota de mercado sin importar los precios, desatada tras la aparición de las compañías de línea directa que hacen el contrato por teléfono, pertenece al pasado. La acumulación de pérdidas ha llevado a las aseguradoras a aplicar continuas subidas en las pólizas de los automóviles que aumentaron un 20% de media en el 2000 y un 30% en el 2001. Para el presente año se espera un menor incremento, con una subida que podría situarse alrededor del 15%.
La razón de esta escalada de precios hay que buscarla, en buena parte, en la fuerte siniestralidad, cuyo coste, la patronal de los seguros Unespa, calcula en un billón de pesetas, de los que 700.000 millones van destinados a indemnizar los daños causados por lesiones. Para disminuir el riesgo, las aseguradoras han extremado su celo a la hora de contratar nuevas pólizas. Las tarifas se han personalizado hasta el límite, y la edad del conductor y el tipo de automóvil son circunstancias que pueden penalizar e incluso impedir la contratación de un seguro.
Un estudio elaborado por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) en junio del pasado año ha revelado los criterios tan restrictivos que aplican las compañías a la hora de contratar seguros de automóviles. Según este informe más de la mitad de las aseguradoras rechazan habitualmente a los conductores menores de 25 años y que cuenten con menos de dos años de experiencia. La antigüedad y el tipo de vehículo también puede ser un hándicap, y las motocicletas o los vehículos con más de seis años encuentran serias dificultades a la hora de su aseguramiento.
Para aquellos conductores que no encuentren ninguna compañía dispuesta a cubrir sus riesgos, existe siempre la posibilidad de acudir al Consorcio de Compensación de Seguros, que está obligado a hacerse cargo de esta cobertura. Este organismo realizó en 1999 más de 13 millones de pólizas, muchas de ellas de motocicletas, que es el tipo de vehículo más propenso a ser rechazado por las aseguradoras.
Un ejemplo de las crecientes dificultades para contratar este tipo de seguros, es la peripecia vivida por los taxistas de Santander que tuvieron que solicitar el pasado mes de diciembre la mediación del alcalde con Caja Cantabria para encontrar una aseguradora. Finalmente, Segurcantabria, filial de la Caja, consiguió que la compañía con la que habitualmente trabaja, aceptase como clientes a los taxistas. Las compañías basaban su negativa a asegurarles contra terceros en el elevado riesgo de siniestralidad que conlleva un vehículo con muchas horas de rodaje por la ciudad.
Los altos precios que ha alcanzado el seguro del automóvil son, en opinión de La Oficina del Asegurado (OFA), una de las razones que explican la existencia de los dos millones de vehículos que, según sus estimaciones, se mueven por las carreteras españolas sin asegurar. Para Unespa, esa cifra no se corresponde con la realidad, y el porcentaje de vehículos que circulan sin seguro obligatorio es similar al de la media de la UE (un 5 %) lo que equivale a 800.000 unidades sobre un parque total de 23 millones de vehículos.
Pero tras la subida de precios no se esconde sólo el quebranto causado por la elevada siniestralidad. Detrás de esa subida de tarifas se encuentra también la caída de los beneficios financieros que las compañías venían obteniendo en los bancos por las primas captadas y que compensaban con creces el pago de indemnizaciones por siniestros.
“La guerra de precios entre compañías para conseguir más primas terminó al bajar los beneficios de las inversiones financieras –explica Jose Antonio Rodríguez–. Las aseguradoras se han visto obligadas a rectificar esa estrategia y, como consecuencia, las compañías ya tuvieron el pasado año beneficios en el ramo del automóvil”.
Mayor protagonismo de la banca
La irrupción de la banca en la venta de seguros es pausada pero no se detiene y la distribución de seguros en sucursales bancarias es cada vez mayor. Según revelan los datos de la Asociación de Estudios de las aseguradoras, ICEA, el 22,8% de los nuevos contratos se realizan en oficinas de bancos y cajas, pero dado el peso que tienen en productos de prima única, concentran más del 61% de las nuevas primas ingresadas por el sector.
Hasta hace algún tiempo se entendía esta competencia de los bancos hacia las aseguradoras como una intromisión hostil en su terreno, pero el tiempo puede llegar a convertir a competidores en aliados y detrás de este creciente protagonismo de las sucursales bancarias en la captación de seguros pueden entreverse ahora los acuerdos de colaboración entre ambos. Las aseguradoras, que en sus propias oficinas sólo captan el 6% de las pólizas, han llegado a la conclusión de que a través de las oficinas de los bancos y cajas pueden multiplicar sus puntos de venta y llegar más fácilmente a los clientes.
De esta forma, las entidades financieras captan ya 60 de cada cien nuevas pólizas de los seguros de vida. Sin embargo, este éxito no se extiende a otros ramos. Especialmente en automóviles y multirriesgos, los agentes y corredores continúan manteniendo su preeminencia. En concreto, las primas de seguros canalizadas en España el pasado año por las corredurías superaron los 4.280 millones de euros (800.000 millones de pesetas) y se estima que la participación de estos mediadores en la distribución del mercado asegurador alcanza el 11% y su porcentaje seguirá creciendo, a costa de los agentes, cuya cuota se reduce año a año.
La inminente aprobación de una directiva comunitaria sobre mediación de seguros, regulará con más claridad el papel de estos profesionales en el cada vez más complejo mercado de los seguros y servicios financieros. “Los corredores somos profesionales independientes que no tenemos nada que ver con las aseguradoras –subraya Javier Flor–. Para las compañías somos incómodos porque velamos para que se preste a nuestros clientes el servicio que realmente consta en las pólizas. Nuestro único vínculo, concluye Flor, es con nuestros clientes a los que asesoramos en la cobertura de sus riesgos”.