EXCAVACIONES GABY: Salir fuera para sobrevivir

La llegada, en los años 70, del primer tractor a la explotación ganadera que tenía la familia González Vega en Bielva supuso mucho más que una simple mejora en las condiciones de trabajo. Fue el inicio de una pasión, la que descubrió el entonces preadolescente Gabriel González por el mundo de las máquinas y que le llevó a crear, hace ya un cuarto de siglo, lo que andando el tiempo sería una de las más sólidas empresas de excavación y obra pública de Cantabria.
De aquellos años de fascinación por las excavadoras le queda el placer de subirse a una máquina o un camión para realizar alguna tarea; y de sus comienzos como empresario la humildad de saber que no hay trabajo pequeño, así que mientras tiene ofertadas obras por valor de 20 millones de euros, no desdeña atender personalmente a quien lo que quiere es contratar un camión de tierra vegetal.
En estos ya 26 años de trayectoria empresarial, Gabriel González ha conocido todos los extremos por los que ha pasado el sector de la obra pública y la construcción en España. Desde la crisis de 1992, poco después de iniciar su actividad profesional, y el boom económico que durante aproximadamente una década (1997-2007) relanzó de manera descontrolada a la construcción, hasta la profunda recesión que tan dañados ha dejado a tantos sectores.
La historia de esta empresa cántabra se explica por su capacidad para adaptarse a escenarios tan cambiantes, hasta el punto de que debe ser una de las pocas de su sector en toda España que ha conseguido vadear esta durísima crisis conservando la misma plantilla que tenía en 2007, medio centenar de trabajadores.

Buscar el trabajo donde esté

Si algo ha caracterizado la actitud de Gabriel González ha sido su permanente disposición a trasladarse fuera de la comunidad cántabra para encontrar trabajo. Ya a poco de comenzar como autónomo, y ante la ausencia de obras en la región como consecuencia de la crisis de 1992, no dudó en trasladarse con su excavadora al País Vasco, donde trabajó en las obras de canalización del gas natural. Pero también allí le alcanzaron los coletazos de la crisis y dos impagos de las empresas contratistas le provocaron un serio quebranto económico.
De regreso a Cantabria, y ante la falta de trabajo, tuvo que dejar sus dos excavadoras paradas y dedicarse, con el tractor, a tareas agrícolas para terceros. No fue hasta el comienzo del tramo de autovía entre Torrelavega y Virgen de la Peña, en 1995, cuando pudo relanzar su actividad como excavador.
Cinco años después, Gabriel González daba el salto desde la condición de autónomo a la creación de la empresa Excavaciones González Vega, abría su primera oficina en Unquera, iniciaba la contratación de administrativos y contables, y empezaba a poner las bases de su crecimiento posterior. “Para los que hemos sido empresarios autónomos, dar ese paso es muy difícil porque tendemos a ver como sueldos improductivos todo lo que no sea personal subido a una máquina o a un tractor. Pero aquello me ayudó a crecer de forma estructurada”, recuerda González.
En 2005 culminaba la creación de una infraestructura empresarial trasladando su sede al polígono de Unquera, con unas instalaciones lo bastante grandes como para albergar un taller de reparaciones para los 35 vehículos que componen ya su flota, entre excavadoras y camiones.

La etapa del ‘boom’

El crecimiento de la empresa se vio impulsado por la febril actividad que la vivienda y la obra pública alcanzó en aquellos años. El auge de la construcción inmobiliaria, que alcanzó también a la zona occidental de Cantabria (Comillas, San Vicente de la Barquera, Unquera o la cercana localidad asturiana de Panes), generó mucha obra para esta empresa de excavaciones. Incluso llegó a actuar como promotora, rehabilitando y construyendo algunos edificios de viviendas.
También colaboró activamente con la Consejería de Medio Ambiente en muchas de las obras hidráulicas que se llevaron a cabo en la región, desde saneamientos a la renovación de redes y depósitos de agua potable.
Es en este campo, el de las obras hidráulicas, y ya como contratista directo con la Administración, es donde Excavaciones González Vega (o ‘Excavaciones Gaby’ como es conocida) consiguió en 2014 el mayor contrato de su historia: el saneamiento integral de Panes, una obra de cuatro millones de euros, promovida por la Confederación Hidrográfica del Norte y cuya ejecución finalizó el pasado mes de diciembre.
Su rápida capacidad de respuesta le ha convertido también en un recurso habitual para la Consejería de Obras Públicas o para el Ministerio de Fomento cuando se trata de reparar urgentemente los daños causados en una calzada por un argayo o un desbordamiento.

Sorteando la crisis

En la crisis que ha asolado al sector de la obra pública hay una fecha especialmente negra para González Vega. Fue en 2011, trabajando en el tramo de Llanes de la Autovía del Cantábrico, cuando una llamada telefónica a media mañana le advirtió que la obra quedaba paralizada. En aquel momento su empresa tenía en ese tramo 40 operarios y cerca de una treintena de máquinas. A esa paralización se unió la del Puerto de San Glorio, donde también tenía trabajadores desplazados.
La respuesta de Gabriel González fue la misma que puso en práctica veinte años antes, buscar obra donde la hubiese y a la semana siguiente ya estaba moviendo tierras en las obras del AVE a Galicia en Mansilla de las Mulas (León).
Con esa misma actitud, y el respaldo de su plantilla, ha logrado sostener la actividad de la empresa, desplazándose a Zamora, Orense, Huesca o Vizcaya. En este momento concurre a obras en zonas tan alejadas como Extremadura. “Ahora mismo –señala Gabriel– tenemos presentadas ofertas por valor de 20 millones de euros, pero todo fuera de Cantabria”.
La carencia de trabajo en la región le animó, incluso, a probar suerte en Hispanoamérica, donde en colaboración con Hermanos Torres Roiz construyó en 2012 una estación de autobuses en El Salvador.
Es precisamente la ausencia de proyectos de obra pública en Cantabria lo que más inquieta a este empresario. Y más que la ausencia de trabajo, la indiferencia con que los sucesivos Gobiernos regionales asisten al declive de su sector, en el que han desaparecido ya muchas empresas. En opinión de Gabriel González, una línea de avales a través del ICAF facilitaría, al menos, que las empresas obtuviesen financiación bancaria. Una propuesta que choca con la intervención de la Administración regional por el Estado en esta materia (todos los avales deben ser aprobados en Consejo de Ministros), y con el hecho de que la autonomía tampoco cuenta con recursos para impulsar un plan de mantenimiento de la red de carreteras que daría un balón de oxígeno a un sector que está pasando por un momento crítico.

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