Marino Berrio adquiere Mármoles Santal y buscará otras actividades

El comprador de Alsal no ha sido la promotora Capilsa, como estaba pactado, sino el gestor de chatarras torrelaveguense Marino Berrio, que en lugar de adquirir el principal activo de la empresa, la península que forma en la Ría de Solía, ha preferido adquirir las acciones. Dado que la sociedad se ha vendido totalmente saneada de deudas, no tendrá que temer la aparición de pasivos ocultos y, en cambio, eso le permitirá aprovechar un crédito fiscal de más de dos millones de euros cuando Santal genere beneficios con la piedra o con otra actividad.
Berrio se había interesado inicialmente por la chatarra, pero decidió la compra de la compañía en concurso –la antigua suspensión de pagos– cuando la promotora nojeña Capilsa se retiró a última hora.
El emplazamiento de la cortadora de mármol es un lugar de enorme valor paisajístico y medioambiental, aunque sometido a incertidumbres con respecto a su aprovechamiento. El hecho de tratarse de una concesión y de estar afectado por la Ley de Costas y el POL inhabilita buena parte de la superficie para usos inmobiliarios, pero Capilsa había recabado el dictamen jurídico que aseguraba el aprovechamiento urbanístico de una parte de los terrenos.
La operación ya estaba prácticamente cerrada, después de que los bancos acreedores de la sociedad aceptasen una quita del 33% y avalasen con ello un plan de viabilidad presentado por los interventores judiciales, que trataron en todo momento de preservar la continuidad de la compañía, aunque fuese como mera comercializadora de mármol, a la vista de las dificultades de colocación que, por edad, podía tener buena parte de la plantilla.
La realidad ha sido muy distinta. El plan de viabilidad ya es historia, los trabajadores han salido de la compañía en crisis y los accionistas, curiosamente, han recuperado prácticamente todo el dinero que habían puesto, a través de la venta a Berrio, que ha pagado 6,65 millones de euros.
Santal perteneció en estos últimos años a la familia gallega Fernández Sousa, propietaria de Pescanova y de la farmacéutica Zeltia, a través de una sociedad creada para diversificar sus intereses industriales. No obstante, un 9% de las acciones permanecía en manos de los accionistas tradicionales de Santal, la familia Fernández-Escárzaga.
Marino Berrio ha conseguido hacerse con la totalidad del capital y pretende reordenar los más de 10.000 m2 de naves, dejando una de 2.800 m2 para la actividad originaria. El resto se pondrá, probablemente, en alquiler, en busca de nuevos usos.

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