Vendido… y por fin usado

Algunas de las carreteras por las que circulemos en los próximos años habrán tenido algo que ver con la catástrofe del ‘Prestige’. En su interior habrá mantas de geotextil, el mismo material que manejaban las personas que trabajan en las tareas de limpieza de las playas. Se trata de un tejido sintético que incluye una membrana que contribuye a aislar superficies, por lo que se utilizan en el sector de la construcción para separar materiales con diferentes propiedades o drenar y filtrar determinadas partículas.
Hace cuatro años se le encontró un uso bastante distinto: el geotextil atrapaba las bolas de fuel que ensuciaron las playas cántabras tras el hundimiento del petrolero, por lo que se utilizó para forrar algunas herramientas que se empleaban para limpiar de forma manual. Al pasar por las manchas los rodillos de hidrosiembra preparados de esta manera, las bolas de petróleo que había sobre la arena acababan pegadas en el tejido, quedando la playa limpia, por lo menos hasta la siguiente marea.
Aunque se empleó mucho geotextil durante el tiempo que se prolongaron las tareas de limpieza, aún sobraron 120.000 metros cuadrados que no se llegaron a utilizar y que quedaron almacenados en instalaciones de la antigua mina de AZSA en Reocín.
Muchas cosas han cambiado desde el vertido. Entre ellas, el nombre y los gestores de la empresa pública que gestionó la crisis. La Empresa de Residuos de Cantabria (ERC) es ahora MARE, (Medio Ambiente, Agua, Residuos y Energía) y el actual equipo directivo ha sacado a subasta parte de los materiales excedentes de esa época.
Sin embargo, no todo el material que utilizaron los voluntarios o los contratados esos días es igual de apetitoso para empresas o particulares. ¿Quién puede querer más de 1.000 kilos de plástico o 73 rodillos? O ¿cómo dar salida a centenares de rastrillos o de cubos que pueden tener un uso particular pero que sólo tendrían colocación vendidos de uno en uno.
De hecho, el plástico y los rodillos no han corrido la misma suerte que el geotextil, pero no puede descartarse que en otra ocasión se presente alguna oferta, porque habrá más oportunidades. En parte, esta primera subasta se ha concebido como una prueba para conocer la mejor forma de dar salida a tanto material. El resultado no ha sido tan malo para MARE, ya que de seis lotes que ponía en circulación ha vendido cuatro, incluidos barreños y caballetes de madera adquiridos por particulares.

Interés

El primer paquete sacado a subasta estaba compuesto por seis lotes: 120.000 metros cuadrados de geotextil, 170 retrocribadoras, 73 rodillos, 45 caballetes de madera, más de 1.000 kilos de plástico y 700 cestos o barreños. Hubo productos que despertaron interés y los 13.000 euros de precio de partida acabaron siendo 24.000, al concurrir varias pujas en algunos lotes, quizá porque el precio era atractivo para las empresas. Así, el geotextil (300 bobinas) salía a 0,114 euros por metro cuadrado; las cribadoras, a 2,40 la unidad y los rodillos de hidrosiembra a 26,40 euros cada uno. Cada caballete costaba 0,80 euros; el kilogramo de bobina de plástico partía del precio de un euro y los barreños que tan habituales se hicieron de la mano de los limpiadores del fuel, oscilaban entre los 0,7 y los 3,9 euros la unidad.
La subasta se realizaba mediante ofertas en sobre cerrado. Esta primera experiencia ha servido para comprobar que funciona bien para dar salida a los excedentes, pero también para percibir los fallos a corregir en siguientes ocasiones. Por ejemplo, ante la constatación de que hay productos que no son de un uso común, en la próxima subasta se probará a reducir el tamaño de los lotes. O en los utensilios menos atractivos se intentará conseguir un precio que resulte más interesante. También se dará más publicidad a la subasta para que cualquier particular o empresa puedan realizar una oferta.

Un trabajo arduo

La organización de las subastas no ha sido fácil. Primero hubo que inventariar todo el material que sobró una vez fue dada por concluida la limpieza de las playas cántabras. La catalogación resultó un trabajo arduo, dado el ingente material que se acumulaba en los almacenes y los condicionantes físicos para ordenarlos. Además, había que diferenciar el material totalmente nuevo, (el que no llegó a usarse) del que sí fue utilizado pero que es posible volver a emplear. También era importante la valoración, ya que se parte de las tarifas oficiales, pero hay que tener en cuenta factores como el período que llevan sin utilizar. Luego, los lotes han de ser trasladados a la nave que sirve de exposición, para que los interesados pueden verlos por sí mismos de cara a calcular la oferta que pueden presentar. No fue posible hacerse una idea completa del espacio que ocuparían muchos materiales hasta que no fueron desplegados en la nave donde se han expuesto.
En la propia MARE aún no saben cuántas subastas más será necesarias hasta poder deshacerse de todo lo que hay en Reocín. En el improvisado almacén de la antigua mina permanecen 24.000 monos de papel nuevos, 20.000 trajes de agua, miles de palas, mascarillas, botas, rastrillos o cubos, y 78 tractores cribadores para la limpieza de playas.
Si limpiar el chapapote parecía hace cuatro años una tarea difícil, deshacerse de sus otros restos tampoco va a ser fácil. Serán otros residuos del ‘Prestige’ que conforme vayan avanzando las subastas nos encontraremos en nuestro día a día sin tener ni idea de cuál fue su negro origen.

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