Adicciones, un problema oculto

Hoy día son pocos los que ponen en duda que el clima laboral sea uno de los factores que conducen al éxito o al fracaso de un proyecto empresarial, incluso en las empresas de menor tamaño. Tradicionalmente este factor se ha venido analizado desde un punto de vista económico, haciéndolo dependiente de un mayor nivel de ingresos, o de promoción profesional o social. Sin embargo el clima laboral, está compuesto por una pluralidad de aspectos y entre ellos no es desdeñable el tipo de relaciones personales que se dan en el centro de trabajo.
En el microcosmos que es una empresa, las adicciones que cada individuo tiene o adquiere se proyectan en las relaciones personales, con mayor o menor grado de rechazo por quienes conviven gran parte del día con el empleado, interviniendo en el clima laboral. Unido a lo anterior, no podemos olvidar que las adicciones también influyen en la siniestralidad laboral, en el absentismo o en el grado de productividad de cada sujeto, sin desdeñar la importancia de los problemas humanos que generalmente arrastran.
Todo lo anterior no es más que el enunciado de un problema oculto y al que todas las partes se resisten a poner en evidencia, tanto las direcciones de las empresas como los trabajadores afectados, en un afán de protección erróneo del propio sujeto, o en ultima instancia de la imagen de la propia empresa.
La familia más cercana y los compañeros de trabajo suelen ser los primeros en detectar estas anomalías de conducta. Las respuestas pueden ser diversas pero la más constatada, la primera y más inmediata, es minimizar el problema tildándolo de coyuntural, o justificarlo como una vía de escape ante situaciones de frustración personal o profesional del potencial adicto atrasando asumir o solucionar el problema.
Ese afán de protección o recuperación voluntarista del individuo hace que entrar a examinar o cuantificar el nivel de adicciones y su influencia en el mundo laboral sea una tarea imposible. No hay datos sobre el grado de adicciones de las personas que tenemos en nuestras empresas y, si los hubiera, han quedado en el interior de la organización.
Sólo en situaciones límite vemos algún pronunciamiento judicial, casi siempre en casos de despido inducidos como respuesta (generalmente retardada) a toxicomanías o alcoholismo que suelen ir acompañados por la generación de daños materiales. Por otro lado, las Administraciones Sanitarias y las de protección del sistema de Seguridad Social tampoco contribuyen a que determinadas adicciones sean consideradas bajas médicas si no van acompañadas de otras patologías fisiológicas. Todo ello hace recaer los procesos de rehabilitación sólo en las empresas, cuando son situaciones de atención social de más amplio espectro.
Y qué decir en relación a la siniestralidad laboral. En casos constatados se pasa de puntillas sobre la influencia de determinadas adicciones, como por ejemplo el alcohol, en la causa del accidente. Siempre levanta ampollas debatir si en los accidentes de trabajo existe la misma o similar relación de causalidad que se da entre los accidentes de tráfico y las drogas. Es fácil suponer que pueda tener alguna incidencia, por pequeña que sea. Sin embargo, sería considerado políticamente muy incorrecto por la sociedad, sindicatos etc. que las empresas solicitaran análisis de alcoholemia en estos casos.
Se podría decir algo parecido de la productividad. La concentración y responsabilidad profesional que se exige para hacer un trabajo de calidad, es notorio que queda mermada por la influencia del consumo de drogas.
A nadie se le oculta que el problema tiene aristas y puntos de vista encontrados. El trabajo puede inducir a un consumo abusivo, pero el desempleo también conduce a adicciones sustitutivas del tiempo no empleado o de la frustración profesional. Desconocer datos, desconocer las causas que las generan, desconocer las soluciones, opacar el problema, culpabilizar al individuo o transferirlo a los demás, no resuelve un problema social y económico cuya cuantía se mueve en el limbo de las probabilidades, pero que a todos nos consta como alta.
Hay soluciones para las adicciones, el ejemplo más claro son los sistemas de tratamiento y rehabilitación que se exponen en el manual ‘Drogas en el ámbito de la empresa’ editado por CEOE-CEPYME Cantabria dentro de los convenios de colaboración establecidos con el Gobierno de Cantabria en el Acuerdo de Concertación Social. Las adicciones son situaciones humanas recuperables, a las que todos, Administración, empresa, familia y, principalmente, el afectado pueden contribuir a superar. Bastaría, inicialmente, con admitir la existencia del problema y, en segundo lugar, querer superarlo, lo que no quiere decir que sea sencillo.

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