Hostelería y Gobierno afloran sus diferencias en la Gala del sector
En la XXII Gala de Hostelería de Cantabria afloraron todas las tensiones soterradas que se viven desde hace año y medio entre los representantes del sector turístico cántabro y la Consejería de Cultura y Turismo. Como viene siendo norma general, el presidente de la Asociación de Hostelería, Miguel Mirones, aprovechó la única ocasión en que se reúne todo el sector para hacer un balance crítico del año y, además de reconocer los éxitos de la política turística del Gobierno –como el acuerdo con Ryanair– se quejó de la falta de diálogo con el consejero de Turismo.
Para evitar las suspicacias, Mirones dijo no hablar en nombre personal, sino de la Ejecutiva de su patronal, lo que no mejoró en mucho el enfado del consejero, quien le hizo algunos reproches cuando, tras acabar el discurso, volvió a la mesa de autoridades. La tensión que se había vivido durante toda la cena en esa mesa, a la que contribuyeron los comentarios del alcalde de Santander contra algunos de los miembros del Gobierno allí presentes, caldeó el clima, antes incluso de los discursos.
De poco han servido los intentos posteriores de remansar las aguas recordando que los discursos de los presidentes de la Asociación siempre han sido reivindicativos y que, hace sólo tres años, un pronunciamiento explícito de Miguel Mirones en el mismo acto contra la construcción del Centro de Ocio del Racing dio lugar a un malestar parecido del anterior Gobierno.
Fuentes cercanas a Mirones se muestran molestas por el hecho de que se pretenda encontrar un trasfondo político a las críticas que vertió en el discurso: “Basta ver que ahora le critican los que hace tres años le jaleaban, cuando dijo que por muy importante que fuese el Racing, no debía autorizarse el Centro de Ocio. Y los que ahora le jalean son los que entonces le criticaban. Eso demuestra que la Asociación mantiene una posición independiente”.
En su discurso, Mirones insistió en que las diferencias con Marcano son de índole institucional, aunque cuesta pensar que a estas alturas del conflicto no tengan ya un añadido personal. Mirones se quejó de que el consejero no haya convocado desde marzo la Sociedad Regional de Turismo, donde se deciden las campañas de promoción, ni el Consejo Regional de Turismo, un órgano consultivo no vinculante destinado a orientar la política del Gobierno en este terreno.
Detrás de esta reclamación de estar presentes allí donde se toman las decisiones y de la postura olvidadiza de la Consejería al respecto subyacen dos circunstancias que no se explicitan: el sector no está satisfecho de los resultados de la campaña Cantabria Infinita y su valoración de los últimos años turísticos es bastante peor que la realizada por el Gobierno, dado que los hosteleros han comenzado a utilizar un sistema estadístico distinto, el de los ingresos por establecimiento, que no sólo no crecen, sino que muestran una tendencia a la baja. Una evolución que no es consecuencia de un descenso del turismo, sino de la multiplicación de hoteles y restaurantes.
Las diferencias entre la Consejería y la Asociación más representativa del sector no están en las subvenciones –como suele ser lo habitual– sino en la interlocución. De hecho, a pesar de que López Marcano citó en su discurso una ayuda de 120.000 euros para la Asociación en este ejercicio, a través de un convenio, en realidad se trata de la última entrega de la subvención concedida hace cuatro años para la compra de la finca Las Carolinas y su habilitación como sede de la Asociación y como Hotel-Escuela.
La falta de diálogo y de respuesta a varias cartas enviadas por la Asociación a la Consejería habían enfriado las relaciones mucho antes de la Gala. Quizá por eso, el presidente regional, Miguel Angel Revilla, que ha acudido a las veintidós ediciones y siempre saluda en sus encendidos discursos a sus anfitriones, en esta ocasión no mencionó a la Asociación. Mirones, que ensalzó la labor del Gobierno en otros ámbitos, tampoco se refirió a la Consejería de Cultura y, al llegar a la mesa presidencial, fue recibido por Marcano con un “gracias por felicitar a todo el Gobierno menos a mí”.
El acto había reunido a más de 1.200 personas en el Palacio de Deportes de Santander, casi el mismo número que concitó tres años antes el galardón a David Bustamante, lo que demostró la capacidad de convocatoria de la Asociación de Hostelería por sí misma. En esta ocasión, el premio Horeca había sido concedido a Emilio Botín y, por extensión, al Banco Santander, por el hecho de haber extendido este nombre por todo el mundo, hasta el punto que Santander es hoy más conocido por la marca bancaria que por la propia ciudad. La reciente absorción del Abbey National y la proyección que tiene este hecho en el Reino Unido hacía más oportuno que nunca el galardón que se concede a quienes, sin tener relación directa con el sector hostelero o turístico, colaboran directa o indirectamente en su desarrollo.
El presidente del Santander agradeció el galardón a través de una alocución por vídeo –por razones de trabajo, Emilio Botín no pudo estar presente y recogió el premio en su nombre el director territorial Carlos Hazas–. Recordó su vinculación a la economía de la región y algunas iniciativas que ha tomado para desarrollar su sector turístico, como la Neocueva de Altamira o la sala de exposiciones de la Fundación Botín.