Mirones logra el control de CEOE con una mayoría aplastante

Mayo ha resultado ser un mes conflictivo, con el PP en crisis, movimientos internos en el PSOE local para tratar de sustituir a Lola Gorostiaga como secretaria general, el líder de CC OO a golpes con uno de los abogados del sindicato y el Comité Ejecutivo de la CEOE partido en dos. En todos los casos hay congresos de por medio o reformas institucionales y el primero en resolverlos, al menos aparentemente, ha sido el presidente de la CEOE, Miguel Mirones, que después de dos años de complejos pactos en el interior de su propio órgano de gobierno se ha hecho claramente con el control de la patronal. La votación para el cambio de estatutos se ha convertido en su espaldarazo personal y quienes pasaron de aliados a rivales se quedan en una clara minoría.
El terremoto que vivió la gran patronal cántabra en las últimas elecciones, donde por primera vez se presentaron dos listas en competencia tiene réplicas periódicas que, en algunos casos, son de gran intensidad. La más reciente ha sido provocada por la modificación de los estatutos, pero también parece representar el reasentamiento de las placas tectónicas, a menos que prospere la reclamación judicial que anuncia el sector crítico contra la forma en que se ha procedido a la reforma de los estatutos.
El margen de maniobra que a Mirones le costaba conseguir de su Comité Ejecutivo –su propio equipo de gobierno– lo ha acabado obteniendo de los organismos que deben controlarle en la gestión: la Junta Directiva, en la que se integran todos los presidentes de las asociaciones sectoriales, y la asamblea de socios. Una situación paradójica que solo puede entenderse remontándose a la heterogénea lista que formó para poder derrotar a la candidatura oficialista, encabezada por Fidel González Cuevas, y que le llevó a aliarse con Coercan y Pymetal, cuyos dirigentes también llegaron a intentar formar sus propias listas.

Permanente crisis

Desde el primer momento, los pespuntes apresurados con que se cosió el Comité Ejecutivo formado por la fusión de las tres listas parecían poco resistentes y el despido del secretario general, Miguel Angel Castanedo, mostró claramente esa tendencia a deshilvanarse.
El propio Castanedo había tejido la candidatura para evitar que el candidato oficial le sustituyese, tal como había anunciado, pero como imprevisible no es lo mismo que imposible, fue la lista que él mismo propició para ganar a González Cuevas la que acabó por despedirle, a los pocos meses, tras una auditoría. Sin embargo, esa decisión provocó la primera ruptura del Comité Ejecutivo, donde había algunos amigos personales de Castanedo, otros miembros que no consideraban relevantes las irregularidades manifestadas en la auditoría y alguno más que consideraba injustificado gastarse 55 millones de pesetas en la indemnización.
Mirones tuvo que enfrentarse desde entonces a desgarros –como la excisión que protagonizó uno de sus vicepresidentes, José Gómez Otero, que se fue con González Cuevas– y a un órgano de gobierno muy crítico, con debates extenuantes y con una capacidad de maniobra mínima, ya que, como pronto comprobó, el presidente, por sí mismo, no tenía ninguna capacidad ejecutiva. Los estatutos que han estado vigentes desde 1977 le daban bastante más poder al secretario general, a pesar de ser una persona contratada, o al tesorero, cargo que en los pactos que siguieron a aquella primera crisis consiguió Miguel Angel Cuerno, presidente de Coercan y uno de los más críticos con Mirones, que desde entonces le ha marcado muy de cerca en todos los gastos.
Dado que el presidente no podía cesar a los miembros que en su día presentó para el Comité Ejecutivo, este estado de permanente desconfianza se iba a prolongar, necesariamente, a lo largo de todo el mandato, pero Mirones ha encontrado el auxilio de la Junta Directiva, que tramitó una reforma de los estatutos, aprovechando la estela de la que ha realizado la CEOE nacional. En la nueva formulación, el presidente puede cambiar a los miembros del Comité siempre que pierdan su confianza y, aunque se crea un órgano más para controlar el gasto, su independencia es relativa. Cuerno, que en la asamblea general criticó que el fiscalizador tenga la misma extracción que quien ejecuta el presupuesto, anunció su intención de dejar la responsabilidad si se aprobaba una reforma estatutaria que devalúa su papel.

Cambio electoral

Lo cierto es que la asamblea general le ha despejado el terreno a Mirones para el actual y posteriores mandatos. Después de una votación arriesgada, que él trató de desdramatizar, asegurando que no pasaba nada si no conseguía los dos tercios de los votos de los socios que se requerían para la reforma, ha conseguido no solo la aprobación de los nuevos estatutos, sino investirse de una autoridad incontestable. Si cabían dudas acerca de quienes aportaron los votos en las elecciones a la presidencia de la CEOE con una lista tan compleja, han quedado despejadas. Al haber conseguido ahora el 85% de los sufragios, frente al 15% del “no” que patrocinaban los dirigentes de Coercan, AETRAC (Miguel Angel Vía) y la patronal de enseñanza privada (Javier Muñiz) entre otros, cambia por completo el panorama de lo que resta de mandato.
Aunque los estatutos no tendrán efectos por el momento, Mirones tiene en su mano la posibilidad de convocar elecciones y, después del resultado parece bastante evidente, la de ganarlas ya sin aliados incómodos para él. Los estatutos han pasado a regular los procesos electorales, cuya confusa normativa anterior quedó en evidencia hace dos años cuando se celebraron por primera vez en la historia de la CEOE cántabra –anteriormente siempre hubo una sola candidatura–, y también este cambio va a servir para consolidarle. A partir de ahora sólo podrán presentarse quienes lleguen avalados por al menos un 25% de las asociaciones empresariales que están dentro de la organización o de un número de socios individuales tres veces superior, algo que originará dificultades para formar cualquier candidatura alternativa a la oficial y que prácticamente descarta la presencia de una tercera.
Otro cambio significativo es que ya no se presentarán listas completas, sino un solo nombre, el de quien aspire a la presidencia, lo que refuerza el personalismo de todo el proceso y resta mucha eficacia electoral a las alianzas.
En dos años, y en buena parte gracias al terreno libre que le han dejado libre sus rivales, Mirones ha pasado de un Comité Ejecutivo en el que apenas tenía tres nombres de confianza y de una organización que en realidad controlaba el secretario general a ser el eje incontestable de la CEOE cántabra. Pero ha sido a costa de un desgarro del empresariado, una herida que aún está por restañar, y que aún le plantea una amenaza seria: la posibilidad de que Coercan, perdedora en esta última batalla, se sienta marginada y pueda vincularse a la iniciativa secesionista de Otero y González Cuevas. Una razón de peso para que ahora no quepa esperar más cambio importante en el interior de la CEOE que el sosiego.

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