Editorial
Aparentemente, las cifras aportan transparencia a la actividad política y, desde luego, proyectan una imagen de solvencia y eficacia. El horror al vacío de cualquier población, sobre todo en momentos de incertidumbre, es llenado con números por los gobernantes. En Haití el gobierno ya ha decidido que hubo 270.000 muertos, aunque en realidad no se ha tomado trabajo alguno para contarlos, ni para auxiliar a los que quedan. Hay ejemplos locales menos dramáticos. El actual alcalde de Santander se encontró, nada más tomar posesión, con una interrupción del suministro de agua que afectaba a buena parte de la ciudad. El Ayuntamiento se sentía impotente ante un problema que tardó días en ser atajado, pero alguien recomendó al alcalde que facilitase cifras inmediatamente. Se eligió una aleatoriamente, cuando aún no se sabía en realidad cuánta gente se había quedado sin agua. Funcionó. A partir de ese momento, todo el mundo tuvo la sensación de que el problema estaba controlado, al menos en sus dimensiones. En Torrelavega se vivió durante años otro ejemplo singular en los recuentos de participantes en las fiestas patronales. La suma era categórica: 62.203 personas. Si se tiene en cuenta que muchos actos son multitudinarios, como el desfile de la Gala Floral donde no hay manera humana de saber con exactitud cuánta gente hay en las aceras, en los balcones y los que van y vienen, más eficacia es imposible. El funcionario contador ya debiera tener una estatua, porque ni siquiera se amparaba en redondeos o en aproximaciones. Y los periodistas aceptábamos la cifra con la misma ingenuidad con que damos por buena la participación de 3.000 manifestantes en concentraciones donde no vemos ni siquiera a 500.
La magia de las cifras no se queda en los recuentos imposibles. Llega, incluso, a la anticipación. Sin bola mágica ni nada, el Gobierno cántabro, los sindicatos y la patronal ya saben que el nuevo pacto de concertación que acaban de firmar para sacar a Cantabria de la crisis va a crear 10.987 puestos de trabajo en dos años. Ni uno más ni uno menos. Puestos a pedir, hubiese sido mejor una concertación que crease 43.197, por ejemplo, y así no quedaría un solo parado en Cantabria, pero todo no se puede tener. Y lo sorprendente no son las dotes de adivinos de quienes nos representan, que eso está al alcance de cualquier Rapel, sino el que lo vayan a conseguir haciendo lo mismo que ya estaba previsto: el Plan Eólico, las obras extrapresupuestarias, las líneas de financiación del ICO y el ICAF…
Las cifras no crean empleo pero hay que reconocer que tienen un efecto balsámico. En esta época tan materialista han desplazado a la palabra y a las liturgias que tan buen resultado habían dado en el pasado para sosegar a las multitudes. Que se lo digan al sacristán de Divinas Palabras, que rescató de la plebe enfurecida a su esposa Mari-Gaila, cogida en falta con otro. Entonces, el ensalmo se produjo al empezar a hablarles en latín. Ahora todo se resuelve con cifras… Y con dinero, claro.