Sodercan reorientará el proyecto de Santoña hacia la experimentación
La primera boya del proyecto SWEP (Energía de las olas de Santoña, en inglés) ha comenzado a flotar con algunas diferencias entre Sodercan e Iberdrola, que participan en la sociedad promotora, denominada Ibermar. Sodercan quiere que sea un campo de experimentación, mientras que Iberdrola tiene un interés más comercial, para rentabilizar lo antes posible la inversión realizada, a través del megavatio y medio que produciría un campo de diez boyas del mismo tipo. En las últimas reuniones, las diferencias entre ambas empresas parecen haberse limado y Sodercan puede imponer su criterio: habrá más boyas, pero de distintas tecnologías, y será, sobre todo, un campo de experimentación, aunque de él se obtenga energía.
El largo proceso del proyecto SWEP, hasta que se ha construido, botado y anclado la primera boya, ha provocado diferencias entre los dos principales accionistas de Ibermar, que ha tenido que superar no pocos escollos, como el encarecimiento de la evacuación de la energía hasta la costa, que el Ayuntamiento obligó a desviar hacia Berria, o la necesidad de construir una subestación eléctrica marina.
Sodercan, que posee un 10% de Ibermar, ha llegado a un acuerdo con el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) para dar otra orientación al proyecto y juntos podrían adquirir parte de estos activos a la sociedad promotora, Ibermar, para comenzar a financiar otras boyas que aprovecharán la energía del mar con tecnologías distintas, para probar el rendimiento de cada una de ellas. Cantabria se convertiría así en un campo de experimentación en esta materia, que podría ser utilizado por otras empresas de ingeniería o eléctricas.
Sodercan ha dejado de mencionar las nueve boyas restantes para completar el proyecto inicial en sus comunicados pero, no obstante, ha dado los pasos con el IDAE para la construcción de una segunda y ha recibido proyectos con otras tres tecnologías diferentes.
Iberdrola, por su parte, era partidaria de hacer un campo de diez boyas con la misma tecnología de generación (un enorme émbolo que oscila verticalmente dentro de un cilindro al paso de las olas) y con una visión más comercial. La energía generada por ese sistema (1.500 kilovatios el conjunto de las diez boyas) podría servir para abastecer de electricidad a una población de entre 1.200 y 1.500 personas, aunque los costes de instalación son, hoy por hoy, muy elevados para resultar competitivos.
La boya que ya está a flote fue construida en los talleres de Degima y en la empresa OTP de Heras, tiene 40 metros de altura y se lanzó al agua en los muelles santanderinos de San Martín a comienzos de septiembre. Desde allí fue arrastrada por un remolcador hasta el lugar de emplazamiento, frente al Faro del Pescador, en Santoña, donde ha sido anclada y se somete a las primeras pruebas. Muy pocos días después de su botadura, el Gobierno portugués ponía en marcha toda una campaña internacional de imagen con la presentación del proyecto Enersis, que aprovecha, igualmente, la energía de las olas, pero con una tecnología distinta. Un gigantesco tubo de 50 metros de largo y tres de ancho que flota en el mar recoge con sus oscilaciones la energía que producen las olas.