Astander vuelve al mercado de la transformación

Tres años de ausencia en un mercado tan competitivo como el de los astilleros supone un serio handicap a la hora de entrar de nuevo en liza, pero tras su venta a Italmar, Astander ha vuelto a incorporarse al mundo de la transformación de buques y lo ha hecho con dos operaciones que van a aportar a su facturación de este año 1.300 millones de pesetas.
El primer trabajo de esta nueva etapa se han efectuado sobre un barco ro-ro de la compañía Trasmediterránea –el ‘Superfast Canarias’–, al que le ha añadido una nueva cubierta, con lo que su capacidad de carga aumenta en un 30%. Una transformación relativamente sencilla si se tiene en cuenta que el astillero ha realizado en el pasado otras tan complejas como el alargamiento de buques para aumentar su capacidad de arqueo.
Los trabajos de transformación del ‘Canarias’ concluyeron a principios de mes y ahora se procede a realizar una operación similar en un barco gemelo del anterior, el ‘Superfast Andalucía’.
Los buques tienen una eslora de 185 metros y una manga de 25,2, y desplazan 21.886 toneladas. Ambos barcos se destinan al traslado de camiones y tras la reforma aumentarán su capacidad de carga desde los 3.358 metros actuales hasta los 4.276, lo que les permitirá embarcar 50 vehículos más en cada viaje.
Para construir la nueva cubierta del ‘Canarias’ ha sido preciso emplear cerca de mil toneladas de acero. Los trabajos de reforma, que han durado 36 días, han incluido el montaje de la instalación eléctrica de la cubierta, con tomas de corriente para los contenedores refrigerados, y de un generador para alimentar las nuevas instalaciones. También ha sido preciso dotar la nueva cubierta de servicios contraincendios.

Un mercado irregular

Aunque la actividad principal del astillero se basa actualmente en las tareas de reparación, los responsables de Astander negocian otras transformaciones, que ofrecen más valor añadido y aseguren una carga de trabajo más regular, una empresa nada fácil en el sector. Mientras que las reparaciones ofrecen un flujo de trabajo de cierta continuidad, la transformación de buques es mucho más difícil de programar ya que los armadores evalúan hasta el último momento las múltiples posibilidades de precio y plazo que les ofrece el mercado: “En este tipo de negocio no tienes una carga de trabajo a largo plazo” –explica el director comercial de Astander, Juan Luis Sánchez–. “En la reparación se están contratando barcos a una semana vista o dos semanas como mucho y en las transformaciones a un mes. La razón es que el armador tiene mucho donde elegir y no se decide hasta el último minuto”.
La singularidad de este mercado explica que el grado de ocupación del astillero deba medirse mes a mes y si enero fue un mes aceptable en cuanto a carga de trabajo, en febrero y marzo la actividad decayó para remontar de manera espectacular en el último bimestre en que Astander ha trabajado al cien por cien de su capacidad.

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