Las irreductibles

El caso de Gong es paradigmático de que aún en los tiempos más desfavorables es posible ir a contracorriente. Ha pasado de tener un establecimiento en el centro comercial Valle Real durante doce años a instalarse en el corazón de Santander, concretamente en la calle Calderón de la Barca: “Apostamos por un nuevo tipo de tiendas medianas, ubicadas en el núcleo de las ciudades y en el que se trabaje a lo largo de toda la semana, y no sólo los sábados y domingos, como ocurre en los centros comerciales”, explica el encargado de esta tienda Javier Carrancedo. Gong destaca por la variedad en su oferta. El cincuenta por ciento de su género son discos; un treinta por ciento películas y en sus largos expositores aún queda espacio para libros y videojuegos.
Carrancedo tiene una visión muy crítica con respecto a lo que está ocurriendo con la música. Contra lo que cabía imaginar, rechaza absolutamente el canon que cobra la Sociedad General de Autores (SGAE) “A mí la SGAE, organización con la que no tenemos nada que ver, me cobra dos veces: uno cuando compro el disco al proveedor y otro, por el hilo musical”, dice. Pero también aboga porque el Estado aplique una ley estricta en contra de la descarga ilegal de discos que se hace en Internet y niega con rotundidad que la música sea cara: “El setenta por ciento está de oferta; las novedades cuestan entre doce y catorce euros y muchos de los precios son similares a los que había hace trece años”. Tampoco entiende que los libros estén gravados con un 4% de IVA y la música, en cambio, con un 16%.
En cualquier caso, su empresa no puede quejarse a la vista de cómo está el sector. Tiene 25 tiendas abiertas en todo el país y también funciona como centro distribuidor de entradas para conciertos, otro servicio que le ayuda a sortear la crisis.

Ofertas

Drope, por su parte, pertenece a una empresa cántabra fundada en los años ochenta. Desde la puerta de entrada trata de capturar a antiguos clientes y nostálgicos, quizá porque sean los menos afectos a las descargas ilegales o a la escucha a través del streaming, otro procedimiento de Internet que permite oir la canción elegida sin descargarla. Un cartel reza: “Miles de vinilos a tres euros; cassettes de música clásica a seis; CDs, entre cinco y nueve, y películas de VHS a 1,50”. Es difícil ofrecer mejores precios y, a pesar de ello, ha tenido que cerrar la tienda de la calle Vargas, porque la crisis que atraviesa el sector no respeta a las glorias pasadas, y se ha quedado sólo con la del Paseo Pereda y con otra en Santoña.
Los propietarios de las tiendas que han visto desfilar a varias generaciones están convencidos de que los jóvenes actuales no han comprado un disco en su vida. “Ni siquiera se lo plantean”, sostiene Agustín Arriola, encargado de Discos Drope, que mantiene los vinilos porque es de los que aseguran que algunos tipos de música como la clásica y el jazz se escuchan mejor en este formato.
Pero, lo que apasiona a los responsables de Drope es el cine: “Aquí somos cinéfilos y entre nuestra clientela tenemos a muchos aficionados al cine clásico. Trabajamos mucho el fondo de catálogo y poseemos una amplísima colección de cantantes de antaño.

Música alternativa

Cada tienda ha elaborado su propia receta para sortear la crisis. Tipo, ubicada en Peñas Redondas desde hace diez años, va dirigida al público más juvenil, al que también ofrece camisetas, piratas, botas, gorras, pins, revistas especializadas y todo tipo de complementos que acompañan a su música alternativa. Aunque cultiva el hip-hop, rock, garage o metal, en sus estantes se pueden encontrar discos de Operación Triunfo. El negocio es el negocio, y no están los tiempos para ser demasiado escogidos.
El precio de sus CDs va desde los 2,99 euros hasta 70, con ofertas especiales para clásicos reeditados y discos que han salido hace tiempo.
Tipo cuenta con la ventaja de pertenecer a una franquicia, con lo que tiene un amplísimo material, que rota constantemente y con gran rapidez, para satisfacción de los clientes. Si no vende un producto lo devuelve sin ningún problema. Pero esta tienda no es una más. Su dueño, Alberto (Pin) Martínez, está al frente del grupo de folk-rock-ska Neltordiu y organiza conciertos. Martínez también se felicita de contar en su negocio con Luis Arín, “un auténtico experto musical”. La complicidad con su público y la venta de entradas para conciertos les permite fidelizar a una parte de la clientela.

Música del Mundo

Más especialización aún es la de Harmonia Mundi, una cadena francesa con 40 tiendas en el país vecino y tres en España, una de las cuales está en la calle Lope de Vega de Santander. Se centra en la música clásica y en la que se hace en lugares muy distintos del planeta.
La cadena no sólo comercializa sino que también produce discos de artistas que trabajan para esta compañía. Rocío Martín, encargada del negocio, es optimista con respecto al futuro de Harmonia Mundi y lo justifica en que “tenemos una clientela de alto poder adquisitivo, que busca también la información que viene impresa en los discos”. En su opinión, la crisis afecta más al pop, “pero, nuestra música no pasa de moda”. Los precios oscilan entre los 18 euros, de los discos de gama alta, y los seis de la gama media.
La crisis de la música de pago, no obstante, es un fantasma que recorre todo el sector y la tienda Flash acaba de cerrar. Fundada a mediados de los 80, se encontraba en la calle Guevara y estaba especializada en jazz, encargos, y en ofrecer al público nuevos talentos.
Como el resto de los establecimientos tradicionales de música, intentó por todos los medios no rendirse, pero es muy difícil ganar la batalla mientras no se descubra un procedimiento para impedir las descargas gratuitas. Afortunadamente para los pocos que sobrevivan, siempre quedará una clientela a la que le guste el placer de tocar el disco, en vivo y en directo, es decir, con sus propias manos.

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