Llegan las máquinas expendedoras de leche fresca

Acudir con el cántaro a la vaquería para proveerse de leche es una imagen que aún perdura en los consumidores de una cierta edad. Un hábito que se perdió con la llegada de la leche envasada, gracias al desarrollo de la industria láctea y de las tiendas de alimentación.
En este camino, lo que se ha ganado en comodidad se ha perdido en cercanía del consumidor a un producto cuyo origen cada vez es más anónimo.
A partir del próximo verano la iniciativa de unos conocidos ganaderos cántabros, la familia Entrecanales, va a permitir recobrar la costumbre de la compra de leche del día a granel y a un precio más ventajoso que el de la envasada. Y no será porque vuelvan las viejas vaquerías al casco urbano, sino valiéndose de máquinas expendedoras estratégicamente situadas en la vía pública.
Los lugares elegidos para instalar las primeras máquinas –y explorar con ellas la respuesta del consumidor a esta iniciativa– serán los entornos de Santander, Torrelavega y Cabezón de la Sal. Si este imaginativo canal de comercialización consigue abrirse paso, los promotores de este proyecto confían en multiplicar el número de expendedoras automáticas hasta donde se lo permita su producción de leche.
El modelo italiano

La idea de aplicar las máquinas de vending a la venta de leche surgió durante los frecuentes viajes que realiza Ibón Entrecanales a Italia, ya que las reses de su ganadería suelen competir en la Feria Internacional de Verona. En el país transalpino se ha popularizado esta forma de vender la leche, hasta el punto de que ya son ocho las fábricas de máquinas expendedoras que allí existen.
El kiosko de venta consiste básicamente en una nevera con un depósito de unos 400 litros y un sistema informático que regula el funcionamiento de la máquina. Un expendedor de botellas de cristal vacías, de litro y medio de capacidad, permite al usuario comprar el envase que le servirá después para sucesivos usos. La leche fresca y pasteurizada tiene una caducidad de hasta siete días, pero el atractivo de esta venta callejera reside en la renovación diaria del producto que expenden estas máquinas. El consumidor puede conseguir leche recién ordeñada, cuyo origen está perfectamente identificado y sin más proceso industrial que la pasteurización.
Las tres máquinas con las que los Entrecanales van a iniciar esta innovadora fórmula, darán salida a unos mil litros diarios de leche de los 4.500 que producen sus vacas. En una explotación ganadera siempre hay terneros que alimentar, con lo que la leche que no se expenda en el día podrá destinarse a esa función. No obstante, para asegurarse de que los depósitos vuelvan vacíos a la granja, el precio será uno de los mayores atractivos de este imaginativo canal de venta. El litro y medio de leche –que llevará el nombre de la Granja Cudaña, de Valdáliga, donde se produce– se venderá en torno a un euro (unos 66 céntimos por litro). Será bastante más barata que la leche que se compra en el comercio, pero el ganadero obtendrá el doble de los 33 céntimos que le pagan firmas como Nestlé por la leche que recogen.

Ayudas a la comercialización

Iniciativas como la de la familia Entrecanales son la respuesta al modelo de venta impuesto por la industria láctea y por las grandes superficies comerciales. No solo dejan un escaso margen de beneficio al productor, sino que, para controlar los precios, no dudan en recurrir a importaciones masivas de leche, generalmente de Francia, donde los costes para producirla son mucho menores que en la Cornisa Cantábrica. Mientras que un ganadero francés tiene como media más de dos hectáreas de finca ‘mecanizable’ por vaca, en explotaciones como la Granja Cudaña, sólo la mitad de las 33 hectáreas de extensión se pueden segar con máquinas, la única forma de evitar comprar el forraje a un tercero.

Cambio de estrategia en el sector

Desventajas como éstas son las que explican la reducción que ha experimentado el número de explotaciones ganaderas en Cantabria. En la última década, nuestra región ha perdido una capacidad de producción lechera equivalente a diez o quince mil vacas, y el empleo que eso supone. “Hay que concienciar a la gente –señala Ibón Entrecanales– de que la leche tiene que estar vinculada al lugar donde se produce y la leche de la Cornisa hay que consumirla aquí, porque yo no voy a poder competir con un ganadero francés”.
Para hacer más sostenibles estas explotaciones, la Consejería de Ganadería ha reorientado la política de subvenciones desde la modernización de las propias granjas y la mejora genética del ganado hacia la comercialización de los productos o el desarrollo de pequeñas industrias agroalimentarias, en ambos casos con el fin de aumentar el valor añadido.

Autorización legal

La inversión necesaria para instalar las tres expendedoras con las que los Entrecanales van a iniciar este experimento comercial será de unos 30.000 euros por máquina. A esa cantidad hay que añadir el coste de la pequeña planta de pasteurización que construirán en la propia granja, unos 80.000 euros.
El proyecto se encuentra actualmente en fase de tramitación para conseguir el registro sanitario, aunque buena parte del camino legal para la autorización de estas máquinas ya se ha recorrido, gracias a la iniciativa de un ganadero de Pamplona que ha sido el primero en traerlas a España. Gracias a esa circunstancia, Ibón Entrecanales confía en que en dos o tres meses sus máquinas expendedoras puedan estar en funcionamiento.
Si esta fórmula de vending logra abrirse paso –algo que dependerá en buena medida del acierto al elegir los lugares en que se coloquen las máquinas–, los impulsores de este proyecto no descartan convertirlas en puntos de venta de otros productos lácteos, como yogures y mantequilla.
En Cantabria se comercializan al día unos 200.000 litros de leche, por lo que este proyecto no deja de ser una gota en el océano de bricks que salen desde las fábricas hacia los estantes de los supermercados. Pero estos ganaderos de Val de San Vicente apuestan por atraer a un consumidor que valore la calidad de la leche hasta el punto de que no le importe modificar sus hábitos de compra, de manera que adquirir la leche en una máquina expendedora se convierta en una práctica tan cotidiana como la compra del pan o del periódico. Un retorno al pasado pero con tintes muy modernos.

Jesús Polvorinos

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