De vuelta

Cada año vuelve a la región un mayor número de emigrantes con intención de quedarse definitivamente. En parte es producto de la mejoría económica española que hace menos atractiva la permanencia en el exterior, pero en otra parte muy significativa es consecuencia de haber finalizado su vida laboral.
Las cohortes de nacidos en los cuarenta, que optaron por la emigración a finales de los cincuenta o en los comienzos de los años 60 ante la falta de expectativas del mercado nacional retornan al llegar a la jubilación en un porcentaje significativo, aunque aún no bien estudiado. En unos casos, porque la pensión que van a recibir del país donde han trabajado tiene una mayor capacidad de compra en España, como ocurre con aquellos que emigraron a Alemania, Suiza y otros países europeos. Entre quienes se fueron a Iberoamérica, las situaciones son muy variadas, pero la mayoría se ha encontrado con fuertes pérdidas patrimoniales como consecuencia de las devaluaciones que han padecido México, Brasil o Argentina, y los que aún están en activo, con la pérdida del empleo o con horizontes de incertidumbre.

Rápido crecimiento de los retornos

En el 2001, retornaron a Cantabria 498 personas que habían permanecido emigradas frente a los 396 del 2000 o los 352 del año 1999. Hay que tener en cuenta que en 1993 volvieron 195, para comprobar la progresión, que en una década ha llevado a duplicar los regresos.
De las 498 personas que volvieron a Cantabria en 2001, casi la mitad (230) llegaron desde Europa (198 de la UE y 32 del resto del continente); otras 248 personas procedían de América; 11 regresaron desde Asia; 5 lo hicieron desde Oceanía y cuatro desde África.
Desde hace años, el mayor porcentaje de retornados procede del continente europeo. Hay dos razones que lo justifican. Europa se convirtió a partir de la década de los sesenta en el principal destino de los trabajadores cántabros emigrados y parecen más enraizados con su país de destino aquellos que emigraron a América, donde su nivel de vida proporcionalmente superior a la media de la nación de acogida y la lengua les ha invitado tradicionalmente a quedarse allí.

Un volumen digerible

El fenómeno de la emigración española fue apagándose en los años 70 y prácticamente desapareció en los 80, a excepción de la que afectaba a trabajadores muy cualificados, que han optado iniciar su carrera profesional en lugares con más salidas o con mejores perspectivas de cara a su curriculum. Los españoles como mano de obra sin cualificar hace tiempo que han sido reemplazados en los países de destino por extracomunitarios, por lo que la mayoría de quienes se fueron han optado por el retorno, si bien las estadísticas demuestran con mucha claridad que antes de volver sondean las posibilidades del mercado local, al menos aquellos que todavía están en activo. Basta echar una ojeada a las cifras para comprobar cómo aumentan los retornos en los años con mayor creación de empleo en Cantabria, y se ralentizan cuando la economía local no es capaz de absorberlos.
En cualquier caso, los 3.334 retornados en los últimos diez años no pueden considerarse un regreso masivo ni han supuesto un incremento significativo de la fuerza laboral de la región ya que apenas representan un 1,5% de la población activa local.

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