El excesivo poder del ‘rating’
La actividad de rating incrementa la eficiencia del mercado financiero al reducir los costes tanto para el que presta como para el que toma prestado pero, a su vez, aumenta la disponibilidad de dinero dispuesto a correr algún riesgo, pequeño o grandes y eso conduce a un crecimiento más fuerte de la economía.
Al que quiere hacer una inversión le viene muy bien saber dónde se va a meter y las valoraciones de las agencias de calificación son instrumentos fáciles de usar. Hoy se ha convertido en algo normal que cuando un estado, banco o empresa quiere captar capitales encargue una evaluación que sirva a los inversores como orientación sobre el tipo de riesgo de la operación y, a partir del mismo, fijar el tipo de interés para atraerles.
Modelos econométricos
El rating consiste en calificar productos financieros y valorar la posibilidad de impago y el deterioro de la solvencia por medio de modelos econométricos que utilizan variables como la cantidad de deuda acumulada por ese emisor o la rapidez en su devolución.
Las agencias utilizan los modelos para elaborar unas calificaciones que, en teoría, son objetivas pero que en realidad no surgen solamente de cálculos estadísticos sino que hacen un seguimiento de las dinámicas que anticipan los propios mercados. Sus calificaciones son procíclicas, es decir, dan un sobresaliente cuando las cosas van bien y un suspenso cuando las cosas van mal. Y eso conviene saberlo.
Las tres grandes
Aunque hay 74 agencias de calificación en el mundo, tres grandes firmas neoyorquinas dominan el 90% del mercado: las superconocidas Standard & Poor»s, Moody»s y Fitch.
La historia de estas agencias comenzó en EE UU gracias a la consolidación de un sistema de información crediticia que era utilizado por instituciones e inversores a comienzos del siglo XX, fruto del desarrollo de la industria ferroviaria y de la emisión de los bonos que hicieron estas empresas para su financiación. Esa nueva necesidad tuvo como resultado la fundación de sociedades calificadoras para estudiar la calidad de tales bonos.
Standard & Poor´s tiene más de 150 años de historia y oficinas en 23 países. El S&P 500 es el índice bursátil más seguido en todo el mundo y el de materias primas S&P GSCI el más tenido en cuenta por la industria mundial.
Moody´s, por su parte, fue fundada por John Moody en 1909 y en ese mismo año sus calificaciones ya cubrían casi el 100% del mercado de bonos norteamericano. En 1970 empezó a cobrar a los emisores de bonos por la calificación así como a los inversores. Fitch, por último, fue creada en 1913 por John Knowles Fitch y se fusionó con la británica IBCA Limited en 1997. Es la más pequeña de las tres grandes.
Cada una tiene una escala de rating diferente, aunque las tres coinciden en definir como «triple A» la calificación más alta. En el resto difieren. Por ejemplo, para Moody»s la calificación más baja es «Baa3» mientras que para S&P es «BBB-» y para Fitch «D».
Fallos
A pesar de esa veteranía, ninguna fue capaz de prever el inicio de la crisis en 2008, lo que supuso un serio desprestigio para su trabajo. También demostraron sus carencias en la crisis de Enron, pues su calificación permanecía en niveles normales cuatro días antes de que fuera a la bancarrota. Lo mismo pasó con Lehman Brothers, que tenía una buena calificación justo antes de su debacle.
Strauss Kahn, exdirector del Fondo Monetario Internacional y ahora envuelto en escándalos sexuales, dijo en abril de 2010 que “las agencias de rating no siempre aciertan. La gente les cree y por eso tienen influencia a corto plazo pero a largo plazo lo que predominan son otros factores”. Igualmente, la Comisión Europea, a raíz de la crisis de Grecia, les dio un toque de atención pidiéndoles que actuaran responsablemente y con rigor en unos momentos tan difíciles. En septiembre de 2010, de nuevo el FMI les acusó de contribuir «involuntariamente» a la inestabilidad financiera.
