Del Rivero, un cántabro de adopción
H ace pocos meses sólo le conocían en selectos ambientes de negocios de la capital, en el palco del Bernabéu y en el pueblo trasmerano de Hoz de Anero. Pero, de la noche a la mañana, Luis del Rivero ha pasado a ser uno de los personajes con más interés del país, por las connotaciones económicas y políticas de la operación emprendida por Sacyr para hacerse con el primer paquete accionarial del BBVA, una entidad bancaria valorada en más de 42.000 millones de euros.
Hasta el pasado 22 de noviembre, día en que su nombre saltó a las portadas al hacerse pública la operación BBVA, del Rivero estaba acostumbrado a pasar desapercibido para la prensa, a pesar de ser el presidente de una de las mayores constructoras de España.
Convertido en protagonista de la gran noticia financiera de este comienzo de siglo, al constructor le han llovido las acusaciones desde la prensa conservadora, a pesar de ser un hombre vinculado a los primeros tiempos del Partido Popular. Desde quienes le han tachado de ‘ambicioso’ hasta los que han visto detrás de su operación, una maniobra del Gobierno socialista para desbancar a Francisco González, actual presidente del banco y nombrado, en su momento, por el PP.
Ante la controversia suscitada por la compra del 3,1% del BBVA, Del Rivero prefiere guardar silencio. Sólo dice sentir ‘indiferencia’ ante las críticas vertidas en los dos últimos meses y culpa a la prensa por ‘enredar’ en cuestiones empresariales que, en su opinión, nada tienen que ver con la política. Y si Luis Fernando –como familiarmente le conocen– no está dispuesto a hablar de sus negocios, mucho menos de su vida personal, una cuestión que atesora bajo llave. Por eso, las reseñas biográficas que hasta la fecha se han publicado sobre este constructor reconvertido a banquero, sólo mencionan su origen murciano y sus conexiones con la city madrileña.
Nadie hasta ahora había desvelado que el presidente de Sacyr-Vallehermoso planifica sus movimientos en un pueblo de Cantabria, Hoz de Anero, y que quedó vinculado a esta tierra desde el mismo momento que eligió Santander para cursar sus estudios de Ingeniería de Caminos. Se casó con una cántabra en Santillana del Mar que, treinta años después, continúa siendo su mujer.
Familia en Hoz de Anero
De Cantabria le atraen especialmente los paisajes de Trasmiera y el contacto con el mar, algo que también busca cuando se traslada a Murcia, su patria chica. Este gusto por la región, unido a las buenas relaciones que mantiene con su familia política, le llevó a construirse una casa en Hoz de Anero, el pueblo natal de su esposa. Allí, aprovecha para leer libros de historia –una de sus pasiones– y para relajarse de su azarosa vida en Madrid. En Cantabria transcurren sus meses de agosto y tantos fines de semana como le permiten los negocios y su actual función como vicepresidente de la junta directiva del Real Madrid.
Por la localidad trasmerana, el máximo dirigente de Sacyr también pasa de puntillas. Caracterizado por su prudencia y discreción, si algún lugareño se ha acostumbrado a su imagen no es por reconocer en él al presidente de la constructora, sino por sus paseos en alguna de las joyas automovilísticas que posee –es un empedernido coleccionista de coches antiguos– o porque, en cierta ocasión, llevó a Florentino Pérez a inaugurar una peña del Real Madrid en ‘La Modernista’, el bar más concurrido del pueblo.
Como los acontecimientos se han precipitado en los últimos meses, estas han sido las primeras navidades que no ha pasado en Cantabria. En Madrid esperaba la decisión del consejo del BBVA y el el nacimiento de su nieta. Una niña que añade un paso más en la ligazón del empresario con Cantabria, ya que es fruto del matrimonio de su hija mayor –del mismo gremio profesional que su padre y marido– con un joven ingeniero de Caminos nacido en Santander.
Trayectoria imparable
De los 56 años de vida que ha cumplido el pasado 6 de febrero, Luis del Rivero no ha perdido ni un sólo minuto. El sillón que puede ocupar dentro del consejo del BBVA tiene, sin duda, más respaldo que cualquier otro. Aunque a estas alturas, el poder ni le asusta, ni le es desconocido. Siempre ha confiado en que acabaría presidiendo la primera constructora del país y, de momento, está camino de conseguirlo.
