Brittany Ferries, el sueño de unos agricultores franceses
Enredados en la polémica sobre el deficiente desarrollo de las comunicaciones de Cantabria con el resto del territorio nacional, quizá haya quedado ensombrecido el hecho de que Santander fue la primera ciudad española en contar con una línea regular de pasajeros con el Reino Unido, algo a lo que aspiran sin éxito las comunidades asturiana y gallega y que Bilbao ha tardado mucho en conseguir.
Desde hace 23 años la imagen del ferry atracado en el muelle de Albareda se ha hecho tan familiar a los santanderinos que apenas se subraya la importancia que para el sector turístico de Cantabria tiene la llegada dos veces por semana del buque de Brittany Ferries, en el que se trasladan anualmente desde Plymouth (Gran Bretaña) o regresan hacia ese puerto, una media de 130.000 pasajeros al año, 34.000 coches y cerca de 2.300 vehículos de carga. Desde la entrada en servicio, en 1978, del primer ferry, la línea Santander-Plymouth ha sido utilizada por más de 2.600.000 pasajeros y ha transportado casi dos millones de toneladas de carga.
Durante esos años, el turista inglés, que es el principal usuario de esta línea, se ha convertido en un factor de dinamización de la hostelería de Cantabria, sobre todo en temporada baja. La aportación de los viajeros llegados con un programa turístico y la de aquellos que sólo pernoctan en nuestra región a la llegada o la salida del ferry –un porcentaje que sigue siendo mayoritario– se cifra en más de 1.200 millones de pesetas al año, utilizando como baremo las 7.000 pesetas diarias de gasto medio que realiza un visitante en Cantabria.
El ferry también deja algo más de 200 millones de pesetas al año en tasas de puerto y servicios de prácticos y en cada escala emplea a 200 personas, entre limpiadoras y servicio de parking, para poner en orden el barco en un plazo brevísimo, que vienen a sumarse a los 13 empleados que Brittany Ferries tiene en Santander.
Un puerto urbano
Las características del puerto de Santander, ubicado en el corazón de la ciudad y con un muelle situado a escasos doscientos metros de la catedral, fueron determinantes para la decisión tomada por los responsables de Brittany Ferries de establecer en la capital cántabra la terminal de la línea que uniría el puerto británico de Plymouth con la costa española. También pudieron contribuir a ello las similitudes encontradas entre Santander –una ciudad pequeña y nucleada en torno a su puerto– y la ciudad bretona de Saint Malò, su lugar de origen, ya que en la localidad francesa nació, a finales de los años sesenta, la aventura de poner en pie una compañía marítima pensada entonces para trasladar al otro lado del Canal de la Mancha los productos de los agricultores franceses.
Lo cierto es que el viaje por la costa cantábrica que en 1977 iniciaron en La Coruña cuatro directivos galos de Brittany Ferries –con su fundador, Alexis Gourvennec, a la cabeza– para elegir el puerto adecuado, terminó en la capital cántabra, sin que se llegara a producir la visita a Bilbao que tenían programada. La actividad desplegada por el consignatario Modesto Piñeiro facilitó que el proyecto fuese tomando cuerpo, y en el verano de 1978 se producía el primer arribo al puerto de Santander del ‘Armorique’, un ferry con capacidad para 800 pasajeros y 200 vehículos, al que seguirían a lo largo de los años el ‘Quiberon’ y el ‘Bretagne’, construido específicamente para la línea de Santander. El ‘Bretagne’ fue sustituido en 1991 por el ‘Val de Loire’, que con sus 31.000 toneladas y una recia arquitectura que recuerda su origen báltico, multiplica por tres la capacidad de carga de aquel primer buque.
Una decisión estratégica
El origen de Brittany Ferries está relacionado con la necesidad de un pequeño grupo de agricultores galos de transportar sus productos (principalmente ganado porcino y coliflores) desde la Bretaña francesa hasta el Reino Unido, sin verse forzados a utilizar la ruta tradicional, el paso entre Calais y Dover, situada mucho más al norte. En 1972 la cooperativa que les agrupaba creó, con el apoyo de varias instituciones de la Bretaña francesa, la compañía Bretagne-Anglaterre-Irlande (BAI), con un capital inicial de 100.000 francos franceses. El éxito obtenido en su primer año de funcionamiento llevó a sus promotores a adoptar en 1974 el nombre comercial de Brittany Ferries y a incrementar en los cuatro años siguientes tanto el número de líneas como la estructura de terminales y buques. Para el desarrollo de su estrategia de expansión sólo quedaba una zona relativamente libre de competencia, la situada al sur del Canal. El resto de las rutas estaban ocupadas desde antiguo por media docena de compañías, casi todas inglesas, que operaban preferentemente en el paso de Calais y en las líneas que comunicaban Gran Bretaña con los puertos belgas.
Conscientes de esta desventaja inicial, los responsables de Brittany Ferries dirigieron sus esfuerzos a reforzar sus posiciones en la zona del Canal que abarca desde Caen hasta Roscoff, en la costa francesa y desde Portsmouth a Plymouth en la británica, a la par que exploraban las posibilidades que ofrecían países como Irlanda o España. Así, a la primera línea entre el puerto bretón de Roscoff y Plymouth, se añadió en 1976 la que unía Saint Malò con Portsmouth y, en 1978, las que comunicaban Roscoff con el puerto de Cork (Irlanda) y Santander con Plymouth.
