Solares reabre su histórico balneario

La identificación de Solares con el agua mineral es quizá una de las más perdurables consecuencias de una brillante campaña de marketing que en las décadas de los sesenta y setenta del pasado siglo llevó el agua del manantial de Fuencaliente a las mesas de muchos hogares españoles. En la memoria colectiva queda el acierto de un eslógan, sobre cuya eficacia publicitaria se ha basado buena parte del esfuerzo de recuperación que ha impulsado de nuevo esta marca en el difícil mercado del agua embotellada. Pero además de propiciar un floreciente negocio, el agua del manantial de Solares tiene tras de sí más de dos siglos como recurso terapéutico y un histórico balneario que, en la época de mayor auge del termalismo, fue un referente de enorme prestigio entre las clases acomodadas españolas.
Más de treinta años después de su cierre, el Hotel Balneario de Solares renace sobre la base de lo que históricamente fue pero convertido en un complejo que, por la calidad arquitectónica y la amplitud de las instalaciones, se sitúa a la cabeza de los establecimientos termales del país.

Negocio complementario

El impulsor de este proceso de recuperación, en el que se han invertido 20 millones de euros, ha sido Adolfo Añíbarro, el mismo empresario que rescató la envasadora de agua mineral de la crítica situación que estuvo a punto de hacerla desaparecer, en los años 80. De hecho, la decisión de rehabilitar el hotel-balneario formaba parte de los objetivos marcados por el grupo de inversores encabezados por Añíbarro cuando, en 1987, compraron Agua de Solares al Gobierno cántabro –a cuyas manos había venido a parar tras diversos avatares–.
La reactivación del interés por los establecimientos termales convirtió el antiguo balneario en un activo con enormes posibilidades, aunque para acometer ese proyecto hotelero, con la ambición con que se planteó desde su inicio, era preciso reflotar antes el negocio del agua envasada y generar los recursos suficientes.
La gestión de Añíbarro consiguió en pocos años estabilizar la empresa y recuperar paulatinamente mercado, hasta el punto de plantearse en 1994 que había llegado el momento de abordar la rehabilitación del balneario. Para ello se creó la sociedad Balneario de Solares, S.L, cuyo capital social pertenece en un 98% a la firma ‘Manantial de Fuencaliente’, quedando el 2% restante en manos de los propios socios que integran la empresa matriz. La única duda que entonces albergaban sus promotores era si explotarían directamente el complejo que se disponían a poner en pie, como finalmente ha ocurrido, o si cederían su gestión a una empresa hostelera.
Sin embargo, la necesidad de una modificación urbanística para poder actuar sobre la finca y la falta de sintonía entre el equipo político que gobernaba el Ayuntamiento y el Gobierno regional de Martínez Sieso demoraron un proyecto que pudo haberse sido una realidad hace ya seis años.
A pesar de la envergadura del planteamiento empresarial de Agua de Solares y de la repercusión que la actividad del hotel-balneario tendría para la economía local, no fue fácil obtener el consenso de los grupos políticos municipales para la aprobación del plan especial que permitiría levantar el complejo termal.

Una evocación del pasado

Despejados, finalmente, en 2002 todos los obstáculos legales, los promotores del proyecto tuvieron que afrontar un nuevo problema: la situación de deterioro del histórico inmueble que había albergado el Gran Hotel, un edificio de 1902, con un relativo valor arquitectónico pero con el sabor de época que identifica a los viejos hoteles decimonónicos. Esta circunstancia obligó a variar su enfoque inicial. Ya que no era posible rehabilitar el edificio, debido a la amenaza de colapso estructural, se optó por construir una réplica que permitiera rescatar la añeja imagen del Hotel, pero con las ventajas de un nuevo edificio. Se garantizaba así también la seguridad de quienes hubieran debido ejecutar la obra de vaciado del inmueble, del que se pretendía preservar únicamente la fachada y las paredes laterales.
La demolición levantó cierta polémica dado que se trataba del más emblemático edificio de Solares, pero mucho de su espíritu pervive en el inmueble que le ha sustituido, que reproduce con fidelidad sus características ornamentales gracias a los moldes extraídos del edificio derribado e, incluso, se han utilizado en su construcción los materiales todavía aprovechables. Así, uno de sus elementos más característicos, los fustes y pilastras de arenisca que adornan las ventanas inferiores del nuevo hotel, provienen del edificio antiguo. La única modificación sustancial introducida por el autor del proyecto, el arquitecto cántabro Luis de la Fuente, ha sido la sustitución del antiguo tejado por una mansarda cubierta por láminas de zinc, que refuerzan la imagen modernista del edificio.
Junto a la réplica del primitivo Gran Hotel, y a semejanza también de lo que fueron en su día los alojamientos de los agüistas, un segundo inmueble de nueva planta y traza más clásica, unido al primero por una galería, alberga la zona hotelera. En total 113 habitaciones, 91 de ellas dobles, y cinco suites, con la calidad que corresponde a la calificación de cuatro estrellas que ostenta el establecimiento, y con precios que oscilarán, para las habitaciones dobles, entre los 115 y los 170 euros, dependiendo de la temporada.
El hotel cuenta también con varias salas para la celebración de reuniones, congresos y convenciones que pueden acoger hasta 300 personas.
La restauración es otro de los aspectos que otorgan prestigio a este tipo de establecimientos y uno de los atractivos que más seducen a los usuarios actuales del termalismo en los que prima la dimensión lúdica sobre los tratamientos terapéuticos. El hotel cuenta con un restaurante, ‘El Manantial’, que será uno de los reclamos de este nuevo complejo, y cuya carta estará basada en la cocina tradicional. Dispone también de cafetería, bar inglés y de un amplio salón para todo tipo de banquetes y celebraciones, con una terraza con vistas al extenso parque que rodea las instalaciones. Enclavada en ese parque se encuentra la antigua capilla del recinto, que ha sido rehabilitada con el fin de que puedan volver a celebrarse en ella oficios religiosos pensando, también, en quienes deseen celebrar allí su boda.
El entorno medioambiental es otra de las características sobresalientes del complejo, ya que más de la mitad de los 100.000 metros cuadrados que posee la finca corresponde a un frondoso parque, cuyos jardines han sido rediseñados para realzar su atractivo, aunque su mayor encanto reside en su arbolado, con ejemplares centenarios como un espectacular cedro del Atlas o un tulípero de Virginia, que alcanzan los 25 metros de altura. Ambos están incluidos en el inventario de Arboles Singulares de Cantabria.
Entre las dos alas del hotel, dispuestas en forma de ele y con una superficie construida de 10.000 m2, se encuentra una piscina exterior con un diseño que la integra con naturalidad en el entorno. Desde este lugar es donde mejor se aprecia la calidad estética del conjunto de inmuebles que integran el complejo del hotel-balneario, con la elegante policromía de los materiales –teja esmaltada, cobre, zinc– que coronan las cúpulas y lucernarios, elemento arquitectónico común de los edificios.
Tan sólo un punto negro afea, circunstancialmente, el conjunto y es la existencia, junto a la puerta de acceso al recinto, de una vivienda degradada por el paso del tiempo, que se utilizó en su día como alojamiento para el administrador de la finca. La casa fue cedida al Ayuntamiento por los promotores del Hotel-Balneario, con motivo de la reordenación urbanística de la zona e iba ser usada con fines culturales. Dada su situación de abandono, los propietarios de la finca no descartan negociar la reversión del inmueble para integrarlo en el conjunto de las instalaciones.

