Más optimismo entre las empresas de enseñanza

Los importantes cambios introducidos el pasado mes de marzo en el modelo de formación para el empleo han sido especialmente bien acogidos por un colectivo empresarial, el integrado por las empresas dedicadas a impartir esa formación como centros colaboradores de las administraciones públicas. Les abre un campo, el de la formación para activos, que hasta ese momento estaba reservado a los agentes sociales.
La contrapartida de ese cambio normativo, que venía siendo exigido por el sector privado de la enseñanza desde hace años, ha sido una paralización de las convocatorias tanto para desempleados como para trabajadores en activo. La necesidad de desarrollar reglamentariamente algunos aspectos del Decreto Ley que ha modificado el modelo vigente desde hace casi un cuarto de siglo ha impuesto un compás de espera que amenaza con dejar el año en blanco. Aunque desde la asociación que representa en Cantabria a las empresas de formación (CECAP) se confía en que, al menos, el Servicio Cántabro de Empleo agilice la puesta a punto de los cursos que convoca la administración autonómica, para que puedan iniciarse antes de acabar el año.

Una vieja demanda

El paso atrás dado por sindicatos (UGT y CC.OO) y la CEOE-CEPYME para desvincularse de la ejecución directa de los cursos, aunque manteniendo su presencia en el diseño y planificación de la formación para el empleo, ha posibilitado que las entidades que imparten esa enseñanza puedan acudir directamente a los concursos de las administraciones públicas. “Esto puede marcar un antes y un después para nosotros como colectivo en lo que es la formación para el empleo”, señala el presidente de la patronal del sector, CECAP Cantabria, Daniel Pérez. “Hasta ahora –prosigue– si queríamos hacer cursos para activos tenía que ser como subcontratados por cualquiera de los tres agentes sociales. A partir de ahora esto desaparece y las empresas de formación pueden entrar en concurrencia competitiva, que es lo que veníamos demandando desde el año 91”.

La formación bajo demanda o programada

Además de los cursos de formación para activos que convoca la Administración, hay otro tipo de formación, la que se realiza a petición de una empresa para sus trabajadores, que supone también una importante actividad para los centros de formación.
Esta modalidad fue creada en 2004 como un modo de que las empresas, que aportan una cuantiosa contribución a los recursos que se destinan a formación para el empleo, (unos 1.800 millones de euros al año, procedentes del 0,7% que se detrae de las nóminas) pudieran elegir para sus trabajadores la formación que mejor se adecuara a sus necesidades. Se crearon así unos cursos bonificados en una cuantía que oscilaba entre el cien por cien de lo cotizado para las micropymes y el 50% para las grandes empresas.
La dificultad estribaba en convencer a las empresas de la necesidad de dedicar parte del horario laboral a la formación de sus trabajadores. “Parte de nuestro trabajo desde 2004 –señala el presidente de CECAP Cantabria– ha sido sensibilizar al empresariado de la importancia que tiene la formación permanente de sus trabajadores y estamos moviéndonos ya en porcentajes importantes, sobre todo en empresas grandes y medianas que hacen mucho uso de un crédito que, si no se gasta antes del 31 de diciembre de cada año, se pierde”.
La mayor dificultad estriba en convencer a las micropymes, “esa es nuestra lucha diaria”, subraya Pérez. La necesidad de poner al día sus negocios en un entorno de crisis económica ha ayudado a vencer esa resistencia; como también lo ha hecho la propia necesidad de los trabajadores de mejorar sus habilidades profesionales para mantener su empleo o poder optar a otro en un mercado de trabajo cada vez más restrictivo.
Entre las demandas de formación más reiteradas se encuentra las que tienen que ver con la digitalización de las empresas (conectar el negocio a internet, manejar una tienda on line, tener a alguien que sepa promocionar la compañía en las redes sociales, etc.).
Las empresas industriales suelen interesarse más por los temas de seguridad en cuestiones como la prevención de riesgos laborales o en el manejo de máquinas, con especial énfasis en la formación en el uso de carretillas, que es una de las mayores causas de siniestralidad laboral.
En sectores como el comercio o la hostelería la demanda de formación se inclina hacia la mejora de atención en el servicio al cliente, una asignatura todavía pendiente en muchos de los establecimientos de la región.

Impedir los fraudes

También en la formación bajo demanda ha habido cambios en el nuevo modelo, empezando por la propia denominación. El Real Decreto pasa a definirla como formación programada y, sobre todo, exige que las empresas que la impartan sean centros de formación acreditados y con solvencia técnica y económica suficiente como para poder desarrollar esos planes de formación.
Se trata de evitar la aparición de fraudes, como los detectados en otras comunidades y que tan negativamente han afectado a la imagen del sector. “Afortunadamente, en Cantabria ­–señala Daniel Pérez– tenemos un sistema de control por parte de nuestro cliente, que es la Administración, para la justificación económica de los cursos que hace muy difícil que se puedan cometer irregularidades”.
De hecho, Cantabria fue premiada el año pasado por la Administración central con una sobrefinanciación del 15% sobre lo asignado inicialmente para cursos de formación, en reconocimiento a la buena gestión realizada en este campo.

Vuelven las oposiciones

El moderado optimismo de las empresas de formación por las perspectivas de trabajo que se abre para el sector, no solo tiene que ver con los cambios introducidos en la formación para el empleo. Otra importante área de su actividad, la formación de opositores, está a punto de reactivarse de nuevo tras la decisión tomada en julio por el Gobierno central, de elevar la tasa de reposición de funcionarios al 50% (100% en Educación, Sanidad y fuerzas de seguridad), rectificando el límite impuesto hace cuatro años según el cual solo se podían reponer el diez por ciento de las bajas de personal producidas en cualquiera de las tres administraciones territoriales. “En general se respira cierto optimismo, porque van a venir convocatorias importantes para todos los sectores y categorías”, señala Daniel Pérez.
Unas perspectivas que van a aliviar notablemente la difícil situación que atraviesan las empresas de formación y que ha supuesto la desaparición en los últimos años de un buen número de las que había en la región. En la actualidad quedan unas 150, en las que trabajan más de mil personas.

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