De compras por China
Para penetrar en un territorio desconocido conviene hacerse acompañar por exploradores avezados. China, es desde hace años un territorio comercial a conquistar por las empresas occidentales pero su opacidad normativa, sus tupidas barreras arancelarias, su escaso respeto a los derechos de propiedad industrial o su diversidad de reglas fiscales –cuya fijación se deja en muchos casos al arbitrio de los poderes locales–, convierte la economía china en un intrincado territorio que conviene recorrer con cautela.
El próximo ingreso de China en la Organización Mundial de Comercio (OMC), tras más de catorce años de negociaciones, ha puesto al gigante asiático en el punto de mira de las empresas de los países más desarrollados, excitadas ante las oportunidades de negocio que el progresivo desarme arancelario les abrirá en el inmenso mercado chino, con 1.250 millones de potenciales consumidores. Pero China no es sólo un consumidor pasivo; es también un oferente de productos manufacturados que, en sectores como el textil, los juguetes o los electrodomésticos, ha demostrado ser muy competitivo y está abriendo un hueco cada vez mayor en los mercados occidentales.
Una plataforma comercial
Con el fin de aprovechar las grandes posibilidades que ofrece la importación de productos fabricados en China, empresarios cántabros y catalanes se han asociado para crear una plataforma comercial –Global Wolder Group– destinada a orientar a las empresas españolas que estén interesadas en comprar en aquel país. “Nuestro objetivo” –explica Ricardo Garrudo, uno de los impulsores de esta plataforma– “es el de desarrollar proyectos a la medida de nuestros clientes para acercarles no al mercado chino, sino a su tejido productivo”.
Desde GWG se evalúan los productos, se negocian las compras, se supervisa la personalización de los productos en las fábricas, se vigila el embarque de la mercancía y se gestiona todo lo relativo a su transporte hasta dejarla en manos del comprador. “Nuestra actividad” –continúa Garrudo– “una labor mixta entre la selección de compras y el proveedor. Además de buscar el producto y de ocuparnos de las tareas logísticas, nos ocupamos también de desarrollar el packaging y la marca si fuera necesario. Se trata de ofrecer un servicio integral”.
Una oficina en Hong Kong
Para penetrar en el mercado chino, GWG ha establecido una cabeza de puente en Hong Kong. Este antiguo enclave británico, sobre el que China recuperó la soberanía hace apenas cuatro años, sigue siendo uno de los más dinámicos centros de negocios de todo el mundo.
En ese puerto franco, la consultora española cuenta con una oficina y una plantilla mixta, formada por personal chino y español, conocedora de las particularidades de aquel mercado y capaz de actuar como una central de compras de aquellas empresas que por su tamaño no cuenten con una estructura comercial apropiada para operar directamente en países tan alejados.
Una vez elegido el producto, para el que es necesario cubrir una demanda mínima, la oficina de GWG en Hong Kong remite la mercancía al puerto de Barcelona, donde los socios catalanes de esta empresa cuentan con instalaciones propias para almacenar la carga y reexpedirla después al punto de destino. Santander será la sede de la dirección comercial de la consultora y donde se centralizarán todas las tareas de publicidad y diseño gráfico para aquellas empresas que lo soliciten.
Las compañías que se han servido ya de GWG pertenecen a sectores tan variados como el menaje doméstico, la madera o la fabricación de motocicletas. En el caso del menaje de hogar, el cliente cuenta con una cuota del 20% en el mercado madrileño de estos artículos y busca completar su línea de electrodomésticos con ventiladores, aspiradoras, reproductores DVD y microondas que, según las estimaciones de Ricardo Garrudo, podrían suponer dentro de tres años cerca del 15% de su facturación, que en estos momentos se aproxima a los 15.000 millones de pesetas.
Importadores de madera y patinetes
GWG ha puesto en contacto a una empresa de Navarra, interesada en la importación de parquet flotante, con un fabricante chino que posee una de las principales empresas madereras del país, ubicada en Manchuria, capaz de abastecer holgadamente a otros mercados europeos. La consultora también ha propuesto a una empresa catalana de motocicletas ampliar su gama de productos con bicicletas, todas ellas fabricadas en China.
A pesar de las barreras arancelarias que aún existen y de la obligación de afrontar impuestos especiales como el de antidumping que grava con un 12% los productos que llegan de China, las importaciones siguen siendo competitivas: “Como promedio”, explica Garrudo, “podemos ahorrar a nuestros clientes de electrodomésticos entre un 20 y un 25% y en sectores como juguetería, bastante más”.
Garrudo habla con el conocimiento que le confiere su experiencia empresarial al frente de la firma de remolques General Wolder. Una importación de 15.000 patinetes que vendió en España durante las pasadas navidades, le puso en la pista de las posibilidades de un mercado que será mucho más accesible cuando, dentro de unos meses, se consume su inclusión en la OMC.