El punto débil de las calderas atmosféricas

Aunar el confort y la seguridad ha sido siempre el principal reto para los fabricantes de aparatos de calefacción, que deben cumplir con rigurosos requisitos de homologación para poder comercializar sus productos. Sin embargo, tan importante como los requisitos de seguridad que deben cumplir las calderas o los emisores de calor, es la correcta instalación del sistema de calefacción o evitar las manipulaciones indebidas que pueda efectuar el propio usuario.
La utilización de combustibles gaseosos (butano, propano o gas natural) ha llevado siempre aparejado un cierto riesgo como consecuencia de la necesidad de asegurar una correcta ventilación de los productos resultantes de la combustión.
La generalización del uso de calderas individuales y los costes que plantea su instalación, ha llevado a los constructores a optar en muchos casos por calderas atmosféricas –toman el aire para la combustión del lugar en que se encuentran–, más baratas que las estancas, y a canalizar la evacuación de gases a través de chimeneas colectivas tipo shunt (conductos individuales de altura equivalente a una planta, que se unen a otro conducto principal). Unos sistemas que suelen presentar numerosas deficiencias en su construcción tal y como atestiguan las frecuentes denuncias realizadas por las comunidades de vecinos.

Un sistema vulnerable
Una de las quejas más habituales de los usuarios de instalaciones de calefacción por gas, es el deficiente tiro de la chimenea colectiva debido, casi siempre, a una mala construcción. La consecuencia de esa deficiente ventilación es el corte del paso de gas a las calderas, que están provistas, desde enero de 1998, de una válvula que detecta los problemas de tiro y detiene inmediatamente su funcionamiento, con la incomodidad que esto supone para los usuarios ya que de las mismas instalaciones suele depender también la obtención de agua caliente.
Los defectos más habituales en la construcción de las chimeneas colectivas tienen que ver con la falta de verticalidad, el uso de bloques cerámicos en vez de hormigón, una sección inferior a la necesaria o remates inadecuados que obstaculizan la salida. En muchos casos la evacuación de gases está obstaculizada por la existencia en el interior de las chimeneas de materiales (yeso, escombros) procedentes de la propia construcción.
Otro de los problemas más comunes es la falta de altura de las chimeneas que deben estar situadas al menos un metro por encima de la cumbre del edificio, según establece el Reglamento de Instalaciones de Calefacción, Climatización y Agua Caliente Sanitaria. En ocasiones se ha intentado remediar el problema mediante la utilización de aeroextractores que mejoran las condiciones del tiro, pero que han demostrado no ser la solución.
La correcta construcción de las chimeneas es tanto más necesaria cuanto que el tiro que se genera en las calderas de gas domésticas es muy débil. El tiro es proporcional a la temperatura de los gases y mientras que una chimenea de gasoil funciona normalmente por encima de los doscientos grados, una chimenea o un shunt de evacuación de caldera de gas funciona por debajo o al borde de los cien grados. Una simple corriente de aire o un viento dominante, de los que con tanta frecuencia se dan en la región, pueden hacer retroceder el débil tiro generado por esta baja temperatura y saltar la válvula de seguridad que tiene la caldera para estos casos.
“En ocasiones –explica Gerardo Sarabia, director técnico de ITEC (Instituto Tecnológico de Cantabria)– la deficiencia en el tiro sólo se detecta cuando en una instalación con una caldera individual a gas que lleva años funcionando, hay que cambiar la caldera y se coloca una que lleva esa válvula. El dispositivo demuestra que no existe el tiro adecuado. Los sistemas que a veces se emplean para puentear ese dispositivo –advierte Sarabia– son de una temeridad rayana en lo delictivo, pero con cierta frecuencia esa válvula de seguridad se anula”.
La responsabilidad del usuario se hace también evidente cuando, para evitar la entrada de frío o de corrientes de aire, opta por condenar la rejilla de ventilación que obligatoriamente debe existir en el local donde se instale la caldera. “Uno de los primeros problemas que nos encontramos –continúa explicando el técnico del ITEC– es que la rejilla de ventilación es insuficiente y además se tapa porque entra frío por los pies. Si en la cocina no hay entrada de aire no puede tener buena evacuación y puede llegar a generar monóxido de carbono por mala combustión. Algunas señoras se quejan de que a veces tienen lo que llaman alergia al gas que se concreta en dolores de cabeza y pequeños mareos, pero eso no es alergia sino falta de oxígeno, intoxicación”.
La vulnerabilidad de las chimeneas tipo shunt se hace aún más evidente cuando se llevan a cabo actos tan irresponsables como situar extractores para aprovechar el hueco dejado por una caldera de gas, tal y como explica Gerardo Sarabia: “Uno de los puntos débiles de este tipo de evacuación de calderas por conductos colectivos es que son muy vulnerables; cualquiera se puede cargar el funcionamiento del shunt por ignorancia o por temeridad colocando un extractor muy potente. Con relativa frecuencia estamos detectando casos que rayan en la criminalidad porque alguien quitó la caldera de gas y en su lugar puso un extractor. En el momento que un ventilador eléctrico está presurizando ese conducto, el tiro generado por humos a baja temperatura deja de existir. A ese usuario que tiene un hueco para meter su caldera no hay forma de convencerle de que ese hueco es para una caldera atmosférica a gas, y que no se puede usar ni para otro combustible ni para un extractor, y ni siquiera para la evacuación natural de un aseo”.