La UE, por su parte, quiere reglamentar el funcionamiento de las agencias para que estén bajo su supervisión y no descarta crear una agencia pública europea. La crisis del euro ha llevado a algunos dirigentes europeos, como Angela Merkel, a pensar en la necesidad de crear una agencia europea de calificación de riesgo para contrarrestar el predominio de las americanas. Durao Barroso les acusa de tener un sesgo antieuropeo, mientras que Van Rompuy considera necesario romper el oligopolio que forman.
Cerca de los clientes
A menudo se reprocha también a las agencias que están demasiado cercanas a sus clientes. Un rasgo común de todas ellas es que sus accionistas de referencia entroncan directamente con la industria financiera, sobre todo en la de gestión de activos. Es más, muchos son usuarios de las calificaciones de las agencias pese a que poseen importantes paquetes de acciones.
Moody´s Corporation cotiza en la bolsa de Nueva York y sus diez primeros accionistas concentran el 53,5% del capital, entre ellos Berkshire Hathaway, el conglomerado financiero que lidera Warren Buffett. Por su parte, S&P no cotiza en Bolsa pero sí lo hace su propietario, el grupo editorial McGraw Hill, y tiene varios accionistas comunes con su máximo competidor.
Fitch, la tercera a gran distancia, tiene doble sede (Nueva York y Londres) y dice tener un carácter europeo. Su capital se lo reparten la francesa Fimalac (60%) y la norteamericana The Hearst Corporation. La primera fue creada en 1991 por Ladreit de Laccharière, cotiza en la Bolsa de París y su fundador posee cerca del 80% del capital.
Cláusulas “basura”
Cuando se trata de grandes préstamos a empresas, las agencias pueden incluir una cláusula de devolución si la calificación de la empresa desciende por debajo de un cierto nivel, normalmente la calificación de “bono basura”.
El objetivo de estas cláusulas es asegurar que el banco pueda reclamar activos de una compañía en dificultades antes de que se declare en bancarrota y se nombre a un interventor para repartir las deudas. Sin embargo, esas cláusulas pueden tener efectos devastadores y se dice que fueron determinantes en el caso de Enron. Desde entonces, las grandes agencias se han empeñado en disuadir de su uso.
Agencias de noticias
La legislación de EE UU sobre las agencias ha eliminado la competencia entre ellas y prácticamente obliga a los actores del mercado financiero a utilizar los servicios de las tres grandes. Para resolver este problema se ha sugerido prestar más atención a los índices de los mercados de intercambio de riesgos de crédito que a los de riesgo de impago. Las agencias, por su parte, han presentado propuestas alternativas que harían más caro todavía el acceso al mercado.
Aunque parezca mentira, las agencias de calificación están registradas como agencias de noticias y su labor teóricamente es meramente informativa, por lo que no están sujetas a las reglas de las empresas de auditoría, como la de preservar la transparencia de sus informes o responder con su patrimonio en caso de una quiebra que perjudique a un tercero y no se haya advertido.
Negocio
La mayoría de las agencias siguen dos modelos de negocio: El más antiguo se basa en los suscriptores, de manera que solo se difunden las calificaciones gratuitamente a los que las contratan. La agencias pequeñas suelen seguir todavía este modelo, cuyos partidarios consideran que permite publicar calificaciones menos influenciadas por conflictos de interés.
Sin embargo Moody»s, S&P y Fitch se basan en un segundo modelo en el que los ingresos provienen de los cobros que hacen a los emisores de créditos. Aunque los suscriptores reciben informes más detallados, estos servicios representan una fuente de ingresos menor y la mayoría de las calificaciones están disponibles gratuitamente para todos.
Los partidarios de este modelo dicen que si las agencias de calificación solo tuvieran las suscripciones como fuente de ingresos, la mayoría de las emisiones de bonos aparecerían sin calificar ya que el interés de los suscriptores se centra en las grandes emisiones y es muy bajo para casi todas las demás. Añaden también que, aunque las agencias afrontan un claro conflicto de intereses con los emisores de bonos que califican, el modelo basado en las suscripciones también puede presentar conflictos de interés ya que un sólo suscriptor puede representar una proporción importante de los ingresos de una agencia y ésta puede sentirse obligada a publicar calificaciones que le beneficien.