Teka amplía la planta de Cajo
El fin de la crisis en el mercado asiático y la recuperación económica de algunos países hispanoamericanos se ha traducido en tiempos de bonaza para empresas como Teka Industrial que ha elevado su producción en un 30% para poder atender a una demanda inesperada de fregaderos y encimeras proveniente de países como Tailandia, Indonesia, Méjico, Ecuador o Chile. De las 65.000 piezas mensuales que se fabricaban en las instalaciones santanderinas de Cajo, se ha pasado en un año a casi cien mil, muy cerca del límite de capacidad de la factoría. El aumento de plantilla también ha sido notable y 65 nuevos trabajadores se sumaron a lo largo del pasado año a los 415 que ya tenía la planta.
La demanda proveniente de los países emergentes ha desbordado la previsión de la empresa que tenía más confianza en el buen momento que atraviesa desde hace dos años el mercado de los electrodomésticos en España gracias a la construcción de nuevas viviendas. Los productos que Teka fabrica para este sector experimentaron en 1998 un crecimiento del 14%; en 1999 aumentaron un 17% y para el 2000 se espera una cifra que rondará el 10%.
Con el aumento de demanda exterior Teka Industrial, que integra las plantas de Santander, Alcala de Henares, Granada y Zaragoza, confía en alcanzar este año los 41.000 millones de pesetas de facturación (un 7% más que en 1999), mientras que las ventas totales del grupo, con otras tres divisiones de producto, podría elevarse por encima de los cien mil millones.
Un proyecto aparcado
Teka apostará por consolidar estos mercados y atender la creciente demanda de países del Norte de Africa y del Este de Europa, lo que ha llevado a los responsables de la firma a poner en marcha una nueva línea de producción de fregaderos en la planta santanderina que permitirá alcanzar el millón y medio de piezas en el 2001. Para ello se aprovecharán parte de las nuevas instalaciones –cerca de 8.000 metros cuadrados– que se están acondicionando en Cajo y que estaban destinadas a la fábrica de lavavajillas anunciada a finales de 1998 y cuyo proyecto ha sido momentáneamente aparcado en tanto se reestructuran las líneas de producción. El esfuerzo inversor que se iba a desplegar en el lanzamiento de ese nuevo producto, que se cifró en su día en 1.500 millones de pesetas, va a ser orientado hacia la renovación de la línea de fregaderos, que se iniciará a mediados del próximo año, y de la línea de hornos que se fabrican en la planta de Zaragoza.
En la decisión ha pesado también la alteración alcista de los costes que han sufrido los componentes del lavavajillas, lo que obliga a adoptar mayores cautelas a la hora de acometer su fabricación. Los cambios tecnológicos han duplicado la inversión inicialmente prevista y el umbral de producción para que sea rentable la inversión en utillaje se sitúa en 250.000 unidades, muy por encima de las 160.000 que se manejaban en su día como objetivo más favorable de producción para la nueva fábrica. Los lavavajillas italianos y franceses que ahora comercializa Teka con su marca, suponen unas 40.000 unidades –destinadas básicamente a la Península Ibérica– lo que indica que la base de partida es muy insuficiente para absorber la producción que saldría de la planta propia. En su momento se contaba con los efectos que tendría la renovación del parque de lavavajillas en países como Alemania, Inglaterra o Francia y por la penetración en el mercado griego, donde Teka ha conseguido hacerse un hueco, pero en todos los casos con un claro componente de incertidumbre.
Margen para crecer
Teka, que tradicionalmente ha sido conocida en el mercado como una marca de fregaderos, hace años que inició la política de ampliar su gama de productos hasta convertirse en una compañía global de electrodomésticos. Algo que obliga a la marca cántabra a competir en un mercado muy difícil, que se reparten las multinacionales y las marcas blancas de las cadenas de distribución. A pesar de estas circunstancias, Teka se ha abierto hueco a partir de su fortaleza en la gama marrón, sobre todo hornos y encimeras donde se hizo fuerte, y de su liderazgo en los fregaderos, pero aún se ve obligada a comprar a otros fabricantes los electrodomésticos más grandes (lavavajillas o lavadoras), que ha de incluir en su gama de productos para aprovechar todas las sinergias del marketing. Una vez que el volumen de ventas lo justifica, esos productos ajenos son sustituidos por fabricaciones propias.
En el caso de los lavavajillas, los responsables de la firma santanderina han preferido marcar un compás de espera con el fin de ver como evoluciona el mercado de gama blanca, no solamente en España sino en el resto de Europa: “El proyecto sigue en pie –afirma el director general de Teka Industrial José Antonio Crespo– y cuando tengamos tiempo se acelerará, aunque de momento no hay fecha. Va a depender de la evolución del mercado de lavavajillas, ya que los costes han aumentado y los precios de venta se han estabilizado a la baja. Hay que hacer un nuevo análisis estratégico y técnico del producto”.
A favor de continuar con el proyecto se encuentra el hecho de que en España el lavavajillas sigue siendo el electrodoméstico que menos presencia tiene en el mercado. Tan sólo el 23% de los hogares españoles cuentan con lavaplatos, mientras que en los países mas avanzados de Europa esta cuota se sitúa en el 48%. Queda, pues, margen para crecer, aunque el nivel mínimo de producción que exigiría la rentabilidad de las nuevas instalaciones ha llevado a los directivos de Teka a manejar la hipótesis de una join venture con fabricantes de otros países que se encuentren en una situación similar, es decir, necesitados de un producto propio pero sin un volumen de ventas que justifique una planta de lavavajillas.
Nueva fábrica en Indonesia
La opción que finalmente se imponga se conocerá en el plazo de un año. Mientras llega ese momento, los esfuerzos de la empresa se centran en la renovación de las líneas de hornos y fregaderos –un producto cuyo ciclo comercial viene a durar seis o siete años–, y en la ejecución de nuevos proyectos como la construcción de una planta en Indonesia para fabricar campanas extractoras, desde la que se cubrirá la demanda de todo el Extremo Oriente, uno de los mercados de Teka. Al no necesitar encastre, estas campanas son de fácil instalación por lo que tienen más posibilidades comerciales en áreas geográficas como aquella, donde el equipamiento doméstico es poco sofisticado.
Teka, que tiene ya preparado el equipamiento de la nueva fábrica en la planta de Alcalá de Henares, cuenta con un socio local en Indonesia y está a la espera de que se disipen las incertidumbres que rodean la situación política en aquel país para comenzar la instalación de la nueva factoría.