Una legislación pionera
Para hacer más seguras las instalaciones de calderas interiores, evitando el uso simultáneo de una caldera de gas atmosférica y de un extractor en el mismo local (generalmente en cocinas domésticas), la Consejería de Industria dictó en 1998 una Orden, consensuada con instaladores, constructores y vendedores de energía, añadiendo nuevos requisitos para las instalaciones de gas.
Cantabria se convertía en la primera comunidad autónoma en prohibir el uso simultáneo de caldera y extractor, obligando a los usuarios a instalar un conmutador que impide utilizar la caldera cuando el extractor está funcionando. En esta misma disposición legal se aumentaba el tamaño de la rejilla hasta los 120 cm2 y se establecía para los edificios de nueva construcción la obligación de que el director de obra compruebe y certifique que las chimeneas colectivas para la evacuación de productos de la combustión de aparatos a gas, han sido construidas de acuerdo con lo especificado en el proyecto y en la normativa que lo regula.

Las ventajas de las calderas estancas
Así como la instalación de calderas atmosféricas o abiertas obligan a extremar las condiciones de seguridad, las calderas estancas –dotadas de una carcasa envolvente que las aísla del local donde se instalan– ofrecen condiciones de seguridad óptimas ya que la combustión se produce en el interior de la carcasa que se conecta con el exterior mediante dos conductos generalmente concéntricos por los que entra el aire y salen los gases resultantes de la combustión.
La instalación de calderas estancas es un proceso todavía incipiente; en Cantabria tan sólo son de este tipo el 20% de las instaladas. En opinión de expertos como Miguel Angel Escudero, presidente de la Asociación de Instaladores de Cantabria, el mayor coste de estas calderas no debería ser obstáculo para que se generalizase su implantación: “Tanto Industria, como las asociaciones y los colegios profesionales deberían mentalizar a los contratistas de la necesidad de poner una caldera estanca con salida al tejado en vez de poner una normal con la problemática del conmutador. La diferencia en cada piso puede ser de ciento veinte mil pesetas que para una vivienda que vale un promedio de 20 millones creo que no es dinero y sí un seguro de vida para el cliente”.
La diferencia de precio no radica tanto en la caldera como en la propia instalación. Las calderas estancas se acompañan con chimeneas de acero inoxidable que deben ir hasta el tejado ya que los ayuntamientos, como ocurre con el de Santander, no suelen permitir que la evacuación de humos se realice por la fachada.
Aunque en España no hay diferencias con la UE en cuanto a normativa de seguridad, sí existen en cuanto al tipo de calderas que se utilizan con más frecuencia. Mientras que la inmensa mayoría de las calderas que se instalan cuentan con evacuaciones tipo shunt, en Europa es más infrecuente. Incluso hay países como el Reino Unido que tienen normativas que dificultan la instalación de calderas atmosféricas en lugares habitados. El reciente intento de impulsar una normativa similar en Italia chocó con la oposición de los fabricantes de calderas, que echaron abajo el proyecto de reglamentación al sentirse perjudicados por esas medidas.

La revisión de las instalaciones

Las deficiencias en la evacuación de gases siguen provocando ocasionalmente víctimas mortales en nuestro país debido, en muchos casos, a la falta de un adecuado mantenimiento de las instalaciones. “Los usuarios –explica Miguel Angel Escudero– tienen que hacer cada cinco años la revisión interna de las instalaciones, pero no se preocupa nadie de hacerla. Yo creo que las revisiones que se hacen en Cantabria no llegan al dos por ciento. Quizá no sea mala idea que de vez en cuando los administradores lo adviertan, o que las propias empresas suministradoras incluyan en los recibos del gas esa información”.
Para paliar estas deficiencias, en la nueva reglamentación de instalaciones de calefacción a gas que está elaborando el Ministerio de Industria se va a crear un certificado tipo para las revisiones en el que se especifique el procedimiento que se debe seguir y las comprobaciones que deben realizarse periódicamente. Como advierte el director técnico del ITEC: “No se puede decir que una instalación para uso doméstico sea peligrosa si se hace de acuerdo con la normativa, pero puede llegar a serlo. En el caso del gas, se detecta una falta de información; nos hemos familiarizado en el uso del gas como si fuera inocuo cuando no lo es. El gas, como cualquier fuente rica en energía, es intrínsecamente peligroso porque encierra energía y, por eso, hay que manejarlo con prudencia”.

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