850.000 litros al día

Si el hotel es una réplica fiel del inmueble inaugurado en 1902, el edificio construido para albergar las instalaciones hidrotermales ha tratado también de entroncar con la imagen del primitivo balneario de Solares, un inmueble de estilo neomudéjar que fue derribado cuando comenzó la explotación industrial del agua embotellada, para hacer sitio a las primeras naves de envasado. El pabellón que reemplazó a aquel viejo balneario tenía un escaso valor arquitectónico y fue demolido hace tiempo. Ahora ha sido sustituido por un edificio de dos plantas, dotado de todos los avances de las modernas instalaciones termales, pero que guarda en su aspecto exterior la memoria del añejo balneario. El juego de líneas que forman en la fachada el mármol verde, el travertino y el ladrillo, y la utilización de cúpulas y arcos, rememoran aquella estampa.
Para alimentar tanto las piscinas de hidroterapia y el baño romano como las propias instalaciones del hotel, se calcula que serán necesarios unos 850.000 litros de agua al día. Un volumen que se puede abastecer holgadamente con el caudal que proporcionan los manantiales de Fuencaliente, cercano a los cuatro millones de litros diarios. De ellos se embotella una media de medio millón de litros al día.
Para evitar interferencias entre la actividad de la planta envasadora y las necesidades termales del complejo se han construido en la nave industrial unos depósitos de 600.000 litros de capacidad, que se llenarán durante la noche y alimentarán los aljibes instalados en los sótanos del balneario y del hotel. La autosuficiencia en recursos hídricos del complejo es tan grande que incluso el agua sanitaria que se empleará en el hotel provendrá de los manantiales de la finca.

Autofinanciación del proyecto

Como suele ocurrir en los objetivos que se plantean con mucha ambición, la inversión inicialmente prevista para rehacer el hotel-balneario, que rondaba los 15 millones de euros, ha sido finalmente desbordada por las modificaciones y las mejoras sugeridas por los autores del proyecto.
La buena marcha del negocio del agua embotellada, con crecimientos anuales del orden del 10% ha hecho posible autofinanciar en gran parte los veinte millones de euros finalmente invertidos. Manantial de Fuencaliente, distribuyó el pasado año por todo el territorio nacional 98 millones de litros de Agua de Solares, lo que supuso una facturación de doce millones de euros.
Con todo, lo hecho hasta ahora en el complejo no agota las posibilidades de la finca. En una segunda fase, sus promotores proyectan construir junto a otro de los inmuebles históricos del recinto, ‘Villa Amalia’, un salón de convenciones con capacidad para 800 personas y una amplia zona de aparcamiento en un terreno situado extramuros de la finca y comunicado por un túnel peatonal. El propio hotel dispone de un parking subterráneo con capacidad para cuarenta vehículos.
Si la actividad del balneario fue, durante su apogeo, determinante para el desarrollo económico de Solares, su renacimiento va a suponer también un notable impacto en la zona. La previsión de sus responsables es que llegue a crear más de 80 puestos de trabajo directos y, en base a esta cifra, se le han otorgado ayudas procedentes de incentivos regionales por valor de 2,4 millones de euros. Pero el ámbito de resonancia de este espectacular balneario promete ir más allá de la simple generación de empleo en la localidad solariega. Por su ambiciosa apuesta está llamado a reforzar decisivamente el turismo termal en la región, una demanda en alza para la que Cantabria cuenta con algunos de los mejores establecimientos que existen en España.

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