MP3, música en la red
El formato de audio digital MP3 se ha convertido en el verdadero estándar de sonido a nivel mundial gracias a la difusión espectacular que el intercambio de este tipo de archivos ha tenido a través de Internet. Sus elevadas capacidades y su rápida expansión han hecho que el uso que se ha dado a este formato no siempre haya sido lícito, sobre todo desde el punto de vista de las compañías discográficas.
MP3 es el acrónimo de MPEG Audio Layer 3, se trata de un tipo de compresión de audio que reduce el tamaño del archivo de música en una relación de 12 a 1, lo que significa que una canción de cuatro minutos que ocupa unos 40 Mb en formato WAV en que están grabados los discos compactos de música, supone en MP3 menos de 4 megas. Si tenemos en cuenta que posteriormente podemos comprimir este archivo con herramientas como WinZip, ya tenemos la razón de por qué todo el mundo habla de MP3: su reducido tamaño final (sin merma de calidad apreciable) hace que las canciones puedan distribuirse por Internet, e-mail, etcétera sin los inconvenientes de inacabables descargas.
Hace unos años este sistema de codificación de sonido no era soportado por los ordenadores existentes en el momento, pero actualmente todos los equipos son capaces de interpretarlo. Su funcionamiento se basa en un sistema de codificación que analiza el sonido entrante y le aplica un modelo en función de las capacidades limitadas del oído humano. Es decir, podemos ahorrarnos la grabación de ciertos sonidos que a pesar de estar grabados en el original no afectan en exceso a la correcta audición de la pieza. Por ejemplo, en una canción puede entrar de repente una batería que ahoga el sonido del piano. Pues bien, el algoritmo de compresión elimina, atenúa o graba con menor calidad el sonido del piano de forma que ocupe menos espacio y de esta forma es difícil distinguir la versión MP3 del original.
También se utiliza el método joint stereo, que permite grabar ciertas frecuencias con señal mono en las que el oído humano no es capaz de distinguir la procedencia exacta del sonido. De este modo se graba la mitad de la información además de datos que permiten recuperar posteriormente la procedencia espacial del sonido, aunque sea de forma menos natural.
Para escuchar muchas horas
El método más popular para escuchar ficheros de música en formato MP3 consiste en utilizar un programa en el ordenador de casa que interpreta la información codificada en el archivo y la envía a través de la tarjeta de sonido. Programas como WinAmp, Sonique y muchos otros permiten escuchar sonido con calidad casi igual a la del disco compacto. Hay también en el mercado reproductores MP3 del tamaño de un walkman que permiten cargar en su memoria varias horas de música y reproducirlas como si de una cinta o un CD se tratase. Tienen la ventaja de que, al no tener partes móviles, son pequeños, ligeros y no se ven afectados por el movimiento como los walkman clásicos. Su mayor inconveniente reside en el precio, bastante mayor que un cassette normal.
Comienzan ahora a aparecer los reproductores de compactos o DVD, tanto domésticos como para automóviles, que soportan discos CD-ROM con canciones en formato MP3. Si pensamos que en un CD-ROM puede caber la discografía completa en este formato de, por ejemplo, los Beatles, nos daremos cuenta del porqué del éxito de MP3.
Choque de intereses
Ya hemos visto que las canciones en formato MP3 son ideales para el tráfico por Internet. Al cabo de poco tiempo aparecieron multitud de páginas en que los internautas ponían a disposición del público su música favorita. Para generar una canción en MP3 solamente hace falta el compacto con el original, un ordenador y el programa que convierte el formato WAV del CD al MP3 (lo que se llama un Ripper-Encoder).
Pero lo que hizo saltar las alarmas de las productoras discográficas y de los artistas fue la partición de Napster. Esta compañía distribuye un programa que, una vez instalado, permite acceder a una base de datos con millones de canciones MP3 que se pueden copiar en el ordenador a través de la red. Lo novedoso del caso es que estas canciones no residen en el ordenador de la compañía, sino que cuando nos interesa un fichero, Napster nos conecta con el ordenador de la persona que ha puesto este fichero a nuestra disposición. No es más, pues, que un sistema de trueque.
Las discográficas y los artistas que veían peligrar sus ingresos por derechos de propiedad intelectual rápidamente denunciaron a Napster. El juicio está pendiente en la actualidad y la empresa se defiende alegando que lo único que hace es poner en contacto a los presuntos infractores, avisando además de que los que están haciendo puede infringir las leyes (se avisa que solamente puede descargar un fichero quien ya posea el disco original). Los consumidores de música defienden a Napster poniendo sobre la mesa las desmesuradas ganancias del negocio discográfico (pensemos que producir un CD puede costar 20 pesetas, y las novedades pueden venderse a 3.000) y su derecho a probar antes de comprar.
Napster ha sido adquirido por la multinacional germana Berstelmann, un gigante editorial con una división de discos, a un precio tan polémico como la propia compra. De esta forma, Napster será reconducido hacia un formato comercial más convencional y legal, pero probablemente menos apreciado por los internautas que tendrán que suscribirse al precio de 4,95 dólares al mes (unas 1.000 pesetas) para obtener lo que antes disfrutaban gratuitamente.
Así pues, las empresas discográficas y de tecnología intentan subirse al carro del comercio musical en la red mediante diversos proyectos que frenen la piratería. Hay intenciones de colocar en los archivos MP3 bombas de tiempo que no permitan la audición más que por un período determinado antes de pagar por la música. Otras propuestas son la creación de otros formatos de compresión más seguros y menos accesibles al usuario que den la posibilidad de comerciar con los discos en Internet sin la posibilidad de descargar gratuitamente las canciones, además de desarrollar sistemas anti copia de forma que los CD de música estén protegidos contra los piratas.
Defensores
La búsqueda de medios para contrarrestar el avance de MP3 encuentra la oposición de organismos como la EFF (Electronic Frontier Fundation) que pide a los editores que no desarrollen formatos propietarios (frente al estándar de facto MP3) ya que consideran que de este modo se acaba con la libertad de elección de los internautas. Sostienen este argumento alegando que cualquier persona puede crear un MP3 con su ordenador personal (entendiendo que pueden hacerlo sólo con canciones que no vulneren derechos de autor, canciones de grupos noveles, grabaciones de voz…). Si se instauran los nuevos formatos, esa persona no podrá hacerlo al menos de forma tan sencilla como hasta ahora. Otra organización que defiende MP3 es la Internet Freedom, un organismo de defensa de las libertades civiles que considera MP3 una tecnología esencial para la libertad de expresión.
Además de estos argumentos tan claros, la promoción del formato MP3 continúa con los MP3 On Line Music Awards. Estos premios tienen la intención de reconocer el trabajo de los artistas que utilizan y divulgan en la red ficheros MP3 de sus creaciones. El sistema de votación es sencillo: los webmasters de las páginas participantes colocan los ficheros nominados de manera que los navegantes puedan escucharlos y votarlos.
Otro concurso tiene el nombre de POP45 y es el primero de música independiente que se celebra de forma íntegra a través de Internet, aportando como novedad que uno de los cinco finalistas no es elegido por un jurado convencional sino por los visitantes de la página Web del certamen, desde la que el usuario puede descargar las canciones que más le interesen. Todos los participantes, por supuesto, son recopilados en un CD con los ficheros MP3.