Sobaos para los Emiratos Arabes
Si algo ha demostrado el sobao en su corta experiencia exportadora es que, sea cual sea la cultura gastronómica del país en el que se aventura, este producto tan genuinamente cántabro, gusta. Ocurrió en China, cuando hace cuatro años una acción comercial organizada por Sodercan llevó hasta allá a empresas como Serafina y Vega Pelayo. Y ocurre ahora en Dubai, donde Vega Pelayo lleva desde el pasado mes de octubre vendiendo sus sobaos en el marco de una macroferia (Global Village) que durará hasta la primavera.
Pero el problema para que estas acciones tengan continuidad es la dificultad para hacer compatibles la corta vida útil del producto con las largas distancias que debe cubrir hasta destinos tan exóticos. El encarecimiento que supone el transporte por avión es un hándicap que solo países con una renta alta como la de ese emirato árabe son capaces de asumir. O como la colonia cántabra afincada en México, que mantiene la fidelidad al sobao pasiego como un vínculo más con sus raíces.
Al obstáculo que supone la lejanía de esos mercados hay que añadirle los burocráticos, ya que los trámites aduaneros para el control de productos alimentarios suelen retrasar aún más la llegada hasta el punto final de venta.
Una investigación prometedora
Vega Pelayo lleva tiempo buscando, con ayuda de investigadores de la Universidad de Cantabria y de una universidad madrileña, la manera de alargar la fecha de caducidad de los sobaos sin que pierdan ninguna de las características organolépticas que aprecian los consumidores. Porque precisamente eso que les hace tan apetecibles –la abundante presencia de mantequilla o un grado de humedad que les da una textura esponjosa– es lo que les convierte en productos de corta duración. No más allá de 30 o 45 días para los sobaos más artesanales, los que se acogen a la Indicación Geográfica Protegida, y entre 60 y 90 días para los de producción más industrializada.
Los datos que arroja la investigación son bastante prometedores y para después del verano podría haber conclusiones sobre cómo alargar el consumo óptimo del sobao sin variar su composición.
La exportación como necesidad
Mientras llega ese momento, las acciones exportadoras de las pocas empresas que se han aventurado en el mercado exterior se centran en los países de nuestro entorno, en los que el sobao puede hacerse un hueco por su singularidad frente a la repostería local y se puede transportar por carretera.
Otra de las posibilidades a explorar es el añadido de frutas, chocolate y otros componentes para crear variaciones, algo que es muy habitual en la bollería de países como Gran Bretaña, pero que en el mundo del sobao apenas se ha explotado, salvo iniciativas como las de Ibáñez, que también elabora una variedad con manzana.
Es en ese asomarse al exterior donde empresas como Vega Pelayo ven las posibilidades de crecimiento que ya no encuentran en el mercado nacional: “El sobao es el tercer producto de desayuno en consumo, según los datos de la consultora Nielsen” –señala la directora comercial de Vega Pelayo, Gema Coria–, “pero ahora necesita salir al exterior”. Aunque reconoce que no será fácil porque “tenemos muchos hándicaps”. Tampoco parecía fácil, hace tres décadas, hacerse un hueco entre los productos nacionales de repostería más consumidos.