Hijo de un militar de aviación –y no de agricultores murcianos, como se ha dicho–, Del Rivero nació en 1949 y, antes de aterrizar en Santander, vivió en diferentes destinos a causa del trabajo de su padre. Fue en 1972 cuando terminó Ingeniería de Caminos en la Universidad de Cantabria y comenzó otra carrera imparable. Primero se curtió durante dos años en una empresa de cimentaciones especiales de capital italiano y, de ahí, dio el salto a Ferrovial, empresa en la que permaneció hasta el 87, cuando se independizó para crear Sacyr junto a otros ingenieros como Manuel Manrique o José Manuel Loureda, anterior presidente de la constructora.
En estos casi veinte años, Sacyr ha crecido como la espuma. De hecho, en los últimos tiempos no se ha concedido un respiro, con la compra al Santander del 24,5% de la inmobiliaria Vallehermoso, la adjudicación de la Empresa Nacional de Autopistas Españolas, la adquisición de Somague (el primer grupo constructor portugués) o su presencia en Chile, Brasil e Italia. Una expansión de la que también han quedado muestras en Cantabria, porque Sacyr ha construido varios tramos de la Autovía del Cantábrico y está a punto de entregar el de Corrales–Molledo, en la Autovía de la Meseta. Además, Vallehermoso ha realizado varias promociones inmobiliarias y tiene en cartera obras como la residencia de la tercera edad que se hará en lo que fue el Hospital Madrazo.
Jaque mate
Su última aventura, la entrada en el BBVA, aún es difícil saber cómo va a acabar. Como cabeza visible de una operación que el banco ha entendido como no amistosa, está pagando un precio muy alto, aunque le acompañan otros pesos pesados de Sacyr y de la propia economía española, como Juan Abelló, Demetrio Carceller o el director general, Vicente Benedito.
En el tablero de ajedrez en que se ha convertido la operación, cabe esperar cualquier desenlace. Tampoco es fácil saber a ciencia cierta las verdaderas motivaciones que han llevado a una constructora como Sacyr a realizar una inversión de semejante relieve en el segundo grupo bancario del país. Interpretaciones hay para todos los gustos: oportunidad de negocio, deseo de controlar los activos inmobiliarios del Banco y hasta, la más improbable, la mera cercanía física, ya que el edificio de Sacyr y la sede central del BBVA en la Castellana, se encuentran contiguas.
Del Rivero no es hombre que ceda fácilmente en el empeño y la constructora piensa seguir adelante, aunque tenga que hacer frente a las acusaciones, una tras una. Ni la oposición frontal del consejo del BBVA ni el hecho de que el Banco de España haya eludido en dos ocasiones avalar la operación parecen capaces de desanimarle.
Lejos de tratarse de una artimaña política, argumenta Sacyr, su plan responde a una decisión ‘puramente empresarial’. Su entrada en el consejo del BBVA proveerá al banco de ‘un núcleo de accionistas solventes que dote de estabilidad a su capital’ e incluso ‘españolizará el consejo’ para evitar que un grupo extranjero pueda quedarse con el banco. Hay que tener en cuenta que, en la actualidad, los consejeros del BBVA apenas poseen de forma directa un 1% del capital.
Por el momento, en la batalla mediática, el Banco ha demostrado disponer de muchos más aliados que la constructora, y ese terreno de juego puede resultar decisivo, porque las autoridades económicas difícilmente van a pronunciarse, escarmentadas tras un primer escarceo de Pedro Solbes que fue entendido como un apoyo implícito a la operación de Sacyr y durísimamente criticado. El BBVA ha calificado la operación como “inconveniente para sus interés, anómala y carente de sentido financiero” y rechaza, incluso, ceder a Sacyr un puesto en su consejo de administración, lo que resulta paradójico si se tiene en cuenta que el peso accionarial conjunto de quienes ahora se sientan es muy inferior al que va a tener la constructora. Pero Del Rivero se define como ‘tranquilo y pacífico’ y dice ‘no tener prisa’. Quizá el siguiente movimiento se planee en Hoz de Anero.