¿Llegan malos tiempos?
Las opiniones sobre la marcha de la construcción son para todos los gustos, pero hay un dato incontestable. En tres meses han optado por el cierre dos de las constructoras más importantes de la región: Monobra –una de las empresas de obra pública tradicionales– y García Curado, que había puesto más atención en el sector inmobiliario.
¿La crisis de dos empresas indica una crisis del sector? Posiblemente, no. Hace poco más de un año desapareció otra de las primeras del ranking, Socueva, y la construcción avanzaba a velocidad de crucero. Pero que tres compañías tan significativas desaparezcan en tan corto periodo de tiempo indica, al menos, que una parte significativa del sector tiene su continuidad cogida con alfileres y puede tener serios problemas con el primer vendaval inmobiliario.
En 1991, cuando la Diputación de Cantabria detuvo en seco las inversiones y el pago de las obras que adeudaba, más de la mitad de las grandes constructoras locales estuvieron a punto de llevar sus libros de contabilidad al juzgado y pedir la suspensión de pagos, porque su situación se convirtió en crítica. Hoy, en los buenos tiempos, resulta difícil imaginar aquellas circunstancias, pero lo cierto es que la supervivencia entonces de la mayoría de las constructoras, incluso de las más poderosas, casi puede calificarse de milagro.
Las consecuencias de aquella crisis fueron tan graves que una de ellas, Monobra, nunca llegó a recuperarse y, acaba de pagar con su desaparición, una década después, los problemas que padeció entonces. La que un día fuera mayor empresa constructora cántabra, ha optado directamente por tramitar la quiebra y liquidación, sin pasar previamente por la suspensión de pagos, desgastada por el tiempo o convencida de que, a estas alturas, la resurrección no era posible.
La constructora-promotora García Curado, muy activa en el sector inmobiliario y, sobre todo en el municipio de Piélagos, ha tomado la misma decisión. El pasado 5 de diciembre envió una carta a sus trabajadores en la que les anunciaba el cierre. La empresa no ha podido superar los pasivos acumulados y ha dejado un reguero de acreedores.
Descenso en el inicio de nuevas viviendas
No es fácil achacar estos problemas a una recesión. La situación del sector inmobiliario sigue siendo aparentemente muy buena, aunque algunas fuentes aseguran que mientras la demanda de vivienda nueva continúa siendo elevada, la comercialización de viviendas usadas se ha ralentizado significativamente.
Pero no hay duda de que algo está cambiando. Cantabria fue una de las cuatro comunidades españolas donde el número de viviendas iniciadas entre enero y septiembre no creció, sino que, por el contrario, se redujo un 10,3%, al acometerse 8.335. Es cierto que tampoco registraron incremento las comunidades hasta ahora más activas, como Baleares, Cataluña y Madrid, pero en todo el país se iniciaron 514.670 viviendas, un 18,3% más que en el mismo periodo del año anterior. Para darse cuenta de la velocidad de crucero del sector en España, basta constatar que esas cifras de los tres primeros trimestres casi igualan el total de viviendas construidas en todo 2002, que por ser un récord histórico ya parecían difícilmente superables.
Fuerte subida del desempleo
Estos factores comienzan a reflejarse en el empleo. En los últimos doce meses, el paro en el sector constructor cántabro ha aumentado en 770 personas, o lo que es lo mismo, un 39,4%. No puede olvidarse que a finales del año 2002 se vivía una auténtica vorágine preelectoral, y es cierto que el desempleo en la construcción por entonces era muy bajo, lo que da lugar a que cualquier aumento dispare las cifras porcentuales, pero casi un 40% de crecimiento es un síntoma de que algo puede estar cambiando en la construcción.
La Consejería de Industria y Empleo ha achacado la brusca elevación de noviembre al comienzo de las lluvias, pero el problema no puede atribuirse exclusivamente a factores estacionales. A lo largo de todo el año 2003, la construcción no ha conseguido rebajar la cifra de 2.000 desempleados en ningún mes, un número que no se conocía desde hace varios años. Ni siquiera lo consiguió en los meses previos a las elecciones, cuando las obras públicas vivían una extraordinaria efervescencia.
Si se tiene en cuenta que en diciembre se multiplican los despidos en el sector, para no tener que abonar a los trabajadores los festivos, es fácil suponer que se rebasará incluso la cifra de 3.000 desempleados, algo que no se producía desde 1997.
Lo que ocurra en los próximos meses indicará si este conjunto de circunstancias es un mero diente de sierra en el largo ciclo de crecimiento de la construcción, o en el comienzo de un cambio de tendencia.