Para la gestión de estas escalas se crearon empresas filiales en Irlanda (BAI Ireland, Ltd), Gran Bretaña (BAI UK Ltd) y España (Brittany Ferries España SL) cuyo capital pertenece en su totalidad a la empresa matriz francesa. Las rutas de Brittany Ferries se completaron en años posteriores con la apertura de dos nuevas líneas en el Canal: Cherbourg-Poole (1985) y Caen-Portsmouth (1986).
Para financiar la construcción y explotación de los nuevos ferries, la empresa francesa recurrió a la creación de sociedades de capital mixto en las que participan instituciones de las regiones francesas interesadas en el mantenimiento de esas rutas, que se aseguran así la continuidad de las líneas y aportan clientela.
La actividad como tour operador
Este modelo de línea, con buques cautivos por la aportación financiera de instituciones locales, no fue el aplicado en el caso de Santander, ya que tanto el ‘Val de Loire’ como su antecesor, el ‘Bretagne’, pertenecen a la compañía Sabemen, una sociedad comercial formada por Brittany Ferries y tres Departamentos franceses.
La elección de un puerto español para establecer una nueva línea estuvo motivada, en gran medida, por la actividad que como tour operador venía desarrollando Brittany Ferries. La empresa francesa se había ido especializando en la venta de productos de vacaciones entre los que destaca el alquiler de alojamientos en casas rurales.
Los usuarios de la línea Santander-Plymouth son en un 90% ingleses y abarcan un espectro que va desde la familia que viaja con su propio vehículo y un programa de vacaciones contratado con la propia Brittany Ferries, hasta el jubilado residente en el mediterráneo español o en el Algarve portugués, que viaja dos o tres veces al año a su país de origen. Un componente cada vez mayor del pasaje lo forman los grupos de motoristas, que han encontrado en la carretera que une a Santander con Burgos el trazado ideal para disfrutar de su afición sin las limitaciones que les impone la severidad de las leyes de tráfico inglesas.
Aunque la línea se interrumpe desde noviembre a marzo, la afluencia de viajeros en temporada alta haría viable la fijación de una tercera escala en el puerto santanderino, pero para ello sería preciso una nueva generación de barcos aún más veloces –el ‘Val de Loire” desarrolla 20 nudos– para cuya construcción se busca apoyo financiero de las instituciones locales: “Si en el futuro se considera la posibilidad de hacer una tercera escala y para ello hay que hacer un barco nuevo” –explica el director general de Brittany Ferries España, Manuel Pascual–. “En ese caso habría que hablar de cómo financiar los 20.000 millones que cuestan estos barcos”.
La competencia de otros puertos
Sobre un planteamiento similar han girado las conversaciones mantenidas tiempo atrás por la compañía marítima con el Ayuntamiento de Gijón y representantes de la comunidad autónoma asturiana, interesadas en establecer una línea de ferry en el puerto de El Musel. Aunque no se llegó a ningún acuerdo, los responsables de Brittany Ferries llegaron a estudiar la posibilidad de trasladar al puerto gijonés una de las dos escalas que realizan en Santander.
El que sí ha logrado su objetivo de establecer una línea marítima regular es el puerto de Bilbao que cuenta, desde hace nueve años, con un ferry de la compañía británica P&O –el ‘Pride of Bilbao’, un buque gemelo del ‘Val de Loire’– que enlaza el puerto bilbaíno con la localidad inglesa de Portsmouth. La competencia que esta nueva línea planteó a Brittany Ferries se vio agravada por las ayudas encubiertas del Gobierno vasco –subvenciones a jubilados para la compra de billetes que misteriosamente acaban en el circuito de venta de los touroperadores británicos–. Aunque la Comisión Europea ha declarado ilegales esas ayudas, la política de bajos precios impuesta por la compañía P&O ha derivado parte de la clientela tradicional de Brittany Ferries hacia el puerto vasco, sobre todo las mercancías, hasta el punto de que Brittany Ferries ha anulado la línea de invierno con Santander –el ferry ‘Barfleur’– dedicada específicamente al transporte de camiones.
Paquetes turísticos
La ofensiva de precios de P&O, con una estructura de costes mucho más sencilla –el ferry es alquilado y tanto la tripulación como el personal de hostelería a bordo del buque han sido contratados expresamente para esa línea–, ha sido contrarrestada por Brittany Ferries con servicios de más calidad que convierten la travesía de 24 horas que separa a Santander de Plymouth en un pequeño crucero. “El viajero inglés considera el barco como una parte muy importante de la vacación –subraya Manuel Pascual– y valora mucho el hecho de que los camarotes estén muy bien así como la calidad de los restaurantes y del servicio de hostelería que se ofrece a bordo”.
El descenso en el precio de los billetes de avión que enlazan el Reino Unido con el continente europeo, es otro de los factores que han venido a modificar el mercado del transporte marítimo de viajeros, aunque la auténtica competencia para las líneas de Brittany Ferries, proviene de la apertura del túnel que atraviesa el Canal de la Mancha.
La faceta de touroperador ha permitido a Brittany Ferries orientar su estrategia hacia aquellos viajeros que buscan algo más que un rápido traslado a su punto de destino, ayudando a atraer un turismo de calidad y con alto poder adquisitivo. Las reformas que la Autoridad Portuaria tiene previsto hacer en la Estación Marítima, corrigiendo las muchas deficiencias actuales, ayudarán también a resaltar la peculiaridad del puerto de Santander como uno de los escasos ejemplos que aún quedan de recinto portuario integrado en un entorno urbano. Una cualidad que abre un inmenso potencial en la captación de cruceros.